viernes 10 de julio de 2009

Burricie

Si alguien se pregunta cuál es el futuro político que le espera a España le resultará muy sencillo resolver sus dudas. Basta con que gire su mirada un poco hacia el este, hacia las costas de Italia, para descubrir el paraíso que nos espera. Aunque, pensándolo bien, es evidente que esta afirmación resulta exagerada: los españoles ni siquiera valemos para eso. Como de costumbre llegaremos tarde y no seremos capaces de encontrar a un tipo que represente tan bien el cinismo como Berlusconi. Nuestros Camps, Fabras o, por qué no, Florentinos, son tan sólo malos aprendices.
Cuando hay canales de televisión –financiados vaya usted a saber por quién- que califican de indecentes las fiestas del Orgullo Gay o consideran inmoral que dos hombres o dos mujeres se besen en en la calle, a mí se me ocurre que lo indecente y lo inmoral es que, en plena crisis –aunque uno ya empiece a dudar de su existencia- ochenta mil personas –por llamarlas de alguna manera- se junten para babear delante de ese autodenominado esclavo moderno, que no se llama Espartaco, no, porque a lo que parece ahora su nombre es CR9 –como algún robótico personaje de La Guerra de las Galaxias-. Un esclavo moderno por el que se han pagado cerca de cien millones de euros, lo que viene a ser unas tres mil veces (tirando por lo bajo) el presupuesto de cualquier Instituto de Educación Secundaria –público, por supuesto-. Es de suponer que, según la Ley del Diez por Ciento, entre esos ochenta mil individuos habría al menos ocho mil parados. Es de esperar que después de estos fastos ya nunca más acusen al gobierno ni a nadie de su situación, en vista de que la aceptan tan deportivamente, y el año que viene puedan pagar la hipoteca y dar de comer a su familia con las victorias de su equipo del alma y los goles de su amado CR9.
Pero lo más indecente e inmoral de todo este asunto es que esos cien millones han salido de una entidad bancaria a la que el Estado ha regalado dinero. Una entidad que seguramente habrá negado créditos infinitamente menores a empresarios que podían haber creado con ellos puestos de trabajo –no, claro está, para los fans de CR9, que no los necesitan- o a particulares que podrían haber servido para reactivar el consumo. Cien millones de euros tirados literalmente a la basura. Estupendo.
Este ha sido siempre un país de hidalgos, lo que viene a querer decir que se trata de trabajar lo menos posible. Ya resulta repetitivo hablar de la ausencia de Ilustración o de la influencia de las más variadas supersticiones en la mentalidad de los españolitos. Pero eso no quita para que cuanto más chorizo y delincuente se sea más posibilidades se tengan de ganar una elecciones –como ha quedado demostrado en los últimos comicios europeos- precisamente porque en el ideario del pícaro de los votantes se admira y se valora la capacidad de hacerse rico dando cuanto menos golpe mejor. Eso sí, si a alguien se le ocurre cumplir con su trabajo –ya sea éste un juez, un profesor o un miembro del PAS de la Universidad, por poner un ejemplo- entonces sus propios compañeros se volverán contra él, se le marginará y sus jefes le someterán al más implacable acoso laboral. Si existe un rechazo hacia los inmigrantes no es por razones racistas o xenófobas: es porque han venido a trabajar, y encima van y lo hacen.
Ahora resulta que la nueva generación es la del “ni, ni”. Ni trabaja, ni estudia. Algún sesudo pedagogo nos dirá que es porque a los adolescentes actuales la sociedad no les ofrece un futuro. La realidad es que resulta mucho más cómodo hacerse famoso en OT o en GH que invertir cinco años en unos estudios universitarios o pasar ocho horas diarias en un taller. El modelo es CR9: hacerse millonario dando patadas a una pelota. Después de esta crisis los parámetros económicos van a cambiar y el desarrollo va a radicar en la exportación de tecnología, lo que supone contar con generaciones cada vez más cualificadas y preparadas. Esto es algo que Obama ha visto muy bien y por eso lo primero que ha hecho ha sido reformar el sistema educativo de los Estados Unidos. Aquí, en cambio, seguimos con la tecnología del botijo. No hace mucho una reputada científica me dijo que este país sólo podía exportar burricie. Pues eso. ¡Florentino presidente!.

viernes 3 de julio de 2009

¿Qué pasa en Honduras?

