jueves, 17 de septiembre de 2026

No me PISES que llevo chanclas

 Como dicen los periodistas, voy a escribir una crónica de urgencia acerca del último informe PISA de 2025, donde se constata de forma definitiva que lo alumnos españoles son los más burros del mundo civilizado, a excepción de los de Madrid, donde curiosamente los sindicatos de la enseñanza, han convocado una huelga indefinida a partir de octubre, en la que supongo que reivindicarán la igualdad con el resto del país, ya que el hecho de que los alumnos madrileños sepan leer es una prueba más de el dumping que práctica Madrid, sobre todo con relación a Cataluña. No con Castilla León, Comunidad colindante con Madrid y en la cual sus alumnos también saben leer.

Esta es una crónica de urgencia, como digo, por la novedad de la publicación -no de su contenido- del susodicho informe, de un tema que trato por extenso en un libro que estoy preparando porque considero que más de 30 años de docencia me dan derecho a ello y donde explico que, en realidad, el problema no es de la LOMLOE, sino de la LOGSE, y que el resultado actual no es más que el resultado del deterioro progresivo que ha sufrido la educación española durante más de 20 años. Esto no ha venido de un día, así que no tiene mucho sentido sorprenderse ahora o echarse las manos a la cabeza por algo que hace mucho tiempo que se veía venir, pero ahí estaban los pedagogos para negarlo y hacer que los niños y las niñas fueran felices aunque no supieran hacer la o con un canuto. De hecho, yo ya hace tiempo que escribí un texto donde desarrollaba los barros que han llevado a estos lodos.

En todo caso, en este texto quiero centrarme tan solo en un aspecto del informe PISA que me resulta especialmente preocupante, por lo que de borreguismo supone: los niveles de lectura comprensiva, que no es que hayan caído, es que están en el subsuelo. Los alumnos españoles no saben leer -ni muchos adultos tampoco, pero ahora no es el caso, o sí. Ahora bien, el saber leer siempre se ha considerado como el elemento determinante para la emancipación de los seres humanos y, por lo mismo, el poder siempre ha visto con recelo que los siervos, los súbditos o los obreros aprendieran a leer. El hecho de aprender a leer suponía que uno era capaz de interpretar la realidad por sí mismo, y no necesitaba que nadie la interpretara por él, ni los políticos ni los sacerdotes. El que sabe leer no necesita que le cuenten cuentos, ni relatos, porque los lee él solito. El que sabe leer puede acceder a una realidad objetiva, o formarse la suya propia, y no creerse que la tierra es plana o que el sol gira a su alrededor, por ejemplo, por muchas veces que se lo repitan. Una población que no sabe leer, en suma, es el caldo de cultivo perfecto para un gobierno autócrata y totalitario como el que tenemos. Así que el hecho de que los alumnos no sepan leer es algo premeditado y planeado. Son los siete millones de votos que aún mantiene un partido que ha traicionado a los obreros, a los españoles y a él mismo. No es una casualidad, que no se nos olvide.


martes, 15 de septiembre de 2026

Ceuta Harbor

 Vamos a hacer un ejercicio de imaginación y a suponer que el 7 de diciembre de 1941 el presidente de los Estados Unidos no hubiera sido el señor Franklin Delano Roosevelt, sino el señor Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

Para empezar, según nuestro imaginario presidente en cuestión -que estaba de vacaciones en las Bermudas-, el ataque japonés jamás se hubiera producido, habría sido un vuelo de recreo de algunos turistas sobre Pearl Harbor y al alguno se le habría caído la cámara mientras hacía fotos, lo que los racistas habitantes de la isla habrían confundido con una bomba. Cuando no hubiera tenido más remedio que aceptar que había habido un bombardeo con miles de muertos, habría aducido que no habían sido los japoneses, sino los rusos o los israelíes. Claro, que por aquél entonces Rusia era la URSS y era aliado de los EEUU e Israel no existía, ni Marruecos. Pero, para los efectos prácticos, hubiera dado igual. Puesto que su respuesta hubiera sido no hacer nada contra Japón, achacando el problema a los habitantes de Hawái y a la oposición política, finalmente los japoneses hubieran acabado ocupando la isla, lo que hubiera sido, por supuesto, una crisis humanitaria de migrantes que huían del fascismo nipón -los muertos de los bombardeos no, claro-. Puesto que el plan de los japoneses era ocupar toda la costa oeste de los EEUU, y posteriormente todo el país, hubieran desembarcado en breve tiempo en el continente, siendo recibidos por el presidente imaginario y su gobierno imaginario.

