La idea central del liberalismo económico consiste en que el Estado no debe intervenir en la marcha de la Economía de una nación o, lo que es lo mismo, que se debe dejar libertad al mercado para que se autorregule lo que supuestamente, y entre otras cosas, determinará el precio real de los productos. No voy a entrar en si esto es cierto o no -pienso que en parte sí y en parte no- pero voy a utilizar esta definición para realizar un comentario de algunos aspectos de la situación económica actual ateniéndome exclusivamente a ella: es decir, un análisis escrupulosamente liberal.
Según la política liberal todo sector económico debe estar libre de la intervención del Estado, incluido el sector energético que abarca tanto el campo de la electricidad como el de los combustibles. En España -y en el resto de Europa- el Estado practica una política proteccionista en estos sectores considerados estratégicos, inyectando ayudas tanto a las compañías privadas eléctricas como a las petroleras y dictando en el primer caso los precios de al energía. Lógicamente estas ayudas, que salen directamente de las arcas públicas, han de reponerse para no dejar un déficit en éstas y lo hacen vía impuestos. En suma, si nos atenemos a la definición del principio, la política económica en lo que respecta a estos sectores no es liberal aunque estén en manos privadas: ayudas económicas a las empresas, imposición de precios y carga de impuestos indirectos. Por otra parte las empresas, que reclaman más libertad de mercado en otros campos no lo reclaman en éste y los discursos políticos que son liberales a la hora de hablar de salarios o de productos de primera necesidad o de horarios comerciales no lo son cuando se refieren a estos sectores.
Bajemos ahora a los hechos concretos. El primer hecho concreto es el precio de los combustibles. El precio de gasóleo de automoción ronda ya los 1,33 euros. Es indiferente ahora si este precio se debe a la subida del petróleo, a su escasez o a las prácticas acaparadoras de los compradores en Bolsa. Lo que me interesa destacar es que de ese precio aproximadamente 85 céntimos de euro son impuestos indirectos, impuestos con los que se está gravando el producto mientras el Estado sigue dando ayudas millonarias a las petroleras e impuestos que resultan necesarios al compensar el agujero de estas ayudas. Si se eliminaran estos impuestos el precio del gasóleo sería de unos 50 céntimos de euro el litro pero a su vez eso supondría que no se podría seguir inyectando dinero público en las empresas del sector. Ahora bien, esta sería una solución estrictamente liberal, solución a la que se recurre cuando los transportistas en huelga piden una imposición de tarifas mínimas (con la que no estoy de acuerdo, lo mismo que con nada de lo referente a esta huelga patronal) y el gobierno se niega porque es incompatible con la libertad de precios y de mercado, cosa que es cierta.
El segundo hecho concreto es la subida de las tarifas eléctricas. Este caso es aún más sangrante que el anterior. La energía -como ya se ha dicho- es un sector considerado estratégico. El Estado mantiene en sus Presupuestos una partida de ayuda a las compañías eléctricas y marca los precios de consumo de la energía, precios que han aumentado porque las compañías supuestamente arrastran un déficit -que es el causante de que se repartan las ayudas- mientras están marcando beneficios récord año tras año. Según la política liberal habría que eliminar las ayudas y la imposición de precios por parte de la Administración, siendo la libre competencia entre las compañías la que determinara el valor real de la energía. ¿Cuántas eléctricas estarían dispuestas a aceptar algo así?.
Mientras tanto los que se dicen liberales están propugnando la intervención del Estado para atajar la crisis, mientras que los que se dicen socialistas son partidarios de dejar que el mercado se autorregule. Que Marx y Adam Smith me lo expliquen porque yo no entiendo nada.