domingo, 28 de junio de 2009

Tontos felices

Los niños españoles son los segundos más felices de Europa, por detrás de los holandeses, y los que más fracaso escolar cosechan, tan sólo por delante de los de Malta y Portugal, que no son tan felices como los de aquí. Lo que se desprende de estos datos es que los críos de este país están tremendamente mimados (algo que cualquiera puede comprobar echando un simple vistazo a su alrededor), que nadie les enseña a esforzarse lo más mínimo para conseguir lo que quieren y que, da igual lo que hagan, se les premia. Si el niño suspende todo da lo mismo porque su papá le comprará la “wii”, para que no se deprima el pobrecillo. Es fácil darse cuenta de que los menores españoles están sobreprotegidos y eso necesariamente conduce al desastre social. A una sociedad sin proyectos de futuro a la que sólo mueve la satisfacción inmediata del día a día. La filosofía del “Gran Hermano” y de “Operación Triunfo”:conseguir lo máximo con el mínimo esfuerzo. Una generación de tontos felices.
Como es lógico hay un interés político en todo esto. Para los detentadores del poder son preferibles estos tontos felices a los individuos preparados que en cualquier momento pueden pone en un brete la actuación de los que mandan. Así, que nadie espere que esto cambie -por mucho que la clase política se tire de los pelos y prometa todas las mejoras que se les ocurran- aunque en el mundo altamente tecnificado en el que ya vivimos esto nos lleve a la competitividad cero y al colapso económico.
Todo esto tiene que ver con la vieja idea cristiano-burguesa de que el objetivo último del hombre es alcanzar la felicidad. No el conocimiento, ni la autonomía, ni la libertad, ni el desarrollo humano. Quizás esta búsqueda de la felicidad podía tener algún sentido en el contexto en el que la enuncia Aristóteles, pero ya Kant la sustituyó por el deber como centro alrededor del cual gira todo el comportamiento moral, aduciendo algo tan de sentido común como que alguien podría no querer ser feliz. Hoy en día, sin embargo, esta felicidad a la que se apela como horizonte supremo tiene un componente paradójico, precisamente por su doble vertiente cristiana y burguesa. Por un lado, la psicología oficial recoge la consideración cristiana y nos dice que la felicidad tiene que ver con el conformismo, con no desear más de lo que se tiene, con el viejo pensamiento estoíco del que se nutre la moral cristiana. Por otro, las instancias económicas se ciñen a la consideración burguesa y nos animan a endeudarnos cada vez más para tener una casa más grande, un coche más potente, un cuerpo más esbelto o irnos más lejos de vacaciones, y así ser más felices.
En todo caso, y a nivel social, las concepciones cristiana y burguesa coinciden, y así parece que todo el mundo está de acuerdo en que la felicidad es contentarse con lo que uno tiene. Aceptar la posición que te ha tocado, ocupar tu lugar en el ciclo de la vida o no desear a la mujer de tu prójimo. Cuantas menos aspiraciones se tengan más fácil será alcanzar la felicidad: casarse, tener hijos y comprar un piso en el extrarradio. No más. El prototipo de la vida buena. No cabe duda de que políticamente hablando es altamente recomendable que los ciudadanos intenten ser felices por todos los medios a su alcance. Y ese es el mensaje que continuamente se lanza: a pesar de todo hay que ser feliz. Un desgraciado que no aspire a escapar de su desgracia será feliz, aunque siga siendo un desgraciado. Un tonto que se conforme con serlo y no intente salir de su estulticia será feliz, aunque siga siendo tonto. Un tonto feliz: un ciudadano modelo.

