Como todo el mundo habla últimamente de evidencias y de hechos evidentes -sin saber muy bien lo que dicen, todo hay que decirlo- quisiera yo hoy hacer siquiera un breve comentario acerca de lo evidente.
Evidente, según la definición tradicional, es aquello de lo que no se puede tener duda -no que no se tenga duda, sino que no se puede tener duda, quede esto sentado para lo que sigue-. En la historia del pensamiento se han considerado normalmente dos tipos de evidencias: evidencias sensibles y evidencias intelectuales.
Evidencia sensible es aquella que se aprehende por medio de los sentidos. Uno no puede tener duda acerca de lo que ve, oye o toca. Este tipo de evidencias, aunque parezca mentira, pueden ser las más débiles. Así, podemos considerar como evidencia sensible que el cielo es azul, que el agua moja, que una cantidad indeterminada, pero en todo caso grande, de individuos invadieron Ceuta el día 30 de julio (el término invasión hace referencia a un gran número de individuos que irrumpe bruscamente en un determinado territorio o área: así hay invasiones de medusas en las playas de Levante, de rusos en Ucrania y de marroquíes en Ceuta), que se sabía que iban a entrar porque se les veía a todos apiñados al otro lado de la frontera (puede ser que hubieran quedado para hacer una rave o jugar un partidito de fútbol, claro) y que los guardias marroquíes les guiaron y les abrieron la puerta de la frontera (hay fotos). De la misma manera que es una evidencia sensible que muchos de ellos (otra cantidad indeterminada) siguen en Ceuta. Hasta aquí las evidencias sensibles.
Pero además de las evidencias sensibles existen las evidencias intelectuales, aquellas que, dijo Descartes, se aparecen “de forma evidente a la luz natural de la razón”, que son más fuertes de las sensibles y de las que no se puede dudar porque, curiosamente, no son subjetivas.
Así, es una evidencia intelectual la propia existencia (pienso, luego existo), que el gobierno sabía que Marruecos iba a invadir Ceuta -y por tanto el territorio español-, porque lo sabía todo el mundo y el Gobierno forma parte de todo el mundo, que la invasión, como digo estuvo dirigida y controlada por Marruecos, porque 80.000 personas o las que fueran no se ponen de acuerdo por teléfono, de hecho, intente usted ponerse de acuerdo con diez amigos para ir a cenar una noche. Y aquí entra en juego otro principio fundamental del pensamiento, el Principio de Razón Suficiente, según el cual “nada es sin razón”, según el cual el Gobierno español debe tener alguna razón para mantener la situación extendida en el tiempo y no dar algún tipo de solución. Esa razón puede ser que Marruecos le esté chantajeando con el contenido de su móvil, puede ser que le interese por cálculo electoral o político perpetuar la invasión, puede ser que los ceutíes le caigan mal o que sea un psicópata. Eso nos lo dice la evidencia intelectual. Pero yo animo a todo el mundo a que sea filósofo por un día y se hagan la pregunta fundamental: ¿Por qué?