Como era de esperar, lo que comenzó siendo un desahucio más de los 90 diarios que se llevan a cabo en España, ha terminado en una acampada en la puerta del Sol. El 15-M, habrá pensado alguno: qué tiempos de gloria aquellos cuando asaltamos los cielos para terminar en una mansión en Galapagar. Digo que era de esperar porque desde el primer momento fue evidente, o al menos fue evidente para quien tuviera la cabeza mínimamente despejada de ideología -lo cual reconozco que es difícil, ciertamente- que todo aquello no era más que un montaje chapucero que buscaba terminar en ese remedo del 15-M que encontramos hoy, apenas tres días después del acontecimiento y que desde el primer momento reunió a miles de personas, con Irene Montero -la de la mansión de antes- llamando a las barricadas a las masas, incluidos los cómicos de costumbre que tuvieron hasta tiempo de montar un tabladillo para subirse a soltar sus soflamas ante la muchedumbre enfervorecida -que valen lo mismo que las mías, en realidad-, e incluso para que una actriz y cantante, que curiosamente ganó fama y fortuna en la época de Franco, se arrancara por Alberti ante el entusiasmo general.
Marx decía que la historia se repite dos veces, una tragedia y otra como farsa. En concreto lo dice en su obra El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, que no es que estuviera escrita por Luis Bonaparte, sino que se centra en su figura histórica. Esto es algo que los neoacampados deberían saber de sobra, puesto que marxistas se dice, o al menos el marxismo se les supone, aunque lo normal es que para ser marxista -lo mismo que para ser antimarxista, todo sea dicho- haya que haber leído a Marx, ya no entro en si hay que haberlo entendido. Y para leer a Marx -y no digamos para entenderlo- la condición necesaria es saber leer cosa que, teniendo a la vista el último informe PISA, mucho me temo que la gran mayoría de los que estos días dormirán en la Puerta del Sol -por gusto, no por necesidad- no saben.
Porque si el 15-M fue una tragedia, como ha acabado demostrando el tiempo; tragedia para la nación, pero también tragedia para la izquierda, que no es que no haya levantado cabeza desde entonces, es que ha desaparecido literalmente, sustituida por un montón de cabezas huecas que obedecen ciegamente las consignas de sus programadores, que ya han encontrado su lugar en la casta, esta nueva acampada solo puede ser una farsa. Una farsa porque se les ha notado demasiado la impostura, el hecho de que llevaba preparada desde hace tiempo -insisto, con tablado y todo-, porque ha venido a coincidir con el cambio de imagen de esa izquierda que ya no existe -una izquierda zombi- que ahora se llama Frente Amplio -fíjate, como en Latinoamérica, qué originales- como si el cambio de nombre fuera a cambiar la incompetencia de sus dirigentes. Frente Amplio, digo, que tiene que buscarse su hueco aprovechando que el presidente del Gobierno está de capa caída. Pero, sobre todo, farsa porque están protestando contra un gobierno –“donde está el gobierno progresista” parece ser que se coreaba en la manifestación preacampada- ¡del que ellos mismos forman parte! Porque la ínclita vicepresidenta primera del Gobierno pertenece a ese recién nombrado Frente Amplio. La vicepresidenta primera del gobierno progresista al que sus seguidores buscan y no encuentran, quizás porque nunca estuvo. Es decir, que los acampaditos de hoy están realmente protestando contra ellos mismos. Pero es que hay más. Es que al gobierno contra el que protestan encima le interesa que protesten, porque así tapan lo que pasa en Ceuta o los juicios por corrupción que hay y los que se esperan. Así que están protestando contra un gobierno que son ellos mismos y al que encima le viene bien que protesten. No sé si se ve la farsa.
Nota para listillos. El Sindicato de Inquilinas no existe. Es una farsa más