Dios fue
uno de los tradicionales objetos de estudio de la filosofía. Hoy en día, sin embargo, la figura divina, o mas bien el
estudio de la figura de Dios, ha quedado reducido al ámbito de la teología, y
tanto en el ámbito filosófico como científico el concepto de Dios no es tomado
en consideración, bien porque no sea posible determinar su estatus ontológico
-porque no sea posible determinar su existencia o no existencia- bien porque el
análisis racional deja a Dios fuera de los campos en los que tradicionalmente
se le situó.
En el
antiguo pensamiento griego Dios, o más bien el Zeos, esta revestido de una
necesidad ontológica, en tanto en cuanto inteligencia ordenadora que asegura la
certeza de las leyes naturales. Dios, así, es el contrapunto racional de los
viejos dioses míticos, aquel que les desbanca de la posición de privilegio
ontológico que ocupaban: cuando Dios asegura el orden racional de la Naturaleza
a traves de sus leyes, los antiguos dioses quedan reducidos a asegurar el orden
social a través de las antiguas costumbres, lugar del que pronto serán también
desterrados. De esta manera es posible considerar al Ser de Parménides, a las
Ideas platónicas o al Primer Motor aristotélico como los primeros apuntes de un
Dios filosófico que se va a sintetizar obviamente, en la filosofía cristiana.
La
figura de Dios tal y como hoy la concebimos no comienza a existir hasta el
siglo V d.c. con el pensamiento de Agustín de Hipona. Es este autor el que
recoge a través de la tradición neoplatónica las consideraciones parménídeas y
platónicas, y otras como el Nous de Anaxágoras o la concepción pitagórica del
alma que ya estaban integradas en la filosofía de Platón, y las convierte en el
Dios cristiano que pasa a ser objeto de estudio de la teología. Tomas de
Aquino, por su parte, le va a otorgar, desde el pensamiento aristotélico, la
nota definitoria y esencial de racionalidad, nota que no era determinante en la
construcción agustiniana, la cual considera a Dios fundamentalmente como amor
-voluntad- que es, por otra parte, la idea que va a recoger Lutero -quien no en
vano era fraile agustino- y los protestantes. Tomás de Aquino, al construir un
Dios racional, completa el edificio divino que va a heredar la Edad Moderna
-aunque solo sea para destruirlo-con la divinidad como garante no solo de la
divinidad humana, sino también de la certeza del pensamiento y de la
racionalidad de las leyes naturales y, por tanto, de su comprensión por parte
del intelecto humano.
Ahora
bien, las leyes naturales pueden ser captables empíricamente, mientras que Dios
no puede serlo. De esta forma, primero el empirismo de Hume y posteriormente la
filosofía kantiana van a negar la posibilidad de conocimiento de Dios: solo
puede ser conocido aquello que puede ser captado por medio de los sentidos.
Así, Dios, que no puede ser conocido puede, empero, ser objeto de creencia,
incluso de creencia racional como afirmara el propio Kant. Esta posibilidad de
creer racionalmente en Dios, sin embargo, va a ser posteriormente negada por el
positivismo lógico, y fundamentalmente por Bertrand Russell. Haciendo
referencia al significado de los términos del lenguaje, Russell y los
positivistas lógicos van a afirmar que solo aquellos términos que posean un
referente empírico -que se refieran a u
objeto que pueda ser captado por los sentidos- tendrán significado,
pues el significado de un término no es otra cosa que ese referente empírico.
Dios así, seria un termino sin significado -pues no posee un referente
empírico, no se refiere a un objeto que pueda ser captado por los sentidos- y
por lo tanto será un termino absurdo. Y creer en un absurdo es a su vez un
absurdo.
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