lunes, 22 de octubre de 2012

El Ministro Wert y la hermenéutica imposible


 Las últimas declaraciones del Ministro Wert son dignas de un ejercicio de hermenéutica en profundidad. Aunque es de temer que esa hermenéutica acabe resultando imposible –o sea una hermenéutica de lo imposible- porque de aquello que no tiene ningún sentido poco sentido se puede extraer. Las susodichas declaraciones –o al menos el fragmento de texto a analizar- son la siguientes “... si se mejora el rendimiento –sobre todo en matemáticas, lectura y escritura-de los estudiantes de un país aumentará su rendimiento económico, lo que es esencial, porque permite recortar inversión en educación, y al mismo tiempo que se mejore el rendimiento de los estudiantes”
 Si ustedes, después de leer estas líneas, no entienden nada no se preocupen, porque nada se ha dicho. O más bien sí: lo que se dice está fuera del texto, al margen o entre guiones, pero de esa parte nos ocuparemos más tarde. Me centraré ahora, por tanto, en la parte principal o el cuerpo del texto, el cual, exceptuada la proposición entre paréntesis, quedaría como sigue: “... Si se mejora el rendimiento de los estudiantes de un país aumentará su crecimiento económico[1] (el del país, se supone, no el de los estudiantes), lo que es esencial porque permite recortar inversión en educación y al mismo tiempo que mejore el rendimiento de los estudiantes”. Si están ustedes pensando lo que están pensando, efectivamente tienen razón: lo que viene a querer decir el texto de marras es que si se mejora el rendimiento de los estudiantes, entonces se mejorará el rendimiento de los estudiantes, eso si, no se sabe como. Se supone que el Ministro Wert leyó estas ideas en la obra de un profesor de la Universidad de Stanford. Dejando aparte que el hecho de pertenecer al elenco profesoral de la Universidad de Stanford no es, en puridad, garantía de rigor intelectual, podemos suponer que, o bien el Ministro Wert no se enteró de lo que leía, o bien se enteró perfectamente. Aun en este segundo supuesto –que vamos a dar por válido puesto que a un señor Ministro hay que presumirle, al menos, una cierta competencia en comprensión lectora- de lo que no se ha dado cuenta sin duda es de la falacia lógica que encierra el argumento. Podría este reducirse a la regla del “Modus Ponens”, puesto que de un condicional se trata,  y en este caso adoptaría la siguiente forma: “Si se mejora el rendimiento de los estudiantes entonces se podrá recortar en educación. Se mejora el rendimiento de los estudiantes, luego se puede recortar en educación”. Y de nuevo tienen ustedes razón si están pensando lo que están pensando. El Ministro Wert no ha dicho esto sino, más bien, esto otro: “Si se mejora el rendimiento de los estudiantes entonces se podrá recortar en educación. Se recorta en educación, luego se mejora el rendimiento de los estudiantes”, lo que hay que suponer ya que, si bien no dice cómo se mejora el rendimiento, si que ha aplicado estos recortes antes de producirse la mejora. Evidentemente el “Modus Ponens” del Ministro Wert es una violación de la regla lógica que elimina todo el sentido del argumento.
 Pero decíamos mas arriba que el verdadero sentido de este texto que nos ocupa no está en el texto mismo, sino en lo que se sitúa al margen, la apostilla o añadido que reza : “sobre todo en matemáticas, lectura y escritura”. Aquí si que es posible profundizar y la conclusión a la que se llega parece clara –sobre todo por el “sobre todo”-. De lo que se trata es de que los estudiantes sepan sumar, leer, escribir y nada más. Recuerdo un personaje de un poema de Pemán que “sabía leer y escribir lo justo” pero tenía el corazón inflamado de ardor patriótico, que era el modelo de individuo que pregonaba el franquismo. Si los ciudadanos saben sumar, leer y escribir, y nada más, se habrá conseguido formar una masa ignorante y no cualificada, mano de obra barata que aceptará cualquier trabajo, con cualquier sueldo y en cualquier condición, y que no tendrá la capacidad intelectual suficiente como para poner en entredicho las decisiones del gobierno o de la empresa. Esto, según el Ministro Wert y, nos tememos, el profesor de Stanford, es lo que permitirá aumentar el crecimiento económico –un trabajo en régimen de semi-esclavitud, sin derechos laborales ni sociales, como en China, sin ir más lejos-, aunque no está tan claro si del país o de las empresas –a no ser que las empresas se identifiquen con el país-. La cualificación técnica que todos los líderes mundiales pregonan como la única salida de la crisis queda para las élites que estudian en instituciones privadas. Porque, como dijo Esperanza Aguirre en su época de Ministra de Educación. “El problema de la Educación en España es que los campesinos ha querido aprender a leer”.



