viernes, 30 de enero de 2009

Objeción y absurdo

Que los mismos jueces que tardaron apenas una mañana en decidir que los ciudadanos no tenían derecho a solicitar su exclusión del Libro de Bautismo, hayan estado tres días deliberando sobre una materia educativa recogida en una ley elaborada por un gobierno democráticamente elegido y aprobada por el Parlamento y cuya oposición viene desde la derecha casposa y reaccionaria y la jerarquía católica -más casposa y más reaccionaria- indica que algo huele a podrido, no ya en algún lejano reino del norte, sino en el patio de nuestra propia casa. Y todo para que al final la solución sea la lógica: que las leyes están para cumplirlas, aunque, visto lo visto y teniendo en cuenta los antecedentes, no hubiera sido de extrañar que la decisión hubiera sido la contraria.
El problema parece ser que surge cuando estos funcionarios públicos no se limitan a unificar jurisprudencia sobre las sentencias contradictorias acerca del supuesto derecho a la objeción que tienen los padres (no los alumnos, que no lo tienen por ser menores de edad, aunque son los sujetos activos de dicha objeción) a que sus hijos cursen la materia de Educación para la Ciudadanía, sino que entran directamente a discutir si los contenidos de ésta pueden atentar contra las convicciones de esos padres. Aquí nos las vemos con dos cuestiones a cual más absurda. La primera es que los jueces puedan decidir sobre los contenidos de una materia del currículo educativo. En primer lugar ni es su competencia ni son las personas indicadas para hacerlo. En segundo lugar, a partir de ahora ya no son sólo los psicólogos, los pedagogos, los políticos y los sacerdotes los que elaboran los contenidos de una asignatura, sino que los jueces también reclaman su parte del pastel. Todos, menos los que realmente deberían hacerlo, los profesores, que son los únicos capacitados y preparados para ello. De seguir así llegará un momento en que un profesor tendrá que enseñar aquello que un juez o un cura consideran que debe enseñar y no lo que realmente él, como especialista en la materia, sabe que debe enseñar. Así que para ser profesor, por ejemplo, de Matemáticas, lo indicado será estudiar Derecho o Teología, una situación bastante irracional que, de hecho, ya se produce cuando se afirma sin ningún rubor que para enseñar Matemáticas hay que saber Pedagogía y no Matemáticas. También es posible que esté equivocado por pensar que el profesor de Matemáticas debe enseñar Matemáticas y no cuidar a los niños, hacer de psicólogo, de padre, de madre, de terapeuta, de confesor y limpiarles la caquita si es necesario.
Por otro lado está la cuestión referente a las convicciones de los padres. Teniendo en cuenta que en última instancia cada uno tiene sus propias convicciones –por eso son convicciones y no saberes o conocimientos- de seguir esta línea habría que enseñar a cada alumno una cosa distinta; o mejor dos cosas distintas, dependiendo de las convicciones de su padre y de su madre que, lógicamente, serán diferentes: así, un padre marxista podrá exigir que a su hijo no se le hable de Tomás de Aquino y una madre nietzscheana que no se le enseñe a Platón, por poner un ejemplo. Pero de donde parte el problema es de considerar como probado e inalienable algo al menos tan dudoso como el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos (véase en este blog La educación de los hijos y el derecho de los padres, de 21 de marzo de 2008).
Y toda esta cadena de absurdos nos conduce al absurdo último del que parten todos los demás: el hecho de gobernar, legislar o juzgar tomando como base un cúmulo de historias irracionales y de leyendas asiáticas de hace cinco mil años. Cada uno en su ámbito personal puede profesar la religión que le de la gana y creer lo que le parezca oportuno, pero eso no debe influir en la gobernabilidad de un Estado ni en el desarrollo de la vida pública de un país. Esto ya lo dejó dicho Spinoza en el siglo XVII, pero supongo que para ser político o juez no es necesario leer a Spinoza y sí la Biblia. Dicho sea de paso para ser ateo también hay que leer la Biblia y aquél que haya leído la Biblia y sea, eso si, mínimamente racional e inteligente, no tiene más remedio que ser ateo. En todo caso, el que no es capaz de separar sus creencias privadas de su deber público y permite que aquéllas determinen éste sencillamente no está capacitado para ocupar el puesto (público) que quiera que ocupe. Así de simple.

