jueves, 8 de octubre de 2026

Para tontos

 Montesquieu, además de ser un señor francés, era un pensador ilustrado (de la Ilustración del siglo XVIII) que introdujo en el pensamiento político el concepto de división de poderes. Según la división de poderes el que hace la ley no puede juzgar no gobernar, el que gobierna no puede juzgar y el que juzga no puede gobernar ni hacer la ley. ¿Por qué al señor Montesquieu se le ocurrió todo esto? Porque en la monarquía absoluta - ¡Absoluta! - el rey era el que juzgaba y hacía las leyes -a ver, no siempre él directamente, pero todo se hacía en su nombre y con su consentimiento- Y como resulta que el rey juzgaba, pues está claro que no podía juzgarse y condenarse a sí mismo, con lo cual estaba por encima de la ley: él era la ley, o el Estado. Por eso la única manera de quitarse a un rey de encima era cortarle la cabeza.

Como digo, la división de poderes es  el pilar fundamental de lo que llamamos “Estado de Derecho”. El concepto de Estado de Derecho significa que en el Estado quien manda es la ley, que nadie está por encima de ella, ni siquiera quien gobierna, que todos los ciudadanos son sujetos de los mismos derechos  y deberes, gozan de las mismas libertades y, en suma, que todos somos iguales ante la ley.

Por eso, en un Estado de Derecho el único que puede decir si alguien es culpable o inocente es un juez mediante un juicio justo, no el gobierno. El gobierno, como ciudadanos particulares podrá opinar lo que quiera, pero como Gobierno no puede decir que Fulanita de Tal es inocente, porque no le corresponde a él. Es cargarse la división de poderes y el Estado de Derecho. Esto está claro, supongo.

Vamos a la segunda parte. En España, como en otros países, para asentar el Estado de Derecho se decidió que quien debía de juzgar era, o bien un juez, o bien un jurado compuesto por ciudadanos cualesquiera, y al jurado, y esta es la premisa fundamental, no se le puede coaccionar ni influir de ninguna manera -como en la películas-. Hacerlo es un delito muy gordo. Cuando desde las instancias gubernamentales se sentencia que Fulanita de Tal es inocente, y además se sabe que esas mismas instancias se han puesto en contacto con grupos de delincuentes peligrosos para dar un sustillo -que los mismo puede ser un ¡buh! que un ¡bang! - a una juez que investiga al cuñado de Fulanita de Tal, pues el que tenga que ser jurado se lo va a pensar dos veces, y tres y cuatro antes de condenarla.

En conclusión, que un Estado donde ocurra algo así no será un Estado de Derecho, será un Estado fallido. Y un Estado fallido es aquel que incumple la primera obligación del Estado -en realidad la única que tiene- que es proteger a sus ciudadanos, aunque vivan en Ceuta.

¿Ya lo tiene todo el mundo clarito? Pues mañana examen.


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