[1] .- Es evidente que el crecimiento siempre aumenta, mientras que el decrecimiento disminuye. Lo raro sería encontrar un crecimiento que disminuyera.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Okupación con K

 De un movimiento que se dice de izquierdas uno espera que tenga al menos un poco de visión histórica. Y si además pretende ser un movimiento político, o que pretende llevar a cabo una revolución política, tampoco estaría de más exigirles alguna noción básica de estrategia. El movimiento “Ocupa el Congreso” adolece, a mi modo de ver de las dos cosas.
 En primer lugar no es que carezcan de visión histórica, es que no saben Historia, por lo que no les vendría mal alguna lección. Quizás por eso no se han dado cuenta de que todos los Gobiernos totalitarios han suprimido las cámaras de representantes. Seguramente no saben que Hitler lo primero que hizo al llegar al poder fue quemar el Reichstag o que en España, sin ir más lejos, durante los 40 años de dictadura franquista no hubo Parlamento –había Cortes Orgánicas- y los partidos políticos estaban prohibidos, lo mismo que parecen exigir ellos ahora. Quizás no sepan que probablemente el logro político más importante de la Segunda República fue establecer un sistema electoral libre donde antes existía un sistema de alternancia entre dos partidos y formar un Congreso de los Diputados donde se debatían las leyes a aplicar, esas leyes que antes eran impuestas por la fuerza del Rey, la Iglesia y las oligarquías. Quizás no sepan nada de esto y hay que perdonárselo porque al fin y al cabo se han educado en la ESO.
 Pero aunque uno no sepa Historia, si se convoca una manifestación y por lo tanto se realiza un acto político, hay que tener una idea clara de la estrategia a seguir. Y es un error de bulto –o no, dependiendo de las intenciones de sus convocantes- reclamar democracia pretendiendo rodear, encerrar o lo que sea a los representantes del pueblo. Porque les guste a ellos o no los Diputados son los representantes del pueblo español, al menos de la gran mayoría de él, y atacarles a ellos es atacar a la soberanía popular. Por supuesto que están en su perfecto derecho y es completamente legítimo considerar que no les representan –a mi tampoco me representan- pero tal vez deberían preguntarse a quién representan ellos. Que nadie se extrañe entonces de que la señora Cospedal los compare con Tejero –Tejero era un Teniente Coronel de la Guardia Civil que entró a tiros en el Congreso de los Diputados y secuestró a sus miembros el 23 de Febrero de 1981: otra lección de Historia-. Por supuesto que nada tiene que ver una cosa con otra, pero si uno no se plantea bien la estrategia da pie a que se hagan estas comparaciones. Lo mismo que da pie a los medios de la extrema derecha para soltar todo el veneno que llevan dentro y descalificar todas las protestas sociales en su conjunto. Hay que tener muy poca visión política para no darse cuenta de que el pueblo español es conservador y amante del orden en su gran mayoría y que actos como los del día 25 lo único que hacen es alejar a la gente de la calle. Y provocan que el señor Rajoy salga alabando a la “mayoría silenciosa” –no se si la misma de Fraga u otra- que cada vez será más mayoría y más silenciosa. Yo me pregunto, y no dejaré de preguntármelo, por qué en vez de rodear el Congreso no se rodeó el Palacio de la Moncloa, o los edificios de los Ministerios, que es donde se está haciendo la política antisocial contra la que presumo que va dirigida la protesta. El Parlamento ya está rodeado desde dentro por el Gobierno y su partido, con lo que rodearlo desde fuera en el fondo no es mas que apoyar la actuación de aquéllos. Y por último, tampoco está de más conocer la ley y saber que manifestarse ante el Congreso cuando éste está reunido es ilegal –y no entro ahora a valorar si esto está bien o está mal- de tal forma que todos los medios que nos han recordado en las últimas horas que el susodicho acto era ilegal tienen, evidentemente, razón. Y cuando alguien comete algún acto ilegal, pues lo lógico es que la policía le persiga -tampoco valoro la actuación de la policía, algo que haré en otro momento, pero si adelanto que no se pueden exigir comportamientos morales a un colectivo cuando el noventa por ciento de la población no los tiene- o al menos eso es lo que queremos que se haga con los políticos corruptos.
 Sólo me queda esperar que tanto los colectivos convocantes del acto, como los que acudieron a él, como todos aquellos que de una u otra manera les apoyan, sean coherentes con sus ideas –es decir, racionales- y en las próximas elecciones no voten a nadie, que es la manera democrática de vaciar el Parlamento y forzar ese cambio en la Política que tanto predican.
            