viernes, 23 de enero de 2009

Ya es Presidente

Barack Obama ya es Presidente de los Estados Unidos. Ya se puede, entonces, analizar su futura actuación como tal y, si bien es cierto que es demasiado pronto para llegar a ninguna conclusión definitiva, también lo es que sus acciones en estos días de interregno, de virtualidad presidencial, nos han dado algunas pistas sobre su comportamiento. Como ya es oficialmente el Hombre Más Poderoso De La Tierra supongo que el reproche fácil del "todavía no es Presidente” habrá perdido su sentido y podemos empezar a exigirle algo más que bonitas palabras.
Hay tres o cuatro asuntos sobre los que se puede empezar a intuir la actitud del nuevo Presidente. En cuanto a la matanza israelí en Gaza –sobre la que no se pronunció cuando aún no había asumido el mandato- ahora, que ya está en el poder, sigue sin decir una palabra. Ha mantenido conversaciones telefónicas, eso sí, -o al menos eso nos cuentan- con los dirigentes palestino, israelí, egipcio y jordano, con vistas a alcanzar –también eso nos cuentan- un acuerdo de paz duradero y una solución definitiva al conflicto. A mi esto me indica dos cosas: la primera es que la esperada condena de la masacre de Gaza –que no podía exigírsele cuando aún no era presidente- nunca llegará, esfumándose la primera esperanza de cambio. Como ya he dicho en otra ocasión todo señala a que mantendrá con respecto a Israel la misma política de apoyo total que sus antecesores. La segunda conclusión que se puede extraer es que sitúa en el mismo saco –como todos, por otra parte: no tendría por qué ser distinto en este sentido- a los agresores y a los agredidos. Pretende empezar un diálogo sin condiciones igualando a aquellos que han asesinado a mil trescientas personas, que han bombardeado escuelas, que se han reído de la ONU y del mundo entero y que, según las últimas noticias, han roto el alto el fuego, con aquellos que han visto como sus casas desaparecían bajo las bombas de fósforo, que han recogido los cadáveres de sus hijos de entre los escombros y que han perdido lo poco que tenían. No es buen comienzo.
El cierre de Guantánamo –que es una cuestión más moral que política y sobre la que no debería caber ningún tipo de duda o excusa- ya no es tan inmediato como se aseguró. Antes de las elecciones prometió un cierre inminente, más tarde se filtró por algunas fuentes que éste no se iba a producir y ahora resulta que sí, que se cerrará, pero que el proceso será largo, no será tan inmediato como se dijo en un