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que la equidistancia resulta inmoral cuando se refiere a determinados hechos. Sería deseable que esta apelación a la inmoralidad de un posición neutral cuando se trata, por ejemplo, de terrorismo, se trasladara a otros acontecimientos igual de graves, si no más. El mundo entero ha condenado el golpe de estado en Honduras. Sin embargo esa condena no ha sido sin paliativos –por mucho que el señor Moratinos haya conseguido que los países de la UE retiren a sus embajadores en Tegucigalpa- y en muchos ambientes se ha deslizado un matiz que se acerca peligrosa, e inmoralmente, a una posición equidistante. Se considera que el presidente hondureño habría cometido una ilegalidad previa desobedeciendo al Parlamento y a la Corte Suprema y convocado un referéndum para eliminar de la Constitución el límite del mandato presidencial. Este matiz –que es el que ha utilizado el golpista Micheletti para afirmar que en Honduras no ha habido un golpe de estado- es el que demarca la postura oficial de las democracias occidentales: el orden constitucional debe restablecerse, los golpistas deben retirarse y el presidente Zelaya debe volver al país para ser juzgado, condenado y encarcelado por actuar en contra de la legalidad. A continuación se celebrarían elecciones en las que alguien se encargaría de que ganaran los que ahora se han hecho con el poder por medio de las armas. Debería recordarse que este matiz es el que se utilizó en España para justificar un golpe militar, una guerra civil y cuarenta años de represión: que el gobierno de la República incumplía las leyes del Estado. Y las excusas que está utilizando en oligarca Micheletti son una copia exacta de las que usaba Franco en 1936.
Un régimen político puede legitimarse de dos maneras: por legitimidad de origen, según la cual un régimen es legítimo cuando surge de un proceso democrático, y por legitimidad de ejercicio, que viene dada por el cumplimiento de las leyes del Estado. En el caso que nos ocupa el presidente depuesto tendría legitimidad de origen –eso, afortunadamente, nadie lo pone en duda-: llegó al poder gracias a unas elecciones democráticas limpias, pero no tendría legitimidad de ejercicio, que estaría en el Parlamento y el Poder Judicial que dio orden, supuestamente, al Ejército de secuestrar al presidente Zelaya. Ahora bien, ese mismo Parlamento pierde su legitimidad de ejercicio –la de origen no la tiene- cuando anula la Constitución que dice defender. No estaría entonces legitimado de ninguna manera y el señor Zelaya no sólo tendría legitimidad de origen, sino también de ejercicio cuando se enfrenta a un Parlamento ilegítimo. En este sentido, de todas formas, las democracias occidentales no pueden dar precisamente ejemplo. Es dudoso que el señor Bush tuviera legitimidad de origen. En cuanto a la legitimidad de ejercicio las actuaciones de Aznar y Blair durante la guerra de Irak, a las más recientes de Berlusconi son casos lo suficientemente relevantes. Los que acusan al señor Zelaya de querer instaurar un régimen comunista en Honduras han debido de olvidar que durante los años ochenta fue uno de los Estados terroristas más sanguinarios del mundo. Eso, o es que son los mismos que quieren recuperar lo que perdieron.
En cuanto al papel que los Estados Unidos juegan en todo este asunto resulta digno de investigación. A estas alturas de la película a nadie se le escapa que no se da un golpe de estado desde Méjico hasta Argentina sin contar, si no con el apoyo, al menos con el beneplácito de la CIA. Sin embargo, la Administración Obama se ha apresurado a condenar el golpe y a exigir que vuelva el orden constitucional. Hay algo raro en todo esto. A poco que se piense uno se da cuenta de que utilizando a los golpistas hondureños y luego abandonándolos a su suerte los Estados Unidos cubren tres objetivos fundamentales: quedan como campeones de la democracia, se quitan de enmedio a un personaje incómodo como Manuel Zelaya y neutralizan la influencia de Hugo Chávez en la zona. Hay que reconocer que, de ser cierto, esta vez lo han hecho muy bien. Que se preparen Ortega, Correa, Morales y los demás.