La vicepresidenta imaginaria del gobierno, por ejemplo, habría dicho que los japoneses no eran invasores, porque eran seres humanos y, por supuesto, los alemanes tampoco, porque también eran seres humanos, así que los únicos invasores eran los cangrejos y las medusas. El ministro del Interior imaginario hubiera retirado a la policía y a cualquiera que pudiera defender el territorio para evitar que se produjeran situaciones de tensión con los recién llegados, mientras que el ejército imaginario que existía para defender el país no tenía ni una mala escopeta para hacerlo, y además nadie les había dado la orden, y las ONG´s procedentes de la Europa ocupada -ah, no, que los alemanes no invadieron Europa porque eran seres humanos según la teoría yolandista- se dedicaban a repartir armas, municiones y pertrechos a los japoneses. Y a todo esto los paniaguados del gobierno avisaban de no tocar ni un pelo de a ropa a los nipones, bajo amenaza de ser acusados de racistas y xenófobos. Hasta que los mataran a todos.

En esta situación imaginaria el señor Sánchez Pérez-Castejón solo tendría razón en una cosa: no les habían avisado. Lástima que solo sea una situación imaginaria.


martes, 8 de septiembre de 2026

Qué nivel, Maribel

 Lo que voy a exponer a continuación es un ejemplo del nivel intelectual de la clase política española, así, de media. Estaba yo el otro día haciéndome el desayuno en la cocina cuando escuché, casi por casualidad, la intervención del señor Gabriel Rufián en el debate parlamentario sobre los sucesos recientes ocurridos en Ceuta. El señor Gabriel Rufián, para ponernos en contexto, es la Gran Esperanza Blanca de la izquierda (sic.) de este país (“Gran Esperanza Blanca” no es un término racista: es una expresión boxística -de boxeo- que proviene de la época en que los campeones de los pesos pesados eran todos negros, y todos los blancos esperaban que alguna vez ganara uno, para variar). Como digo, el señor Rufián es el Mesías de la izquierda (sic.) española. Pero a lo que iba. Las argumentaciones que dio el señor Rufián en los apenas cinco minutos que lo escuché, le hubieran valido un suspenso a cualquiera de mis alumnos de 40 de ESO que me las hubiera expuesto en clase. Por fallos lógicos, por fallos históricos y, sobre todo, por no atender a la experiencia sensible.

Entre otras cosas, le oí decir al señor Rufián que a la invasión de Ceuta no se le puede llamar “invasión”, puesto que para que haya una invasión tiene que haber una guerra y, en el caso de que hubiera una guerra, preguntaba, quién iba a ir, refiriéndose a la bancada de la derecha supongo, mezclando en el mismo argumento dos cosas que, en principio, no tienen nada que ver.

Veamos, primera falacia. Falacia lógica. No se trata de que si no hay guerra no puede haber invasión, sino que precisamente porque ha habido una invasión, hay una guerra, con lo cual el señor Rufián niega la experiencia sensible -lo que en lógica se llama “la mayor”. Hay una guerra, y si el señor Rufián no lo sabe a estas alturas es que no se ha enterado de nada, una guerra a la que los primeros que han ido sin comerlo ni beberlo han sido los ciudadanos ceutíes ¿Qué quién va a ir a la guerra? Pues el ejército, que para eso está. Claro que para ello al deberían de darles a sus miembros al menos una pistolita o algo.