viernes, 19 de junio de 2009

La justicia de Judas

A nadie debería extrañar que los obispos españoles consideren injusto el derecho al aborto, que consideren, en suma, que existen derechos que son injustos. Dejando a un lado el cinismo personal de cada uno de ellos, cualidad que es más que seguro que fue muy tenida en cuenta a la hora de obtener sus cargos, la Iglesia Católica se edifica sobre un concepto bastardo y pervertido de justicia. Ahí está para demostrarlo el caso del pobre Judas Iscariote
La figura de Judas es de las que más llaman la atención de todas las que componen la mitología cristiana. En primer lugar porque él es el verdadero creador del cristianismo. Si Judas hubiera decidido no denunciar a Jesús, éste no habría sido ejecutado y, teniendo en cuenta que esta ejecución es el verdadero motor del surgimiento del cristianismo y su auténtico leit motiv, éste último no hubiera existido. Y en segundo lugar porque en él se reúne y personifica todo el absurdo de la religión cristiana.
Una de las ideas claves del cristianismo es que el ser humano es libre de pecar o no pecar. La propia humanidad se sustenta sobre esta capacidad de decisión: Adán pudo escoger entre Dios y una mujer y escogió a la mujer –lo que de paso explica la concepción machista y misógina del cristianismo en general y del catolicismo en particular-. El pecado es el constituyente último del ser humano. Ahora bien, si éste no fuese libre aquél no tendría sentido –no se puede acusar a nadie por hacer algo que no está en sus manos no hacer, que está obligado a realizar de forma necesaria- y todo el cristianismo se hundiría en su propio absurdo. Si no hay pecado la muerte de Cristo –que supuestamente se produce para lavar la culpa de los hombres- no es necesaria.
Puesto que el cristianismo se establece sobre la muerte de Jesús y el hecho causal de ésta es la denuncia de Judas, la cuestión a plantear es si éste era libre de delatarlo o no. Si hubiera sido realmente libre podría tanto haber besado a Jesús como no hacerlo. Si no lo hubiera hecho, y siguiendo el relato mitológico del cristianismo, Jesús no hubiera sido crucificado y hubiera muerto de viejo, la humanidad no se habría salvado, el Plan de Dios no se hubiera cumplido y el cristianismo no existiría. De hecho, la propia pregunta sobre la capacidad de decisión de Judas se torna absurda, pues falta el contexto desde el cual se lanza y le da sentido. Si Judas hubiera sido libre el cristianismo se vuelve contradictorio en sí mismo o, en el mejor de los casos, en una casualidad. Con lo cual cabe pensar que Judas no era libre de no denunciar a Jesús.
Si Judas no era libre, entonces no puede ser condenado. Judas habría denunciado a Jesús no por su voluntad, que no es una voluntad libre, sino por la voluntad de Dios, porque Dios así lo habría decidido. De esta forma el que denuncia a Jesús es Dios –su propio padre, no lo olvidemos- a través de Judas, que no es más que una correa de transmisión de los designios divinos. Dios condena a dos inocentes (Judas y Jesús) sabiendo que lo son, para salvarse a sí mismo, en un acto de suprema injusticia. Si Judas no es libre la humanidad tampoco lo es, no puede elegir no pecar y no necesita ser redimida. La muerte de Cristo es entonces inútil para su propósito inicial, la redención del ser humano, y al único que beneficia es a Dios, pues sobre ella asienta su dominio sobre éste.
Aún es posible ir más allá. Según la religión católica Dios y Jesucristo son la misma persona. Siendo esto así, y teniendo en cuenta las argumentaciones anteriores, lo que se concluye es que es Cristo el que se denuncia a sí mismo y acusa a Judas para salvarse. Cristo se condena y no se condena a muerte, con lo cual el cristianismo se revela como contradictorio y esencialmente injusto.
El Tribunal Supremo, a instancias de la Conferencia Episcopal, prohibió apostatar a los católicos forzados que lo desearan. Esperemos que esto sirva como modesta aportación para iluminar a nuestros obispos y ayudarles a cambiar de opinión. Es de esperar que no hablen por hablar y lleven a cabo de manera efectiva su amenaza de excomunión, pues estas líneas si se han escrito desde la más absoluta y responsable libertad.