miércoles, 1 de agosto de 2012

No es el aborto

 Si se tratara de discutir sobre el aborto diría que la libertad individual no puede ni debe ser regulada por medio de leyes. Que el hecho de abortar o no abortar es algo que corresponde decidir de forma exclusiva a la mujer –o a la pareja- en base a su independencia y autonomía o a sus creencias; que ni desde un punto de vista biológico ni, desde luego, desde un punto de vista moral, cabe considerar a un feto como un ser humano, en el primer caso porque no es capaz de vivir independientemente del organismo de la madre y en el segundo porque no tiene conciencia ni capacidad de opción moral; que el hecho de que se permita abortar no obliga a nadie a hacerlo, mientras que el hecho de prohibirlo si obliga a no hacerlo –algo tan obvio que a veces da vergüenza recordarlo- y, en resumen, en vista de que el aborto no es algo que pueda perjudicar gravemente a una sociedad sana, y mucho menos destruirla, no debería de estar sometido a ningún tipo de ley.
 La cuestión, sin embargo, es que no se trata de discutir sobre el aborto. El señor Ministro de Justicia del actual Gobierno no tiene en mente ninguna consideración moral cuando propone restringir legalmente su práctica. Y no la tiene porque no actúa como un individuo particular –y además no debe de hacerlo- sino como miembro de un colectivo que, entre otras cosas, ha demostrado su condición moral aplaudiendo una serie de recortes sociales que perjudican única y exclusivamente a las capas más desfavorecidas de la sociedad. Y, como Ministro de Justicia en concreto, ha dado muestra de sus convicciones morales concediendo un titulo nobiliario al nieto de un genocida como Queipo de Llano. No se trata, entonces, de debatir cuestiones morales, aunque resultaría muy discutible considerar como moral el hecho de condenar al sufrimiento a un niño pequeño, a una “criatura de Dios”.
 ¿De qué se trata, pues, si no es del aborto?. En primer lugar la cuestión de la interrupción voluntaria (aquí está la clave: si es voluntaria es libre, ni se puede obligar a realizarla, ni se puede prohibir hacerla: depende sólo de la “voluntad” de la persona) del embarazo es siempre una cortina de humo –por polémica- para ocultar otros temas mucho más importantes y graves. Mientras se discute sobre el aborto no se hace sobre la indemnización al ex-presidente del Consejo General del Poder Judicial, por ejemplo. En este sentido, sin embargo, la utilización de la problemática del aborto no es exclusiva de este ejecutivo y ha sido usada, en mayor o menor medida, por todos los gobiernos de este país. La postura del actual Ministro de Justicia, y esta es la novedad, añade un elemento que la hace extremadamente reveladora. Según su proyecto, el aborto sólo estaría permitido en el caso de riesgo psicológico para la madre, algo absurdo cuando no se permite en el caso de riesgo físico. Ahora bien, el riesgo psicológico, a diferencia del riesgo físico, sólo es comprobable objetivamente, y aún así con matices, en los casos de violación. En el resto es algo subjetivo, mucho más si se trata, como es el caso, de determinar ese riesgo a priori, antes de que se produzca el nacimiento. Así que es posible aventurar que la gran mayoría de los psicólogos y psiquiatras en ejercicio firmarán informes en los que se dictamine el riesgo psicológico para la madre en todos los supuestos no contemplados por la ley, incluido el de graves malformaciones del feto. Lo que se pretende, entonces, no es tanto impedir que se aborte – algo que se seguirá haciendo aunque con más trabas- como el ahorrar dinero. Porque si el aborto en caso de graves malformaciones del feto está prohibido, el servicio público de salud –y éste es el siguiente paso- no estará obligado a realizar las pruebas diagnósticas pertinentes para determinar esas malformaciones, como la amniocentesis o la Prueba del Talón. Pruebas que, lógicamente, se seguirán realizando en las clínicas privadas previo pago por los servicios prestados -y que servirán, en última instancia, para determinar el riesgo psicológico de la madre- y sólo se las podrán hacer quienes tengan posibles para pagar esos servicios.
 Es mejor no hacerse líos. No se trata del aborto, se trata de otra cosa.