principio. Parece ser que el gran problema es que esta clausura tiene que ser aprobada por el Congreso. Ignoro los recovecos del sistema político estadounidense que hacen que una decisión de este tipo tarde más de un año en producirse –como se anuncia- pero imagino que el Presidente de los Estados Unidos los conoce a la perfección y por lo tanto debía saber antes de comprometerse a cerrar el campo que este proceso sería largo y complicado. ¿Por qué entonces insistió en la inmediatez de este cierre?. Por el momento lo único que ha hecho ha sido suspender por ciento veinte días los tribunales que estaban juzgando a los prisioneros, pero no ha liberado a éstos –con lo que sigue violando el Derecho Internacional al no admitir su estatus de prisioneros de guerra- lo que significa que tendrán que permanecer cuatro meses más, al menos, encerrados sin juicio, sin que se levanten cargos contra ellos, sin asistencia legal y sin derechos de ningún tipo. Como dice mi madre, un pan como unas tortas.
En cuanto al asunto de Irak parece ser que va a retirar las tropas en un plazo de seis meses. No entro aquí a valorar la premura o no de esta retirada porque movilizar a un ejército es un proceso que lleva su tiempo. Si valoro, en cambio, el hecho de que esta retirada tenga como objeto disponer de efectivos para enviarlos a Afganistán –una guerra tan injusta y tan ilegal como la de Irak-, lo cual me da pie para una consideración: si en Afganistán no hubiera guerra las tropas estadounidenses no abandonarían Irak. El motivo último del repliegue no es la injusticia de la ocupación, sino un interés logístico. Es más una decisión estratégico-militar que moral o política.
En todo caso algo está claro: toda la actuación del Presidente Obama va a tener como meta sacar a su país de la crisis económica. Eso y mantener contentos a sus votantes para que le vuelvan a votar dentro de cuatro años. Y para mantenerlos contentos, en la actual situación, debe ofrecerles trabajo y bienestar económico. Eso es lógico y no se le puede reprochar; de hecho es lo que debe hacer como Presidente de su país. Ahora bien, para cumplir ese objetivo que no le quepa duda a nadie que se llevará por delante a medio mundo si es preciso. Proteccionismo salvaje, cierre comercial de fronteras, aranceles desorbitados, penalización de los productos no nacionales, etc. Y como hablamos de Estados Unidos y no de Tayikistán o de España las consecuencias para el resto de las naciones no serán demasiado amables. Pero bueno, seguiremos esperando.