viernes, 12 de junio de 2009

Modernos

El señor Rajoy es un demagogo y un irresponsable que después de las elecciones europeas sigue jugando a dos barajas: por un lado no se atreve a presentar una moción de censura en el Parlamento y por otro sigue permitiendo que los jefes de su partido azucen a la masa para que ésta propicie la caída del Gobierno. A pesar de todo hay veces que tiene razón, y cuando eso ocurre es de justicia dársela.
Tiene razón el señor Rajoy cuando afirma que eso del bautismo civil es un ridículo interplanetario. Más que interplanetario se diría que intergaláctico. Por supuesto que cada cual es muy libre de hacer el ridículo como le parezca conveniente, y puede comportarse como un pijo redomado si ese es su deseo. Pero también es cierto que a un cargo público no se le ha elegido para que lo haga –ni el ridículo ni lo que le pida el cuerpo-. Si la señorita Cayetana Guillén quiere bautizar laicamente a su hijo, o por el rito venusiano, o darle una bienvenida social, o como quiera que esto póngidos albinos de la “super-nueva-ola-progre-guay” quieran llamarlo, pues que lo haga. Está en su perfecto derecho como lo estamos todos los demás de partirnos de risa ante semejante disparate. No debería pues ofenderse por ello, aunque lo que esté buscando sea vender el reportaje a las revistas del corazón para ganarse los garbanzos.
Ahora bien, que el señor Pedro Zerolo, -un cargo electo de PSOE- ejerza de maestro de ceremonias de semejante absurdez demuestra que, o bien ha perdido el seso, o bien que la oposición política al PP en Madrid ya no sabe qué hacer para llamar la atención. Y aún se preguntan por qué pierden unas elecciones, crean comisiones internas y sesudos analistas políticos gastan tinta y papel intentando desentrañar las razones de la abstención de los votantes de izquierda. En todo caso, con semejante oposición –y si lo único que se les ocurre hacer son saraos como éste- tenemos Esperanza Aguirre para rato.
Un bautizo laico es un contrasentido y una contradicción manifiesta como pocas. En tres palabras, el bautismo es católico. Todo lo demás, como muy bien dice el señor Rajoy, es hacer el ridículo. Lo que les pasa a todos estos progres de cartón y de colegio de curas –o monjas- es que echan de menos las ceremonias religiosas de su infancia, en las que se formaron y en las que todavía creen. Pero, como son tan de izquierdas, tienen que inventarse memeces como el bautismo civil o el supuesto interés turístico de las procesiones de Semana Santa para poder disfrutar de ellas sin correr el riesgo de que les confundan con carcas casposos. En este caso el señor Bono es mucho más consecuente cuando pretende homenajear en el Congreso a una monja fundamentalista. Al fin y al cabo él nunca ha ocultado su catolicismo de golpe de pecho y misa diaria.
En realidad esto no es más que otra moda de esa supuesta nueva izquierda que, no se sabe si será nueva –más bien insensata- pero desde luego no es izquierda ni nada que se le parezca y hace ya mucho que ha perdido el norte. Más bien es izquierda folclórica en la línea de los “okupas” superconcienciados con la problemática social que no dejan vivir al vecindario con su música estridente, sus borracheras, sus vómitos y sus meadas, o los nuevos antifascistas niños de papá. Algo más que añadir al multiculturalismo tonto, la cocina deconstructiva, el ecologismo de escaparate, la vida sana por decreto o la Santa Cruzada contra el tabaco. Una trivialización de la vida social que vacía de contenido cualquier pensamiento serio de izquierda y una demonización de la libertad individual.

