martes, 15 de septiembre de 2026

Ceuta Harbor

 Vamos a hacer un ejercicio de imaginación y a suponer que el 7 de diciembre de 1941 el presidente de los Estados Unidos no hubiera sido el señor Franklin Delano Roosevelt, sino el señor Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

Para empezar, según nuestro imaginario presidente en cuestión -que estaba de vacaciones en las Bermudas-, el ataque japonés jamás se hubiera producido, habría sido un vuelo de recreo de algunos turistas sobre Pearl Harbor y al alguno se le habría caído la cámara mientras hacía fotos, lo que los racistas habitantes de la isla habrían confundido con una bomba. Cuando no hubiera tenido más remedio que aceptar que había habido un bombardeo con miles de muertos, habría aducido que no habían sido los japoneses, sino los rusos o los israelíes. Claro, que por aquél entonces Rusia era la URSS y era aliado de los EEUU e Israel no existía, ni Marruecos. Pero, para los efectos prácticos, hubiera dado igual. Puesto que su respuesta hubiera sido no hacer nada contra Japón, achacando el problema a los habitantes de Hawái y a la oposición política, finalmente los japoneses hubieran acabado ocupando la isla, lo que hubiera sido, por supuesto, una crisis humanitaria de migrantes que huían del fascismo nipón -los muertos de los bombardeos no, claro-. Puesto que el plan de los japoneses era ocupar toda la costa oeste de los EEUU, y posteriormente todo el país, hubieran desembarcado en breve tiempo en el continente, siendo recibidos por el presidente imaginario y su gobierno imaginario.

La vicepresidenta imaginaria del gobierno, por ejemplo, habría dicho que los japoneses no eran invasores, porque eran seres humanos y, por supuesto, los alemanes tampoco, porque también eran seres humanos, así que los únicos invasores eran los cangrejos y las medusas. El ministro del Interior imaginario hubiera retirado a la policía y a cualquiera que pudiera defender el territorio para evitar que se produjeran situaciones de tensión con los recién llegados, mientras que el ejército imaginario que existía para defender el país no tenía ni una mala escopeta para hacerlo, y además nadie les había dado la orden, y las ONG´s procedentes de la Europa ocupada -ah, no, que los alemanes no invadieron Europa porque eran seres humanos según la teoría yolandista- se dedicaban a repartir armas, municiones y pertrechos a los japoneses. Y a todo esto los paniaguados del gobierno avisaban de no tocar ni un pelo de a ropa a los nipones, bajo amenaza de ser acusados de racistas y xenófobos. Hasta que los mataran a todos.

En esta situación imaginaria el señor Sánchez Pérez-Castejón solo tendría razón en una cosa: no les habían avisado. Lástima que solo sea una situación imaginaria.


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