viernes, 16 de enero de 2009

Doble moral

Acusa el embajador de Israel en España a todos los que se manifestaron en Madrid contra la barbarie israelí en Gaza de tener una doble moral y de no protestar también por las agresiones de Hamás contra el territorio de su país. Debe saber mucho el señor Schutz de doble moral y tener muy claro lo que dice, porque si existe actualmente un campeón mundial de la doble moral (aparte de los EEUU) ese es Israel. Doble moral es acusar a los demás de terrorismo cuando uno mismo es un Estado terrorista (y como muestra basten los llamados “asesinatos selectivos”). Doble moral es acusar a Hamás de romper la tregua por tirar unos cohetes cuando Israel no sólo ha sometido a un bloqueo salvaje a los habitantes de la franja, matándoles de hambre y condenándoles a unas condiciones de vida propias de la Edad Media, sino que incluso ha asesinado a cinco milicianos palestinos dentro de Gaza en pleno periodo de vigencia de la tregua. Doble moral es llorar por los veinte muertos en siete años causados por los cohetes de Hamás cuando ellos han matado a mil personas en siete días. Doble moral es reclamar el derecho a la autodefensa y negar ese derecho a los demás. Doble moral es considerar como tuyo un territorio robado por la fuerza de las armas en 1967. Doble moral es alardear de democracia occidental cuando se prohíbe a los partidos árabes participar en las elecciones. Doble moral es bombardear escuelas y acusar a los milicianos palestinos de usar a los niños como escudos humanos. Doble moral es lamentarse de la incomprensión del mundo hacia Israel cuando se impide a los periodistas, no sólo informar, sino incluso entrar en Gaza. Doble moral es exigir a los demás que cumplan las resoluciones de la ONU cuando Israel no sólo las ignora de forma sistemática sino que además bombardea impunemente las instalaciones de la Organización. Doble moral es comparar el poderío militar de Hamás con el de Israel. Doble moral es acusar a los palestinos de no aceptar la existencia del estado de Israel cuando se les niega el suyo. Doble moral es pedir la paz cuando se hace la guerra y seguir haciéndola rechazando todas las propuestas de pacificación que se han hecho –propuestas que Hamás ha aceptado- hasta la liquidación total de los palestinos de Gaza.
Pero también doble moral es emprender el exterminio de un pueblo entero bajo la excusa de la autodefensa. Doble moral es mantener viva la llama del recuerdo de los campos de concentración nazis cuando un territorio entero se rodea con un muro y se construye el mayor campo de exterminio de la historia, encerrando en él a un millón y medio de personas y arrogándose el derecho a decidir sobre su vida y su muerte. Doble moral es repudiar el genocidio nazi cuando se hace lo mismo con los palestinos. Doble moral es lamentar el holocausto y crear uno nuevo.
Israel apela una y otra vez a su derecho a la legítima defensa, olvidando todo lo dicho más arriba y demostrando que aprendieron muy bien la lección de Goebbels de que una mentira repetida cien veces se convierte en verdad. La legítima defensa es un concepto jurídico que implica que para repeler una agresión se utilizan métodos iguales a los usados por el agresor, algo de lo que resulta muy difícil hablar cuando frente a cohetes caseros se despliega la más moderna maquinaria militar. Tal vez esté más cerca de la ley talmúdica del ojo por ojo, pero con el matiz de que el ojo de un israelí vale por los de cien palestinos, cincuenta de ellos niños.
Y por último está la actitud del gobierno de España ante el insulto y el menosprecio del embajador de Israel a un gran número de ciudadanos españoles que también tienen derecho a que su gobierno les defienda. Cuando lo normal hubiera sido, como mínimo, llamar a consultas al embajador español en Tel Aviv y presentar una protesta formal ante la embajada israelí –cosas que no hubieran sido necesarias, de hecho, si cuando comenzó la matanza se hubiera hecho lo correcto, que era expulsar al susodicho embajador- lo único que se le ocurre es decir que hay que intentar que el embajador de Israel no se sienta ofendido y no se enfade mucho y seguir cometiendo la inmoralidad de comparar a las víctimas con los verdugos. Supongo que esto es lo mismo que pensaron los gobiernos de Francia e Inglaterra cuando Alemania se anexionó Austria, y cuando invadió los Sudetes checos. Cuando atacó Polonia ya era demasiado tarde.
Y mientras tanto mister Obama sigue sin abrir la boca