viernes, 5 de junio de 2009

Aquí huele mal y todos tan tranquilos

Este país apesta cada día más. Y apesta no cómo el reino de Dinamarca, dónde aún se podía captar un aroma más o menos romántico, sino como un corral donde durante mucho tiempo han fermentado los restos de una dictadura que se encargó de dejarlo todo atado y bien atado. Como no es cuestión vomitar más de lo necesario, porque ni los estómagos más fuertes podrían aguantar una descripción pormenorizada de los acontecimientos de las ultimas semanas, se va a ofrecer tan sólo una relación somera de algunas –tan sólo algunas- de las perlas con las que nos han regalado nuestros prohombres y promujeres. Y no se diga que lo que viene a continuación es una muestra de la baja calidad de nuestra clase política. Cada pueblo tiene la clase política que se merece –a la que vota y a la que sigue el juego- y cualquiera con dos dedos de frente podría elaborar una lista similar, incluso mayor. Si no se hace es simplemente porque no se tienen esos dos dedos de frente. Todo el mundo se queda tan tranquilo preocupándose tan sólo por lo mal que lo debe estar pasando la pobre Belén Esteban. Lo del franquismo sociológico es mucho más que una frase oportuna de D. Manuel (Fraga). Es una realidad que todos los que cogen el metro o un autobús pueden comprobar de manera sangrante. Pero dejemos las disquisiciones y echemos un vistazo a las hazañas de los próceres de la patria.
1.- El Tribunal Supremo admite una querella de un grupo de ultraderecha contra el juez Garzón por abrir un proceso contra Franco y los asesinos del régimen. Los asesinos siguen impunes y el que intenta juzgarlos es el delincuente. Y todos tan tranquilos.
2.- Mariano Rajoy no tiene reparos en anunciar que si ganan las elecciones europeas el Tribunal Superior de Justicia de Valencia archivará el caso contra Francisco Camps, porque el Presidente de la Sala que lo juzga es su amigo. Y todos tan tranquilos.
3.- El Tribunal Constitucional rectifica una sentencia del Supremo que ilegalizaba una candidatura compuesta por Terroristas tan peligrosos como Alfonso Sastre (Premio Nacional de Literatura Dramática en 1993), Doris Benegas y Nines Maestro, dando una lección de democracia y “constitucionalismo” al Gobierno, a la Ley de Partidos y a todos sus adalides. Y todos tan tranquilos.
4.- Rosa Díez, la Luchadora por la Libertad de los Pueblos, se apunta a la teoría de la conspiración del 11-M pidiendo la reapertura del caso. Hasta cierto punto es lógico: las deudas hay que pagarlas. Y todos tan tranquilos.
5.- Un cardenal de cuyo nombre no quiero ni acordarme espeta que el aborto es mucho más grave que los abusos cometidos contra los alumnos en “unos cuantos” colegios católicos. Y nadie le mete en prisión por hacer apología de la pedofilia. Todos tan tranquilos.
6.- Al PP sólo le preocupa que Zapatero vaya a los mítines en un avión militar. Al PSOE sólo le preocupa lo que hacía Aznar. Los nacionalistas van a lo suyo. Algunos como el BNG piden que el gallego sea idioma oficial en Europa. IU anda a ver lo que cae proponiendo la paralización del Plan Bolonia. Todo es una inmensa y premeditada ceremonia de la confusión. Y todos tan tranquilos.
7.- Una niña de dieciséis años no está capacitada para tomar por si sola la decisión de abortar, pero sí para ser madre. Parménides y Aristóteles arrancándose la barba. Y todos tan tranquilos.
8.- El Betis baja a segunda y se monta una revolución. Ahí sí que no están todos tan tranquilos.
El próximo día 7 de junio los españoles están convocados a las urnas. La gran mayoría de ellos no saben lo que van a votar ni para qué. Unos votarán para echar a Zapatero, otros para que metan en la cárcel a Camps, algunos para poner en su sitio a Chaves y algún ingenuo para que dimita Esperanza Aguirre. Se nos dirá que hay que ir a votar con la nariz tapada, que hay que votar para que todo cambie, para darle una lección a los políticos, para demostrar la madurez y la responsabilidad del pueblo o quién sabe para qué zarandajas más. Cabe otra posibilidad más: la de no votar. La de demostrar a nuestros malhadados y malhadadas salvapatrias que lo mejor que pueden hacer es coger el portante y marcharse por donde ha venido. Y empezar de nuevo.

