Dicen que no hay nada más peligroso que un mono con un pistola. Yo creo que es mucho más peligroso Trump (Tramp) con un rotulador. Llama la atención ver como los analistas políticos de toda laya se rompen los sesos intentando profetizar que es lo que hay detrás cada vez que Trump utiliza su rotulador. Lo que nadie parece que se plantee es que no haya nada, que Trump sea simplemente un payaso y lo que hace sean nada más que payasadas.
Cuando yo era pequeño en la tele echaban un programa que se llamaba precisamente, “Los Payasos de la Tele”, con una figuras míticas para cualquier persona de mi edad como eran Gaby, Fofó y Miliki. La gracia -tronchante por otra parte- de los payasos de la tele es que siempre la liaban. Y eso es lo que hace Trump, aunque dé mucha menos risa: liarla cada vez que destapa el rotulador.
Para empezar la lio con la guerra de Ucrania, apoyando a Putin cuando todos los enemigos de Putin le apoyaban a él, mientras que los amigos de Putin estaban en contra suya. De esta manera, ahora resulta que la derecha populista, que son sus amigos y que no eran amigos de Putin, son también amigos de Putin y la izquierda populista que eran amigos de Putin pero enemigos suyos también son amigos suyos -esto en España, en Hungría, por ejemplo, era al revés, así que los húngaros están menos liados-. En conclusión, y puesto que los amigos de mis amigos son mis amigos, resulta que la izquierda y la derecha populistas están ahora en el mismo bando, que es el bando de Trump-Putin, de tal manera que los enemigos de Putin que fueron a luchar a Ucrania porque eran enemigos de Putin y pertenecían a la derecha nacionalista, ahora se encuentran en el bando equivocado porque son amigos de Putin. De hecho, al menos en España, el lío es tal, que ni la derecha ni la izquierda populistas saben ahora mismo a quien apoyan, y es por ello por lo que están tan callados: no solo porque les han cambiado todas sus estructuras de pensamiento -lo que se suele llamar disonancia cognitiva- sino porque no vaya a ser que abran la boca y le den la razón al que hasta ahora había sido su enemigo político pero ahora ya no lo es.
Y para terminar, hay que hacer referencia a lo que desde ahora voy a llamar la “paradoja de Trump” y voy a registrar la marca para que nadie se la apropie, que consiste en que quien va a acabar con el sistema capitalista no son ni los comunistas, sin los socialistas, ni los anarquistas, sino el presidente del país que representa al capitalismo por excelencia. Porque si la política de aranceles que han implementado Trump y su rotulador perjudica a alguien, es al capitalismo global en su conjunto, que es el único capitalismo que tiene sentido en el siglo XXI. El rotulador de Trump ha firmado la sentencia de muerte del mercado, y por lo tanto, la sentencia de muerte del capitalismo, con lo cual, y volviendo a lo que se decía más arriba, los socialistas, comunistas y marxistas en general deberían de estar más contentos que unas pascuas, no solo porque los únicos países que quedan libres de aranceles sean Cuba, Rusia y Corea del Norte, es decir, sus paraísos soñados, sino porque al fin van a ver cumplidas las profecías de destrucción del sistema y de aparición del hombre nuevo. Que el hombre nuevo sea más bien el hombre del siglo XIX, pues tampoco importa mucho.