viernes, 9 de enero de 2009

Genocidio

Genocidio. Comienzo utilizando la palabra que André Glucksmann, en un artículo publicado hace unos días en “El País” –haciendo, como nos tiene acostumbrados, una defensa de lo indefendible y situándose, como muchos otros intelectuales occidentales, en lo incorrectamente correcto, negándose a ver lo evidente, reduciendo el sufrimiento a semántica y metafísica y olvidando lo moral, que actualmente es la única filosofía posible; y es que en Gaza se está asesinando a la gente- se congratulaba de que nadie hubiera pronunciado todavía: lo que Israel está llevando a cabo con el pueblo palestino es un genocidio con todas las letras.
Con el bombardeo y la invasión de Gaza (una minúscula franja de terreno habitada por más de un millón y medio de personas sumidas en la pobreza, no lo olvidemos), Israel no está haciendo más que continuar el trabajo que comenzó con el ataque al sur del Líbano: una guerra de exterminio total de los palestinos. No se trata ya de cuestiones políticas, económicas o geoestratégicas. Se trata simplemente de la eliminación física de la nación palestina: hombres, mujeres y niños. Y no sirven las excusas acerca de las provocaciones de Hamás. Cuando Israel somete a la miseria más extrema a todo un pueblo, cuando juega a su antojo con su trabajo, su futuro y sus vidas, cuando construye un muro a su alrededor para tenerlos encerrados como animales creando el mayor campo de concentración conocido: un millón y medio de prisioneros en su propio país, es Israel quien está provocando, es Israel quien está agrediendo. ¿Y con qué responde Hamás, con que provoca, con qué agrede?. Con cohetes de fabricación casera que apenas levantan algunos adoquines y que además son lanzados contra un territorio que se les ha robado. Ante eso Israel despliega la más moderna maquinaria de guerra del mundo y aún amenaza con usar armamento nuclear.
Mientras tanto el resto del mundo mira hacia otro lado. El embajador de los EEUU ante la ONU veta una Resolución de condena del Consejo de Seguridad y el señor Obama no dice una sola palabra, esconde la cabeza debajo del ala escudándose en que aún no es El Presidente. Digo yo que la persona más poderosa del mundo, virtualmente ahora y efectivamente el 21 de enero, algo tendrá que decir sobre el tema, lo que me afianza todavía más en mis convicciones de que sus promesas de cambio son sólo humo y que, al menos en el conflicto de Oriente Medio, mantendrá la misma política que sus antecesores de apoyo sin fisuras al terrorismo de Estado de Israel. La UE realiza tímidas protestas, intenta llegar a acuerdos diplomáticos absurdos para lavar su cara y su conciencia manteniendo una equidistancia inmoral entre agresores y agredidos, entre víctimas y verdugos, y para que Israel o EEUU no se enfaden mucho recuerda que tiene a Hamás en su lista de grupos terroristas, lista que para ser creíble tendría que estar encabezada precisamente por Israel. La ONU contempla impasible como las tropas israelíes bombardean dos escuelas que están bajo su jurisdicción y asesinan a los civiles que se habían refugiado en ellas huyendo de la matanza. Esto no es un crimen de guerra, la culpa es suya por estar en el lugar equivocado. Todo el mundo sabe que las escuelas son objetivos militares en la lucha contra el terrorismo: al fin y al cabo los niños de hoy son los terroristas de mañana. El Vaticano ni se inmuta; la cosa no va con ellos porque no son de los suyos.
Pero claro, no debemos acusar a ninguno de ellos. Tan sólo están manteniendo su compromiso con la paz y la salida dialogada al conflicto. Pues si quieren les hago un croquis: Israel tiene armas de destrucción masiva (es el único país de la zona que las tiene), ha invadido una nación vecina, está cometiendo un genocidio y lleva casi sesenta años haciendo caso omiso de las resoluciones de la ONU. O se es muy hipócrita, o muy estulto o a buen entendedor pocas palabras sobran y voy a terminar porque el asco y la rabia ya sólo me dejan repetir el principio: genocidio, genocidio, genocidio.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Sin dinero no se compra