viernes, 29 de mayo de 2009

Cinismo y demagogia: los argumentos políticos del PP

El fundamento último de un Estado de Derecho es la separación de poderes. Y la base de la separación de poderes es que cualquiera que comete un delito debe ser juzgado y condenado por aquellos que tienen encomendada esta tarea, los magistrados, independientemente de su profesión o de su cargo. De hecho, el propio Estado está sometido a la ley, de ahí precisamente que sea un Estado de Derecho.
Sirva esta introducción como aclaración somera de por qué la defensa a ultranza que hace el PP y sus voceros de Francisco Camps está corrompiendo la esencia de la Democracia y del Estado de Derecho. Atendiendo al principio de separación de poderes, no son las urnas las que juzgan los delitos que cometen los políticos. Por eso, el hecho de ganar unas elecciones, incluso por mayoría absoluta, no les exime de ser unos delincuentes, más bien lo único que demuestra es la ignorancia y la desinformación de los votantes. Afirmar, como ha hecho el señor Rajoy, que las elecciones europeas demostrarán la inocencia de Camps, de las que saldrá puro como un angelito, otorgar a los votantes un poder que no les corresponde en un sistema democrático, es una torsión, una subversión del mismo que hace mucho siglos que tiene nombre: se llama Demagogia, y Aristóteles la calificó como la corrupción de le Democracia. No son los electores los que tienen que demostrar la inocencia o la culpabilidad de un cargo político. Primero, porque es muy peligroso, y segundo porque no es esa su función. Son los Tribunales, un poder del Estado independiente del Legislativo y del Ejecutivo. En esto consiste –y se supone que el señor Rajoy lo sabe, no tanto Pedro Jota o Federico- la división de poderes y el Estado de Derecho
No es este el único desliz demagógico que han tenido los dirigentes del PP estos últimos días. La señora Esperanza Aguirre (como no, la Gran Demagoga) ha querido poner su granito de arena en la deriva democrática de los populares y no ha tenido pelos en la lengua a la hora de afirmar que las elecciones europeas deben ser una moción de censura contar el Presidente del Gobierno. Otra vez se está otorgado a las urnas un poder del que no están revestidas. El sistema político tiene muy claros cuáles son los mecanismos adecuados para establecer una moción de censura contra el Gobierno, algo que sólo puede hacer el Parlamento, el poder legislativo. Si tantas ganas tiene el PP de censurar al señor Rodríguez Zapatero debería seguir los cauces habituales y presentar la moción en el Congreso, no azuzar demagógicamente a las masas para convencerlas de que su voto en unas elecciones en las que no está en juego la formación de gobierno pueden servir para cambiarlo. A lo sumo esto sería un motín, una algarada, demagogia, en suma, pero no Democracia.
Estos arranques demagógicos se combinan con algo mucho más burdo: la propaganda del PP para las elecciones europeas, que resulta un ejemplo paradigmático de desinformación política. Se da por supuesto que, si el PP gana estas elecciones, se van a solucionar el paro, la crisis y todos los problemas del país. Incluso parece que el candidato es el señor Rajoy, y no el señor Mayor Oreja. Para empezar habría que explicar en qué consisten las elecciones: cómo los diputados elegidos se van a integrar en unos grupos políticos multinacionales en el Parlamento de Estrasburgo, lo que significa que una victoria en España, a nivel europeo, que es de lo que se trata, no supone absolutamente nada. Las elecciones son europeas, así que el PSOE seguirá en el poder gane o pierda, y el paro y la crisis seguirán ahí, gane el PP o no gane. Básicamente porque son problemas internos de España que no se solucionan en el Parlamento Europeo. No decir esto, presentar las elecciones como unas elecciones nacionales en las cuales si gana el PP accederá al poder para propiciar un cambio de gobierno es simplemente engañar a los votantes. Y estos irán a votar al PP bajo estas condiciones sin saber qué es lo que están votando. No es de extrañar que al día siguiente muchos electores se pregunten indignados e ignorantes por qué el señor Rodríguez Zapatero sigue siendo Presidente del Gobierno. Y las moscardas pseudoperiodísticas que revolotean alrededor de la corrupción popular exigirán –igual de indignados pero mucho menos ignorantes- su inmediata dimisión obedeciendo al mandato de las urnas. Bazofia, cinismo y demagogia

viernes, 22 de mayo de 2009

PP: el partido "devora-todo"