Segunda falacia. Falacia histórica. Según el señor Rufián la auténtica invasión marroquí se produjo en el año 36, cuando Franco invadió la península con tropas moras. Y aprovechó para volver a espetar a la derecha que en aquel entonces estaban del bando de los moros.

Para empezar, no se ve qué relación tiene la guerra civil con la invasión de Ceuta, con lo cual el argumentillo se cae por sí mismo. Para seguir, las tropas africanas de Franco no eran marroquíes, sino rifeñas (del Rif), que no es lo mismo, porque Marruecos no existió como país hasta después de la II Guerra Mundial, y lo que hizo cuando fue un país fue, entre otras cosas, reprimir a las tribus rifeñas. Y para terminar, puestos a echar para atrás, también podríamos decir que la primera invasión marroquí se produjo en la batalla de Guadalete en el 711. En cuanto a lo de elegir bando, no merece la pena ni detenerse en ello. Está claro que ningún diputado, ni de derechas no de izquierdas, eligió bando en el 36, por la contundente razón de que no habían nacido.

En fin, que el señor Rufián está suspendido. Pero que no se preocupe. Toda la izquierda (sic.) le acompañará en la próxima convocatoria. Madre mía, qué pena,


viernes, 4 de abril de 2025

Tramp y su rotulador

 Dicen que no hay nada más peligroso que un mono con un pistola. Yo creo que es mucho más peligroso Trump (Tramp) con un rotulador. Llama la atención ver como los analistas políticos de toda laya se rompen los sesos intentando profetizar que es lo que hay detrás cada vez que Trump utiliza su rotulador. Lo que nadie parece que se plantee es que no haya nada, que Trump sea simplemente un payaso y lo que hace sean nada más que payasadas. 

Cuando yo era pequeño en la tele echaban un programa que se llamaba precisamente, “Los Payasos de la Tele”, con una figuras míticas para cualquier persona de mi edad como eran Gaby, Fofó y Miliki. La gracia -tronchante por otra parte- de los payasos de la tele es que siempre la liaban. Y eso es lo que hace Trump, aunque dé mucha menos risa: liarla cada vez que destapa el rotulador.

Para empezar la lio con la guerra de Ucrania, apoyando a Putin cuando todos los enemigos de Putin le apoyaban a él, mientras que los amigos de Putin estaban en contra suya. De esta manera, ahora resulta que la derecha populista, que son sus amigos y que no eran amigos de Putin, son también amigos de Putin y la izquierda populista que eran amigos de Putin pero enemigos suyos también son amigos suyos -esto en España, en Hungría, por ejemplo, era al revés, así que los húngaros están menos liados-. En conclusión, y puesto que los amigos de mis amigos son mis amigos, resulta que la izquierda y la derecha populistas están ahora en el mismo bando, que es el bando de Trump-Putin, de tal manera que los enemigos de Putin que fueron a luchar a Ucrania porque eran enemigos de Putin y pertenecían a la derecha nacionalista, ahora se encuentran en el bando equivocado porque son amigos de Putin. De hecho, al menos en España, el lío es tal, que ni la derecha ni la izquierda populistas saben ahora mismo a quien apoyan, y es por ello por lo que están tan callados: no solo porque les han cambiado todas sus estructuras de pensamiento -lo que se suele llamar disonancia cognitiva- sino porque no vaya a ser que abran la boca y le den la razón al que hasta ahora había sido su enemigo político pero ahora ya no lo es. 