Aunque ya resulte aburrido hablar de la crisis económica y sobre todo ya se haya dicho todo lo que se tiene que decir, el caso Madoff abre nuevas e interesantes perspectivas sobre el tema. Nuevas e interesantes perspectivas sobre todo porque nos ofrece una pauta clara de cómo y por culpa de quien se ha producido este colapso financiero y porque nos permite medir cuáles son –o deberían ser-las consecuencias reales de éste más allá de lo que dicen los políticos oportunistas o los expertos interesados.
El caso de este broker neoyorkino es muy simple y es un ejemplo claro de cómo funciona el sistema capitalista y de quiénes son los verdaderos creadores de los problemas del mercado. La tesis es tan tonta que hasta un niño pequeño sería capaz de entenderla: sin dinero no se pueden comprar cosas. Pues bien, lo que ha hecho Madoff, y no sólo él sino todas las corporaciones que ahora se sienten estafadas, ha sido precisamente eso: intentar comprar sin dinero. Resumiendo mucho el asunto de lo que se trata es de que a este señor se le daba un capital para que lo invirtiera, lógicamente buscando los mayores beneficios y sin absolutamente ninguna seguridad, dinero que no era de los que se lo daban, sino de sus clientes –es decir, que aquellos que invertían no tenían dinero: intentaban comprar, en este caso beneficios, sin dinero-. Lo que Madoff hacía era pagar los beneficios con el dinero de otros clientes –es decir, con un dinero que no era suyo: el tampoco tenía dinero-, que a su vez obtenían beneficios con el dinero de otros y así sucesivamente, mientras que las cantidades originales se encontraban perdidas en el limbo del sistema de valores. Por eso cuando la Bolsa cae desaparece el dinero y Madoff no es capaz de devolverlo, simplemente porque no lo tiene ni nunca lo ha tenido.
Como es lógico este caso va a agudizar la falta de liquidez de los bancos y las grandes empresas que están metidas en el ajo, que se negarán a financiar a otras empresas y todos juntitos trasladarán el problema a los trabajadores que ni invierten en Bolsa ni saben quién es Madoff: lo único que saben es que sin dinero no se pueden comprar cosas. Esto es lo que está ocurriendo en la actualidad. La crisis, por lo tanto, es una crisis de los grandes bancos y las grandes compañías y está siendo aprovechada por éstos para quitarse de en medio a todos los trabajadores que puedan y mantener no sólo el margen de beneficios sino asegurarse uno mayor en el futuro. No es de extrañar, entonces, que a estas grandes corporaciones les interese seguir manteniendo viva esta crisis todo el tiempo posible. Sólo así se explican hechos como que a pesar de los regalos de los gobiernos la Bolsa siga cayendo en picado o que la bajada del petróleo y el retroceso espectacular de la inflación no tengan ningún impacto en la economía real –y los que dicen esto dan a entender que existe otra economía irreal: la que ellos practican- .
Pero quizás el caso más relevante sea el del Euríbor. Se acusó a los tipos de interés de ser los detonantes de la crisis porque obligaban a los bancos a subir las hipotecas, lo cual provocaba que la gente no las pidiera y por lo tanto no comprara pisos, lo que provocó la caída del mercado inmobiliario dejando las compañías constructoras de pagar los créditos a los bancos, lo que a su vez supuso la falta de liquidez de éstos, eso sumado a que la gente que había firmado hipotecas muy al filo de sus posibilidades, animada por los propios bancos, no pudo pagarlas, con lo cual los prestamistas dejaban de ingresar dinero líquido. Cuando el Banco Central Europeo ha rebajado los tipos hasta rondar el dos por ciento el Euríbor sigue estando casi un punto y medio por encima de éstos. ¿Qué es lo que están haciendo, entonces, los bancos?. Están aprovechando el margen para volver a ofrecer productos crediticios e hipotecas aparentemente muy atractivos, es decir, están repitiendo lo mismo que hicieron antes, para aumentar de forma espectacular los beneficios e ir así abonando el terreno para la próxima crisis.
Ya va siendo hora, pues, de empezar a buscar a los responsables de los tres millones de parados donde realmente están y de dejar de confundir a una opinión pública que, tarde o temprano, volverá a ser la pagana de la irracionalidad de un sistema económico absurdo. Y los primeros que deberían tomar nota de esto son los sindicatos y dejar de hacerse fotos y poner buena cara mientras se siguen negando a cumplir el papel que supuestamente cumplen en la sociedad: defender los intereses de los trabajadores.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Pijo Moña