lunes, 30 de julio de 2012

Ser y tener

 Vivimos en una sociedad frustrada. Una frustración que no miden los indicadores económicos pero que es palpable en cualquier actividad cotidiana, la consecuencia más grave de la crisis financiera porque destruye el tejido social y nos convierte en una manad de animales gregarios más que en una sociedad estructurada. Vivimos en una sociedad frustrada porque durante mucho tiempo lo único que se ha valorado es el tener, y se ha olvidado el ser. Las aspiraciones sociales se resumían en tener casas más grandes y coches mejores, en poseer lo que el otro poseía, en demostrar la importancia social consumiendo más y mejor que el vecino. Si uno iba de vacaciones a Cuba, el de al lado iba a Tailandia, para no ser menos, sino más y el dinero no era problema porque los bancos lo daban sin preguntar demasiado. Los modelos sociales eran tipos que habían triunfado no por lo que eran, sino por lo que tenían: famosos de medio pelo, aristócratas venidos a menos, toreros y futbolistas. El paradigma de esta situación lo expresó uno de estos últimos cuando dijo que se le tenía envidia porque era “rico guapo y jugaba bien al fútbol”. De las tres cosas, dos corresponden al ser: ser guapo, una característica subjetiva que en todo caso depende del azar, y jugar bien al fútbol, algo que hace cualquier niño de diez años –incluso yo, cuando tenía diez años, jugaba bien al fútbol-. Así que su argumentación quedaba reducida a ser rico, al tener. Cuántas veces se pudo oír a encofradores semianalfabetos, pero que ganaban el doble o el triple que un médico, espetar que éste no era más que él porque tuviera una carrera, lo cual viene a querer decir que él era más que el médico porque tenía más dinero. Estaba presente en el ambiente la idea de que cuanto antes se dejara de estudiar mejor, porque la formación no da dinero, o al menos no lo da rápido, y el desarrollo humano no cuenta ante el potencial económico. El país era un restaurante de lujo donde se comía con las manos –de hecho, los restaurantes de lujo se llenaron de comensales que no sabían usar los cubiertos-. No es este el lugar para discutir si se vivía por encima de las posibilidades económicas, pero desde luego si por encima de las ontológicas. Al fin y al cabo España siempre ha sido un país de hidalgos –qué moderno sigue siendo El Quijote-.
 Ahora que no se tiene –y no se es, aunque esto siga siendo lo de menos- aparece la frustración, y con ella la violencia y la agresividad, no contra los responsables de que ya no se tenga –que en parte son los propios ciudadanos- sino contra los el que tenemos más cerca, no sólo física, sino sobre todo socialmente. Los individuos que ya no tienen nada –y que tampoco son nada- miran con recelo al de al lado, que tampoco tiene nada pero que es posible que sea más que ellos. O al menos así lo creen. Surgen los complejos latentes en el inconsciente y consuela el estar orgullosos de lo que no se es: aparece la necesidad de ser alguien. Así se da una identificación con aquellos que consiguen alguna hazaña y pueden ser considerados de los nuestros. Se jalean los éxitos deportivos como si fuesen propios, se es español –sin tener muy claro lo que es eso- porque se ha ganado un partido de fútbol o una carrera de coches y las ventanas se llenan de banderas nacionales. Y el que no se siente orgulloso de ello, porque es alguien en sí mismo, se convierte en el enemigo. Cuando el conductor se dedica a insultar más que a conducir es porque su vida no vale nada, es un individuo frustrado que tiene que revindicar su autoestima demostrando que, aún, posee el coche más potente. Cuando alguien mira mal en el Metro es porque en el fondo se considera una hormiga al lado de todos los que le rodean. Cuando alguien se comporta como si fuera el dueño del mundo es porque no es dueño ni de su propia existencia.
 Dicen que todas las crisis sirven para mejorar. Uno desearía que fuese verdad y ésta nos hiciese ser, y ser mejores. Pero mucho me temo que cuando volvamos a tener nos volveremos a olvidar de lo que debemos ser.