Y para terminar, hay que hacer referencia a lo que desde ahora voy a llamar la “paradoja de Trump” y voy a registrar la marca para que nadie se la apropie, que consiste en que quien va a acabar con el sistema capitalista no son ni los comunistas, sin los socialistas, ni los anarquistas, sino el presidente del país que representa al capitalismo por excelencia. Porque si la política de aranceles que han implementado Trump y su rotulador perjudica a alguien, es al capitalismo global en su conjunto, que es el único capitalismo que tiene sentido en el siglo XXI. El rotulador de Trump ha firmado la sentencia de muerte del mercado, y por lo tanto, la sentencia de muerte del capitalismo, con lo cual, y volviendo a lo que se decía más arriba, los socialistas, comunistas y marxistas en general deberían de estar más contentos que unas pascuas, no solo porque los únicos países que quedan libres de aranceles sean Cuba, Rusia y Corea del Norte, es decir, sus paraísos soñados, sino porque al fin van a ver cumplidas las profecías de destrucción del sistema y de aparición del hombre nuevo. Que el hombre nuevo sea más bien el hombre del siglo XIX, pues tampoco importa mucho.


jueves, 30 de enero de 2025

El Guindo

 Dicen que hace mucho tiempo, allá por la época prerromana, una ardilla podía cruzar la península ibérica de norte a sur saltando de árbol en árbol, de espesos que eran los bosques que cubrían el territorio. Lo que no nos cuenta la historia es qué tipo de árboles utilizaba la atlética ardilla para lograr su hazaña. Viendo lo que estoy viendo estos días yo apostaría a que dichos árboles no podían ser otra cosa que guindos. Y lo digo con conocimiento de causa, en vista de la cantidad de ciudadanos y ciudadanas que estos días se han caído del guindo acerca de la negativa de los independentistas catalanes de Junts a votar el decreto en el que, entre otras cosas, se incluía la revalorización de las pensiones (hablo en pasado porque éste, como muchas de las iniciativas del gobierno, ha acabado también en la papelera-. Se han caído, digo, del guindo y se han dado cuenta de que el bloque progresista que permitió formar gobierno hará un año y medio, en realidad de progresista tenía bastante poco. Y por eso ahora los compañeros catalanes que merecían todo el respeto y todas las amnistías  se han convertido en la derecha y la ultraderecha catalanas que han echado por los suelos, fíjate tú, el escudo social del gobierno. Y lo han hecho, cosa que nunca nadie se hubiera imaginado, porque el estado español y sus ciudadanos se los pasan por el arco del triunfo y lo único que les mueve son sus propios intereses. El guindo en el que estaban subidos los que ahora se han caído de él debía ser, visto lo visto, muy alto.

Uno hubiera deseado que los que se han caído del guindo se hubieran quedado tranquilitos en el suelo, viendo y entendiendo cómo un gobierno en minoría, liderado por un señor que ha perdido unas elecciones y que ha juntado en torno a sí a todas las churras y las merinas del Congreso, sencillamente es una pantomima que no puede gobernar. Pero en vez de ello, ahora se han subido a otro árbol, digamos que a un ciruelo, y andan por ahí diciendo que ha sido la derecha-y-la-ultraderecha las que han impedido que los pensionistas vean subida su pensión, que los transportes públicos sean gratis o que los afectados por el volcán de la Palma, cobren, tres años después, las ayudas prometidas.

Lo del ciruelo viene al caso de que, si el Gobierno hubiera sido capaz de aprobar unos presupuestos, la derecha-y-la-ultraderecha no hubieran podido evitar nada de lo antedicho, porque son todas medidas que deberían de incluirse en dichos presupuestos. Y si no hay presupuestos no es por la-derecha-y-la-ultraderecha, sino por el bloque progresista de investidura. Bueno, ahora que se han caído del guindo si es por la ultraderecha, pero por la catalana. Y me imagino que desde lo alto del ciruelo tampoco se puede ver que el decreto que se ha rechazado, no incluía solo la subida de las pensiones y la gratuidad del transporte público, sino 78 medidas más, incluidas unas cuantas subidas de impuestos que íbamos a pagar todos, incluidos los del guindo y los del ciruelo. Porque claro, sin presupuestos de algún sitio tiene que salir el parné para pagar todas esas medidas. 