En los últimos días el PP ha ofrecido a los ciudadanos dos muestras más de su vocación de servicio a la sociedad y de su compromiso con la comunidad. O más bien habría que decir de su vocación de servicio a su afán de poder y de su compromiso con su cuenta corriente. Estas dos demostraciones recientes de la actitud política, cívica y democrática de este partido se llaman Francisco Camps y Federico Trillo. Y si se vuelve necesario hacer referencia al partido en su conjunto y no a dos casos particulares –como hubiera sido lo lógico- es porque éste, en su obsesión por vender a sus potenciales votantes una unidad que ni por asomo existe en su entramado interno –véase si no la capacidad unificadora que demuestran los casos de espionaje de Madrid o la relación fraternal entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón-, ha cerrado filas en torno a estos dos personajes, defendiéndoles a capa y espada, asumiendo de esta forma sus actos y convirtiéndose por tanto en cómplice de sus fechorías.
Claus Offe define a los partidos políticos modernos como partidos “asume-todo”, en el sentido en que están dispuestos a hacer suya cualquier causa política, aunque sea contraria a su ideología, siempre y cuando pueda reportarles un rédito electoral. El PP ha llevado esta caracterización hasta sus últimas consecuencias y se ha convertido en un partido “devora-todo”, de tal manera que no tiene ningún recato en apropiarse de todo lo que su posición de poder le ponga al alance de la mano, ya sean ideologías políticas, más cota de poder, comisiones de constructores o sobornos de todo aquél que desee alguna prebenda. En el fondo todo acaba en lo mismo: en la defensa de sus propios intereses y de su bolsillo.
Al señor Camps le están juzgando sus amiguetes de Tribunal Superior de Justicia de Valencia. Y aún así no han tenido más remedio que seguir manteniéndolo como imputado por aceptar sobornos de un tal “Bigotes”. Durante más de un mes este sujeto –Camps, no el “Bigotes”- ha estado clamando por su inocencia y exigiendo que se le llamara a declarar para poder contar la verdad y demostrar aquella. Y cuando llega el momento lo único que se le ocurre decir es que aceptó regalos sin ofrecer nada a cambio –nadie regala nada a un político sin esperar nada a cambio, esto es un axioma social, y, en caso de ser así, la propia ética y la decencia del cargo en cuestión le deben obligar a rechazarlo- y que sus trajes los pagó en metálico –debe ser el único español que no utiliza tarjeta de crédito- con el dinero que su mujer le daba de la caja de la farmacia de la que es titular –seguramente en este momento las carcajadas en la sala del Tribunal fueron tales que el juez se vio obligado a desalojarla- y que, mira tú por donde, no tiene las facturas. Y todavía manifiesta estar muy contento con su declaración. Hay que ser un auténtico imbécil o un cínico redomado para estar contento después de haber cavado tu propia tumba (en este caso, política). En Gran Bretaña, por un escándalo parecido, el Presidente de la Cámara de los Comunes ha dimitido, hay unos cuantos diputados encausados y se preparan leyes para controlar el patrimonio de los parlamentarios. Aquí nos tenemos que conformar con aguantar la nívea sonrisa del señor Camps en todos los medios de comunicación.
En el caso del señor Trillo se ha eliminado de un plumazo lo que desde sus orígenes ha constituido la columna vertebral del Ejército: la disciplina y la cadena de mando. Resulta que dos generales han tomado una decisión tan delicada como repatriar unos cadáveres incorrectamente identificados sin consultar siquiera a su jefe directo que es el Ministro de Defensa. Y resulta que el Ministro de Defensa, que es el mando supremo del Ejército después del Rey y del Presidente del Gobierno (que por aquella época era el señor Aznar) no sólo no había dado ningún tipo de orden en un asunto tan grave como la identificación y la repatriación de unos militares muertos en un país extranjero, sino que no se había enterado de nada y por lo tanto no tiene ninguna responsabilidad. Si a un soldadito se le ocurre actuar a margen de las órdenes de su sargento el “puro” puede ser considerable, tanto para él como para el sargento.
Y mientras tanto los medios de comunicación afines al PP, que son la mayoría, siguen a lo suyo: el 11-M, la crisis y el aborto, cumpliendo escrupulosamente su importante labor de desinformación. Hasta el punto que, a pesar de todo, el PP está en posición de ganar las próximas elecciones. Ciertamente una ciudadanía idiotizada no se merece otra cosa.