viernes, 27 de julio de 2012

Políticos y políticos

 Toda sociedad necesita Políticos. Quizás no los políticos que tiene, pero si sujetos capaces de encauzar una red de relaciones sociales cada vez más compleja. Son necesarios Políticos, no políticos. Individuos que hagan Política, y, desde ella, defiendan los intereses de los ciudadanos, especialmente de los más débiles, frente a los ataques de aquellos que, ajenos a la Política y por lo tanto a la sociedad, intentan tomar el control de ésta y destruirla en su propio beneficio.
 En las Polis griegas todos los ciudadanos –libres- eran Políticos, todos participaban en la Asamblea, estaban capacitados para tomar decisiones y podían ocupar, en algún momento de su vida, un cargo público. La Paideia, tal y como se entendía por aquel entonces, era la educación de los ciudadanos para prepararles en su función política –los sofistas no iban tan desencaminados-. Y el desempeñar bien esa función política era considerado la máxima virtud –ya fuera ésta la Justicia, el Término Medio o la areté guerrera-. Por eso la educación era educación en la virtud. Así que si hoy en día tenemos políticos, y no Políticos, es porque la educación es un valor a la baja frente a otros como la ambición o el afán de poder, precisamente aquellos que los griegos consideraban vicios. Una sociedad que no está educada no podrá nunca dirigirse a ella misma. Será una sociedad que necesitará políticos, porque no tendrá Políticos.
 Así las cosas, no todos los políticos son iguales. Tan demagógico es considerar que cualquiera, por el mero hecho de formar parte de esa abstracción llamada “pueblo”, es capaz de tomar decisiones políticas, como creer que todos los que dirigen una sociedad son corruptos que sólo piensan en llenarse los bolsillos. Es en épocas de crisis cuando estas ideas brotan con más fuerza y lo hacen lanzadas desde aquellas instancias a las que no les interesa que haya Políticos, y por tanto que haya Política, porque tanto unos como otra resultan un estorbo para sus intereses. Instancias que no son otras que aquellas que llevan mucho tiempo aprovechándose de la Política, a la que ya han convertido en política, y que cuando advierten que aquélla puede tomar nuevas fuerzas y sacar a la luz sus vergüenzas no tienen ningún reparo en desprestigiarla. No es casualidad que los ataques más fuertes contra los políticos –y los Políticos- estén viniendo precisamente de las filas de la derecha, que los medios que ahora se hartan de gritar contra el exceso de políticos sean los medios de la derecha y que los ciudadanos que no se cansan de decir que todos los políticos son iguales acaben, invariablemente, votando a la derecha. Y es que no debería ser tema de debate el sueldo de un político, sino si hace o no hace bien su trabajo. A un político no hay que relevarle por cobrar mucho, sino por ser un inútil. Esto es lo que debería preocupar a una sociedad educada políticamente. Mientras no sea así, ésta seguirá mirando el dedo demagógico de los ingresos y no mirará la luna de la Política bien hecha.
 De la misma forma, una sociedad necesita los Políticos que necesita para garantizar que todas las opiniones estén representadas. Eliminar cargos públicos es una medida que queda muy bien de cara a la galería, una medida de escaparate que sirve para tapar otras medidas tan impopulares como la subida de los impuestos indirectos. Las sociedades que menos políticos tienen son las sociedades totalitarias y el primer objetivo de un gobierno totalitario es acabar con los Políticos. Aquellos que ahora abogan por la reducción de representantes políticos lo que en el fondo desean es ser ellos los únicos políticos, porque cuando no quedan Políticos se ha dejado el campo abierto para que alguien se haga con las riendas del poder, riendas que están ahí y que la sociedad en su conjunto no va a coger porque no sabría qué hacer con ellas. Y eso es algo que se debería tener muy en cuenta en España, donde durante cuarenta años sólo tuvimos un político y además malo. Un sociedad bien educada no pediría la desaparición de los políticos, sino que todos, como los griegos, fueran Políticos.