En el momento de escribir esto escucho que el Consejo de ministros ha tardado menos de 24 horas en trocear el decreto que de ninguna manera iba a trocear. Así que les recomiendo que salgan a la calle con paraguas reforzados y extremen las precauciones, no por las borrascas, sino por los señores y señoras que van a empezar a caerse del ciruelo.


jueves, 23 de enero de 2025

Sentimientos religiosos

 Quiero empezar hoy aclarando por qué, una vez más, voy a escribir sobre los sentimientos religiosos, y, más concretamente, sobre su respeto, y la regulación de ese respeto, en la sociedad esta que nos ha tocado vivir y que, al fin y al cabo, hemos construido entre todos. En primer lugar, el responsable de que escriba esto que estoy escribiendo es el gobierno, que lo ha vuelto a hacer y ha colocado en una reforma legal que tiene como objetivo fundamental inmunizar contra cualquier acción legal la esposa y al hermano de su presidente, de ahí el acertado nombre de “ley Begoña”, lo cual está, obviamente mal, con la eliminación del delito de ofensa a los sentimientos religiosos, lo cual está, creo yo, obviamente bien. La otra razón tiene que ver con el show televisivo de las campanadas de fin de año en la televisión pública estatal, espectáculo que yo no vi, pero en el cual parece que una cómica cuyo único mérito para salir en susodicho espectáculo es estar un poquito pasada de peso, mostró una estampita en la cual aparecía la imagen del sagrado corazón de Jesús con la cabeza de la vaquilla del “Grand Prix” (¿?), algo que tampoco sé lo que es. El caso es que todos los medios de la derecha, desde la moderada a la radical, montaron en cólera, lo sacaron en la primera página de sus ediciones  y hasta yo, que repito que no vi el show ni se lo qué es el “Grand Prix” y mucho menos su vaquilla, me enteré de que se habían ofendido los sentimientos religiosos de no se cuánta gente, a esa alturas ya de los que vieron el programa navideño y de los que no lo vieron.

Lo que más curioso me resultó, y entro ya en materia, es que los mismos medios de la derecha acusaban a la susodicha de la vaquilla de no atreverse a hacer lo mismo con el Islam, como si los musulmanes no tuvieran sentimientos religiosos que pudieran ser ofendidos. Quizás por eso miraron al tendido cuando varios medios europeos publicaron caricaturas de Mahoma pero se rasgan las vestiduras cuando la caricatura es del sagrado corazón. De la misma manera que los imanes que amenazan de muerte a los que se burlan de Mahoma no amenazan de muerte a los que se burlan de la virgen María. Con lo cual la conclusión a la que necesariamente llego es que en este asunto de los sentimientos religiosos cada cual arrima el ascua a su sardina y los únicos sentimientos religiosos que son susceptibles de ser ofendidos son los de cada uno. Con lo cual volvemos a lo de siempre y con lo de siempre me refiero a la época de la primera cruzada más o menos. Hay una religión que es verdadera, que es la que cada cual considera verdadera  porque es la suya y las demás son falsas. Así que nos podemos reír de las religiones de otros porque son falsas pero nadie se puede reír de la nuestra porque es verdadera. Los que no creen en ninguna religión podrían ofender a todas se supone, pero no, más bien lo contrario: tienen que respetarlas a todas, lo cual les supone un plus de respeto que se ahorrarían si profesasen alguna. 

Y es que cada uno puede creer en lo que le dé la gana, en la virginidad de la Virgen, en las revelaciones místicas de un pastor analfabeto del desierto, o, como Russell, en una tetera gigante orbitando la tierra. Pero de ahí a pretender que se puedan ofender los sentimientos religiosos de nadie hay un trecho lógico y dialéctico importante. De hecho, cualquier sentimiento es algo tan tremendamente subjetivo que, en puridad, estaríamos constantemente ofendiendo los sentimientos de los otros porque son cristianos, del Atleti o de Cuenca. O simplemente porque cada uno es de su padre y de su madre y tiene derecho a sentirse ofendido cuando le dé la gana, lo cual no significa que nadie le haya ofendido. Y si un sentimiento es subjetivo no digamos nada un sentimiento religioso, que es algo privado y particular de cada uno. En todo caso, siempre he pensado que si alguien se siente ofendido en sus sentimientos religiosos por lo que otro pueda decir o hacer, es que esos sentimientos no son muy firmes. Si uno de verdad tiene fe en algo, nada puede ofenderle.