viernes, 15 de mayo de 2009

11-M: Federico, pala y pico

Federico y Pedro Jota vuelven de nuevo al contraataque con su tema estrella, que parece que se ha convertido en el leit-motiv de su existencia, en una segunda piel en la que se encuentran mucho más cómodos que en la suya original cubierta de escamas. La situación política y económica es ideal para que la aparición de nuevas dudas y sospechas sobre los atentados del 11 de marzo resulte altamente beneficiosa para sus bastardos intereses. El caso es que estos hechos hace tiempo que quedaron aclarados en los tribunales de justicia y todavía mucho más tiempo –casi cinco minutos después de que estallaran los trenes- que lo estaban en el sentido común.
Desde un punto de vista judicial, ni el nuevo perito ni el nuevo informe que ahora aparecen como por arte de magia (o más bien por arte de quien ha pagado el informe) para intentar demostrar que lo que explotó en los trenes no era lo que se dijo y sí era lo que no se dijo, o se dijo pero no se creyó, son tan nuevos. El famoso perito es miembro de la Asociación de Víctimas del Terrorismo –asociación que se puso descaradamente de parte del Gobierno del PP, de la tesis conspiratoria y de la idea de que los autores del atentado no eran radicales islámicos- y ya actuó como tal en el juicio a petición de la acusación particular –acusación particular a la que el juez tuvo que llamar al orden porque en vez de acusar, como era su deber jurídico y constitucional, parece que defendía a los encausados- presentando el mismo informe, quizás algo menos extenso, eso sí. Un informe que fue rechazado por todos los demás expertos que declararon, que coincidían en que, a lo sumo, resultaba imposible determinar el tipo de explosivo que se había utilizado (entre otras cosas porque el almacenamiento conjunto de distintos tipos de dinamita las había contaminado, de tal forma que determinados compuestos químicos de un tipo podían hallarse presentes en otro) pero de ninguna manera asegurar que no era Goma 2 ECO y sí Tytadine. Sin nuevas pruebas, y no las hay, no se puede reabrir un sumario, como ya están exigiendo Pedro Jota y Federico, que no tardarán en pasar a la siguiente fase, consistente en acusar a los jueces que cumplen la legalidad de intentar ocultar la verdad.
Por lo que hace referencia al sentido común, a ninguna cabeza sana y decente le cabe pensar que ETA y Al Qaeda actuaron juntos (básicamente porque para los terroristas islámicos los terroristas vascos son infieles). Puestos a elucubrar podrían plantearse otras hipótesis conspiratorias. Por ejemplo, que al Gobierno del PP le interesaba un atentado de ETA para asegurar una elecciones que se le estaban escapando de la manos gracias a sus brillantes actuaciones en el caso del Prestige y en la Guerra de Irak. No es la primera vez que el PP gana unas elecciones gracias a los muertos que pone ETA y en el fondo es lógico: electoralmente el terrorismo siempre beneficia a los partidos que prometen más mano dura. Por eso, y conociendo el riesgo de un atentado islamista por los informes del CNI, decidieron ignorarlo. Y por eso cuando estallaron las bombas no perdieron un segundo en acusar a ETA –era algo que esperaban- cuando todos los expertos en terrorismo del mundo, incluidos la CIA y los Servicios Secretos israelíes –que incluso mandaron un equipo a España que es razonable pensar que no vino a investigar a los vascos- estaban de acuerdo en que era obra de terroristas islámicos. Al final les salió el tiro por la culata pero ahí estaban sus perros mediáticos para provocar un golpe de Estado civil. Por supuesto esta es una mera hipótesis que cuenta con las mismas pruebas que la otra: ninguna. Y posiblemente sea una canallada, pero no más que lo que Federico y Pedro Jota dicen y escriben todos los días. En todo caso es más plausible que la existencia de una conspiración secreta entre ETA, el PSOE, los Servicios Secretos marroquíes (a todo esto la Inteligencia Francesa, que conoce de forma automática hasta el vuelo de una mosca si éste se produce en el Norte de África, sin enterarse), el CNI, la Guardia Civil, la Policía y Al Qaeda. Y todo esto no para dar un vuelco al orden mundial, sino tan sólo para conseguir que el PP no ganara las elecciones.
No necesitamos saber la verdad porque ya la sabemos. El Gobierno se dio cuenta de que había cometido un error ignorando los informes del CNI y de que se podía beneficiar electoralmente de los atentados, y mintió para proteger sus intereses. Y lo peor es que hubo y hay gente que, bien por ignorancia supina bien por excesiva buena fe, les creyó y les cree -al PP y a sus mamporreros-. A Federico ya le han condenado por difamar a Alcalde de Madrid faltando a esta misma verdad, con lo cual es de suponer que ahora también pedirá la suspensión de este juicio. El porqué siempre vuelven sobre lo mismo sí sería un tema para una trama conspiratoria.