miércoles, 25 de julio de 2012

Prima de Riesgo y racionalidad

 En estos días en que estamos tan cerca de la celebración de los Juegos Olímpicos, una mala noticia ha venido a enturbiar la exaltación de nuestro espíritu deportivo. Y es que la Prima de Riesgo está batiendo todos los récords, pese a los recortes –o las medidas de ajuste- que el Gobierno ha puesto en marcha. Todas las alarmas se han disparado –aunque los Juegos Olímpicos sigan siendo noticia de portada en todos los medios, así como el regreso a la actividad de las distintas escuadras de balompié- desarrollándose un ejemplo claro de irracionalidad dirigida.
 En primer lugar es observable una naturalización de la Prima de riesgo. Se tratan sus subidas como consecuencia de una Ley natural. La conclusión que se puede acabar sacando es que la susodicha Prima asciende porque es un elemento gaseoso, o desciende porque es un elemento pesado, sin que en esos vaivenes intervenga mano humana alguna, y que sólo responde a fuerzas gravitatorias. Esta mitificación de la Prima de Riesgo constituye la base irracional sobre la que se edifica todo el discurso posterior y los comportamientos subsiguientes. La Prima de Riesgo es un elemento artificial, creado por los humanos y controlado por éstos. Si sube o baja es gracias a la intervención humana y es la intervención humana la que le ha dado una importancia casi metafísica. En este caso, lo racional es detener su ascenso. Primero a nivel europeo –porque el problema de la crisis es europeo y sólo se puede solucionar desde Europa- a corto plazo, con una intervención del Banco Central Europeo, y a largo plazo, estableciendo una política fiscal y económica común, de tal manera que toda Europa se financie a la vez y la Prima deje de ser nacional para convertirse en Europea. Y segundo, a nivel español, negándose a pagar un interés desorbitado por la deuda –lo racional es no comprar algo que es demasiado caro o excede a nuestras posibilidades-, con una intervención del Banco de España o con una demostración de los bancos nacionales de su supuesto interés por sacar a España y a los españoles del agujero, comprando deuda a un interés mucho más bajo y forzando así a los especuladores a rebajar la presión.
 En lugar de esto lo que se ha hecho ha sido meter el miedo en el cuerpo a la ciudadanía, como si se acercara el fin del mundo, y dilatar sine die las soluciones políticas. Algo que sólo es explicable, o bien porque como ya se ha dicho la Prima de Riesgo sigue un curso natural independiente de la voluntad humana y, por lo tanto, cualquier intento de intervención resulta inútil, o bien porque exista una racionalidad subyacente a dicha irracionalidad. Como es muy difícil creer que todos los que ocupan puestos de poder sean estúpidos, la única explicación posible ha de ser la segunda. Se trata de utilizar la Prima de Riesgo y la crisis de la deuda como excusa para aplicar recortes salvajes de los derechos económicos y sociales de la ciudadanía. Se trata de convertir Europa –especialmente el sur de Europa- en un filón de mano de obra barata para las grandes empresas del norte, que no tendrían así que instalar sus factorías en países lejanos, ahorrando en costes de transporte, arancelarios y de todo tipo. Se trata de tener el Tercer Mundo en el jardín de atrás –algo que supieron hacer muy bien los Estados Unidos en América Latina-, una masa de trabajadores no cualificados y mal pagados que, además, consumirán sus productos. Se trata, en suma, de un comportamiento racional desde el punto de vista instrumental, pero irracional desde el punto de vista moral. Pero el mundo no se acabará por la Prima de Riesgo por mucho miedo irracional que se intente exportar y cuando al final todo esto pase –que pasará- nos daremos cuenta de que sólo con una buena racionalidad moral es posible luchar contra una mala racionalidad instrumental.