jueves, 2 de enero de 2025

Franco tiene el culo rosa

 Cuando yo era pequeño cantábamos, con la melodía del himno nacional, una letrilla que decía “Franco, Franco tiene el culo blanco, porque su mujer se lo lava con Ariel”. En vista de las últimas actuaciones de nuestro ínclito -pues ya se ha convertido en ínclito- presidente del Gobierno habría que pensar que el culo de Franco era más bien rosa -seamos serios, el PSOE rojo, rojo, nunca ha sido, más bien rosadillo, ahora rosa trincón- o, a lo mejor, es el culo de señor presidente el que se ha vuelto blanco, para ser como Franco. Solo así se puede entender el afán que tiene el ínclito anteriormente citado por resucitar por todos los medios al dictador del blanco trasero. Los que hemos tenido una educación un poco normal, y no pertenecemos a esas nuevas generaciones tan bien preparadas que apenas saben leer, sabemos que Franco está muerto, enterrado y vuelto a enterrar, y que andar sacándolo en procesión, literalmente la primera vez, figuradamente esta segunda, debe tener detrás algún tipo de interés, que no sea el de hacer llover, no vaya a ser que el señor presidente se manche los zapatos de barro.

Ni siquiera a la señora Meloni, esa ultrafascista que ha ganado una elecciones en Italia, ese país que no es ni por asomo una democracia liberal, se le ha pasado por la cabeza dedicar un año entero, ni siquiera cinco minutos a celebrar la muerte de Mussolini. Es más, ni siquiera a los millones de fascistas de camisa azul y boina roja que según el del culo rosicler pueblan el suelo patrio se les había ocurrido hasta ahora dedicar un año entero a la muerte de Franco. En todo caso el 20N a unos pocos abuelos, que, como se encarga de recordarnos el gobierno en pleno cada vez que tiene ocasión, son tan solo la punta de lanza, la vanguardia de los ejércitos franquistas ocultos entre las sombras.

En fin, que aquí está el señor Presidente del Gobierno que quiere ser Jefe de Estado, dedicando todo un año a celebrar la muerte de Franco, por no sé que asunto de memoria histórica, o democrática, o algo así -la memoria siempre es histórica, aunque más que democrática tiende a ser selectica. No es de extrañar que en Vox estén tan contentos con el presidente del Gobierno que le echen siempre un cable en las situaciones más difíciles, que habría que pensar que les debe más a ellos el gobierno que a sus socios. Visto lo visto, no resulta raro que aquellos que le quieren mal acusen al señor presidente de sacar a pasear el espantajo de Franco cada vez que las cosas le vienen mal dadas, a él o a alguien de su familia o de sus amigos o de su entorno más cercano. Yo creo que no hay que ser tan mal pensado, ni creer que nuestro presidente acude a Franco para seguir manteniendo el crédito electoral entre una población de lumbreras que piensan que ETA ha desaparecido pero que Franco aun continúa vivo y coleando -o culeando-. En realidad, la fijación del señor Sánchez Pérez-Castejón por Franco yo creo que va más allá. Tiene una profundo sesgo freudiano y tiene que ver con la admiración oculta hacia el padre, en este caso padre putativo e intelectual. En realidad, el gran afán del Presidente es ser, como ya hemos dicho y como demuestra día a día, Rey. De ahí que el actual rey le estorbe un poquito. Y como admirador secreto de Franco el señor presidente del gobierno nos es franco, y, como dicen que dijo en una ocasión Gila, no se va.