Después de muchos años de arduas investigaciones en todos los rincones del salón de mi casa y en los garitos más “cool” de la geografía española; después de entrevistarme con millones y millones de testigos directos de los hechos; después de horas y horas de duro trabajo hoy puedo anunciar, por fin, a todos aquellos que tan generosamente financian mi labor intelectual y el piso que ocupo, que he logrado demostrar una hipótesis que revolucionará la historiografía española de los últimos cien años y acabará por fin con todas las ideas preconcebidas y absurdas que sobre este periodo se tienen, ideas cargadas de prejuicios que supuestos historiadores sin conciencia inculcan sin ningún tipo de escrúpulo en las cabecitas de nuestros inocentes escolares. Toquen, pues, las fanfarrias y resuenen los timbales porque aquí va la tesis más revolucionaria de la Historia en el último milenio: la Guerra Civil Española no existió en realidad; todo ha sido un gran montaje de los rojos masones y de los historiadores marxistoides-leninistoides para echar basura sobre el mayor período de paz y prosperidad que se ha extendido sobre nuestro país desde la época de los Reyes Católicos.
Dicen estos izquierdistas resentidos que el ínclito General del Glorioso Ejército Español Su Excelencia Don Francisco Franco Bahamonde subió al poder después de un golpe de Estado y una guerra de tres años y del terror planificado y el exterminio físico sistemático de sus enemigos políticos. ¡Mentira!, sólo podemos gritar indignados ante estas ignominias. El General Franco descendió de los Cielos montado en un caballo blanco y bañado en una luz divina como transubstanciación y reencarnación de nuestra amada Madre de la Patria Isabel la Católica, enviado por Dios Nuestro Señor para poner orden en la España de los comunistas, los anarquistas, los socialistas, los revolucionarios, los masones, los judíos, los republicanos y todos los demás. Y qué equivocados están todos los que dicen que los encarceló, los torturó y los asesinó. Puedo demostrar (como he demostrado los hechos anteriores) que todos ellos se convirtieron al ver la beatífica figura de nuestro Caudillo Salvador descendiendo de los cielos y decidieron en masa ingresar en un monasterio, donde vivieron en la paz del señor hasta que terminaros sus días dulcísimanente y hoy yacen enterrados bajo sus muros. Y es ahí donde debe buscarles el señor Garzón, y no decir que están desaparecidos y sepultados en fosas comunes, algo falso de todo punto como acabo de probar sin ningún género de duda.
Dicen también estos amargados que Azaña, que era uno que dicen que mandaba por aquella época -pero todos sabemos que es mentira, porque en España ya se ha demostrado hasta la saciedad que mandaban los rusos- tuvo que exiliarse y murió en Francia. Falso también. Azaña está en los Infiernos porque el mismo día que nuestro Victorioso Líder advino, el demonio apareció en su despacho y le arrastró con él al Averno -donde ahora paga eternamente por sus culpas- para que su fea cara llena de verrugas no pudiera oscurecer ni por un momento la claridad iridiscente de nuestro Redentor.
Después de cuarenta años de paz y progreso sin parangón, donde todos los españoles fueron felices como en ningún otro momento de nuestra historia, donde la alegría tan típicamente española reinaba por doquier y nadie pasaba necesidades, hambre o frío y cualquiera podía expresar su opinión libremente y todos eran ricos y cresos, el propio Dios Nuestro Señor descendió un día del cielo para transportar personalmente entre sus brazos a nuestro Guía Espiritual que ya había cumplido con su misión y lo había dejado todo atado y bien atado. Pero como somos así de desagradecidos nos empeñamos en votar –algo que no necesitábamos para nada- y al final, votando, votando, votamos al rojazo de ZP, así que no tardará en advenir por segunda vez para que todos podamos gozar de su infinita gloria y misericordia.
Por supuesto que ahora todos esos que dicen que son historiadores tan sólo porque tienen títulos universitarios y leen libros se me echarán encima y desprestigiarán mis tesis y mi trabajo, recogido en los libros que escribo al ritmo de uno cada doce horas y que se pueden encontrar en las estanterías del El Corte Inglés. Pero no me importa porque yo tengo razón y todos mis amigos me lo dicen.
Pijo Moña.
Megahistoriador

viernes, 5 de diciembre de 2008

¡Señor, qué cruz!