lunes, 23 de julio de 2012

Querer no es poder

Una prueba de que los tiempos han cambiado que es una barbaridad y de la importancia que la psicología del bienestar ha adquirido en nuestras vidas, es la insistencia en utilizar el pensamiento positivo para superar todo tipo de crisis, tanto personales como colectivas, de salud como económicas. Qué diferencia con la actitud de los viejos estoicos o de nuestros poetas y pensadores del siglo XVII, que consideraban las crisis como efectos necesarios de la Naturaleza y centraban la virtud en su conocimiento. Lo cual, bien mirado, no deja de ser otro tipo de pensamiento positivo –por qué preocuparse si nada se puede hacer- menos consolador, quizás, pero más realista. Por muy moderno que parezca el llamado “pensamiento positivo” y muy antiguas que se nos antojen las posturas estoicas, la realidad es que aquél es mucho más viejo que éstas, al menos en sus principios de actuación. Si al algo se parece es a la magia simpática, la primera manifestación religiosa que adopta la humanidad –y es que, también, el pensamiento positivo tiene mucho de religión- según la cual determinadas potencias humanas podrían influir en el curso de la realidad, haciendo que ésta se adaptara a los deseos o las necesidades del individuo o del grupo social. El pensamiento positivo no es más que eso: pensar que el mero deseo de que algo ocurra de una determinada forma va a hacer que, efectivamente, algo ocurra de una determinada forma. El pensamiento positivo muestra así su verdadero rostro: una ocultación o un falseamiento de la realidad, una negación de ésta, lo que saca a la luz su base ideológica.
 Tradicionalmente el pensamiento positivo se ha identificado con el adaggio “querer es poder”. El caso es que querer no es poder. La pura voluntad no puede provocar cambios en la realidad –que es ajena a ésta y tan sólo puede ser comprendida y en ese sentido dominada por la Razón- y creerlo así a lo que conduce, más que a cualquier otra cosa, es a un cúmulo de frustraciones que lo que consiguen es lo contrario de lo que se pretende: hacer que la vida del individuo o de la sociedad sea aún más desgraciada. El pensamiento positivo se presenta así, no sólo como la negación ya citada de la realidad, sino como la negación de sí mismo. Este pensamiento, además, lleva implícito un componente potencialmente muy peligroso. Un sujeto es responsable tan sólo de aquello que puede elegir libremente, y aunque el ser humano sea esencialmente libre, también es cierto que está biológicamente determinado. Ahora bien, si querer es poder el ser humano, que en principio puede quererlo todo, también lo puede todo. Se le hace así responsable de aquellas cosas que no está en su mano querer o no querer, evitar o no evitar, realizar o no realizar. Un enfermo de cáncer que no vence a la enfermedad, así, sería responsable de su propia muerte. Pues no a tenido la suficiente voluntad, no ha luchado lo suficiente, no ha querido realmente curarse del cáncer[1]. Si lo hubiera hecho habría podido salvarse. Incluso Unamuno, que puso toda su voluntad en no morir, que realmente no quería morirse pero al final, como todos, murió, sería responsable, según el pensamiento positivo, de su muerte.
 Hoy en día, como émulo de algunos éxitos en determinadas competiciones deportivas, el “querer es poder” se ha sustituido por el “juntos podemos”. Desde luego, el que un conjunto de sujetos gane un partido de fútbol es un hecho que no puede extrapolarse a una crisis que abarca a toda la sociedad, entre otras cosas porque las relaciones sociales que nos hacen “estar juntos” son las que han provocado la crisis. Así que, o rompemos esas relaciones y ya no “estamos juntos”o la crisis seguirá ahí por mucho empeño que pongamos. El “juntos podemos” lo que hace es desviar la responsabilidad de la crisis y hacerla caer sobre los hombros de toda la sociedad –no salimos de la crisis porque el bombero, el pescadero y el ama de casa no quieren- y alejarla de los verdaderos responsables. Pero es que además, si uno entra en un vagón del metro y echa una mirada a su alrededor, enseguida se dará cuenta de que juntos no vamos ni a la vuelta de la esquina.




[1] .- Es curioso como este exceso de responsabilidad en asuntos que no dependen de la voluntad del ser humano va acompañado de un olvido de la misma en otros aspectos que caen plenamente dentro del campo de su libertad de decisión.