Si no estoy muy equivocado, el Artículo 16 de la Constitución Española, en su apartado 3, dice que “ninguna religión tendrá carácter estatal”. Esto significa que exhibir símbolos religiosos en edificios que dependen de las instituciones del Estado –ya sean éstos el Senado o una escuela pública infantil- es simplemente anticonstitucional. Con esto debería bastar para dar por zanjada la discusión acerca de la oportunidad o no de colgar crucifijos en los colegios públicos y para terminar este escrito. Pero resulta que enseguida aparece alguien que, en un alarde de autosuficiencia y cinismo sin precedentes, espeta que un crucifijo es un símbolo religioso que no molesta a nadie. Y aquí se enreda la discusión y hay que tirarse una semana o un mes hablando de un tema que está claramente tipificado en la Constitución y yo tengo que escribir algunas líneas más de las tres o cuatro que necesitaría el tratamiento de este problema.
De momento nos encontramos ante la costumbre tan española de decir a los demás lo que debemos comer o fumar, o lo que nos tiene o no que molestar. Supongo que los que afirman que un crucifijo no molesta a nadie habrán hecho un estudio sociológico profundo para llegar a tal conclusión porque si no, no se entiende de dónde sacan los argumentos para realizar afirmaciones tan tajantes. Pues resulta que a algunos si que nos molesta, y bastante, que se pongan crucifijos en las escuelas públicas. Los que nos educamos en los colegios franquistas y todas las mañanas teníamos que rezar el padrenuestro y cantar el Cara al Sol delante de la foto de Franco y el crucifijo no tenemos demasiados buenos recuerdos de aquello y nuestra inmadura mente infantil asocia una cosa con otra, así que cada vez que vemos un crucifijo colgado en la pared encima de un pizarra inmediatamente vemos a su lado el retrato del dictador y eso es algo que, se me reconocerá, no resulta demasiado agradable. A aquellos a los que el maestro, antiguo chusquero de la Legión, nos pegaba con la regla en la cabeza –y que levante la mano al que el maestro no le haya pegado nunca con la regla en la cabeza- y entre lágrimas lo único que alcanzábamos a ver era el crucifijo encima de nuestras testas maltratadas supongo que se nos reconocerá el derecho a sentirnos al menos un poco molestos cuando vemos hoy en día crucifijos colgados en las aulas de nuestras escuelas. A lo mejor soy un resentido, pero al menos a mí me molestan los crucifijos.
Después está la cuestión del simbolismo de la cruz. Como significante es un cadáver clavado en uno de los instrumentos de tortura más horribles que haya concebido jamás la mente humana y eso no parece que resulte demasiado edificante. Si a mí se me ocurriera colgar de una pared de un aula de niños de seis años la foto de un ahorcado, de un fusilado, de un quemado en la hoguera o de un torturado, a todo color y sin escatimar detalles, enseguida se me llamaría al orden, y con razón. De todas formas, como estamos ante un símbolo, lo que cuenta no es tanto el significante como el significado. Y el significado de la cruz es la idea de que sólo el sufrimiento nos conducirá a la salvación. El dolor más extremo, la mortificación hasta la muerte de nuestro cuerpo es lo que tiene valor a la hora de salvar nuestras almas. Sólo aquellos que se hayan sometido sin dudarlo a los tormentos más indescriptibles serán santos y estarán sentados a la derecha de Dios Padre el día del Juicio Final. Se que se me dirá que ese sufrimiento tiene como objetivo el amor, y que es el amor lo que nos salva, y no el sufrimiento. Desde luego yo entiendo que el amor es otra cosa que castigar tu propio cuerpo y sufrir dolor, ahora bien, comprendo que aquellos que maltratan y asesinan a sus mujeres por amor estén del todo de acuerdo con esta afirmación. En todo asociar el amor con el dolor tiene un nombre: se llama masoquismo y está catalogado como una perversión sexual. Por supuesto que cualquiera tiene derecho a tener las perversiones que quiera y a hacer con su cuerpo y con su sexualidad lo que le de la santa gana, pero no creo que enseñar esto a niños pequeños resulte muy educativo. Yo no tengo hijos, pero si los tuviera no me gustaría nada que en una escuela pública, que estoy pagando con mis impuestos, les enseñaran semejantes cosas. De todas formas, y para terminar, lo que ya resulta desesperante es que para decir algo de tanto sentido común como que la religión es algo personal de cada uno que no se puede imponer, que el Estado es aconfesional y que poner crucifijos en las escuelas es anticonstitucional sean necesarias tantas palabras. Así nos va.