domingo 28 de junio de 2009

Tontos felices

Los niños españoles son los segundos más felices de Europa, por detrás de los holandeses, y los que más fracaso escolar cosechan, tan sólo por delante de los de Malta y Portugal, que no son tan felices como los de aquí. Lo que se desprende de estos datos es que los críos de este país están tremendamente mimados (algo que cualquiera puede comprobar echando un simple vistazo a su alrededor), que nadie les enseña a esforzarse lo más mínimo para conseguir lo que quieren y que, da igual lo que hagan, se les premia. Si el niño suspende todo da lo mismo porque su papá le comprará la “wii”, para que no se deprima el pobrecillo. Es fácil darse cuenta de que los menores españoles están sobreprotegidos y eso necesariamente conduce al desastre social. A una sociedad sin proyectos de futuro a la que sólo mueve la satisfacción inmediata del día a día. La filosofía del “Gran Hermano” y de “Operación Triunfo”:conseguir lo máximo con el mínimo esfuerzo. Una generación de tontos felices.
Como es lógico hay un interés político en todo esto. Para los detentadores del poder son preferibles estos tontos felices a los individuos preparados que en cualquier momento pueden pone en un brete la actuación de los que mandan. Así, que nadie espere que esto cambie -por mucho que la clase política se tire de los pelos y prometa todas las mejoras que se les ocurran- aunque en el mundo altamente tecnificado en el que ya vivimos esto nos lleve a la competitividad cero y al colapso económico.
Todo esto tiene que ver con la vieja idea cristiano-burguesa de que el objetivo último del hombre es alcanzar la felicidad. No el conocimiento, ni la autonomía, ni la libertad, ni el desarrollo humano. Quizás esta búsqueda de la felicidad podía tener algún sentido en el contexto en el que la enuncia Aristóteles, pero ya Kant la sustituyó por el deber como centro alrededor del cual gira todo el comportamiento moral, aduciendo algo tan de sentido común como que alguien podría no querer ser feliz. Hoy en día, sin embargo, esta felicidad a la que se apela como horizonte supremo tiene un componente paradójico, precisamente por su doble vertiente cristiana y burguesa. Por un lado, la psicología oficial recoge la consideración cristiana y nos dice que la felicidad tiene que ver con el conformismo, con no desear más de lo que se tiene, con el viejo pensamiento estoíco del que se nutre la moral cristiana. Por otro, las instancias económicas se ciñen a la consideración burguesa y nos animan a endeudarnos cada vez más para tener una casa más grande, un coche más potente, un cuerpo más esbelto o irnos más lejos de vacaciones, y así ser más felices.
En todo caso, y a nivel social, las concepciones cristiana y burguesa coinciden, y así parece que todo el mundo está de acuerdo en que la felicidad es contentarse con lo que uno tiene. Aceptar la posición que te ha tocado, ocupar tu lugar en el ciclo de la vida o no desear a la mujer de tu prójimo. Cuantas menos aspiraciones se tengan más fácil será alcanzar la felicidad: casarse, tener hijos y comprar un piso en el extrarradio. No más. El prototipo de la vida buena. No cabe duda de que políticamente hablando es altamente recomendable que los ciudadanos intenten ser felices por todos los medios a su alcance. Y ese es el mensaje que continuamente se lanza: a pesar de todo hay que ser feliz. Un desgraciado que no aspire a escapar de su desgracia será feliz, aunque siga siendo un desgraciado. Un tonto que se conforme con serlo y no intente salir de su estulticia será feliz, aunque siga siendo tonto. Un tonto feliz: un ciudadano modelo.

viernes 19 de junio de 2009

La justicia de Judas

A nadie debería extrañar que los obispos españoles consideren injusto el derecho al aborto, que consideren, en suma, que existen derechos que son injustos. Dejando a un lado el cinismo personal de cada uno de ellos, cualidad que es más que seguro que fue muy tenida en cuenta a la hora de obtener sus cargos, la Iglesia Católica se edifica sobre un concepto bastardo y pervertido de justicia. Ahí está para demostrarlo el caso del pobre Judas Iscariote
La figura de Judas es de las que más llaman la atención de todas las que componen la mitología cristiana. En primer lugar porque él es el verdadero creador del cristianismo. Si Judas hubiera decidido no denunciar a Jesús, éste no habría sido ejecutado y, teniendo en cuenta que esta ejecución es el verdadero motor del surgimiento del cristianismo y su auténtico leit motiv, éste último no hubiera existido. Y en segundo lugar porque en él se reúne y personifica todo el absurdo de la religión cristiana.
Una de las ideas claves del cristianismo es que el ser humano es libre de pecar o no pecar. La propia humanidad se sustenta sobre esta capacidad de decisión: Adán pudo escoger entre Dios y una mujer y escogió a la mujer –lo que de paso explica la concepción machista y misógina del cristianismo en general y del catolicismo en particular-. El pecado es el constituyente último del ser humano. Ahora bien, si éste no fuese libre aquél no tendría sentido –no se puede acusar a nadie por hacer algo que no está en sus manos no hacer, que está obligado a realizar de forma necesaria- y todo el cristianismo se hundiría en su propio absurdo. Si no hay pecado la muerte de Cristo –que supuestamente se produce para lavar la culpa de los hombres- no es necesaria.
Puesto que el cristianismo se establece sobre la muerte de Jesús y el hecho causal de ésta es la denuncia de Judas, la cuestión a plantear es si éste era libre de delatarlo o no. Si hubiera sido realmente libre podría tanto haber besado a Jesús como no hacerlo. Si no lo hubiera hecho, y siguiendo el relato mitológico del cristianismo, Jesús no hubiera sido crucificado y hubiera muerto de viejo, la humanidad no se habría salvado, el Plan de Dios no se hubiera cumplido y el cristianismo no existiría. De hecho, la propia pregunta sobre la capacidad de decisión de Judas se torna absurda, pues falta el contexto desde el cual se lanza y le da sentido. Si Judas hubiera sido libre el cristianismo se vuelve contradictorio en sí mismo o, en el mejor de los casos, en una casualidad. Con lo cual cabe pensar que Judas no era libre de no denunciar a Jesús.
Si Judas no era libre, entonces no puede ser condenado. Judas habría denunciado a Jesús no por su voluntad, que no es una voluntad libre, sino por la voluntad de Dios, porque Dios así lo habría decidido. De esta forma el que denuncia a Jesús es Dios –su propio padre, no lo olvidemos- a través de Judas, que no es más que una correa de transmisión de los designios divinos. Dios condena a dos inocentes (Judas y Jesús) sabiendo que lo son, para salvarse a sí mismo, en un acto de suprema injusticia. Si Judas no es libre la humanidad tampoco lo es, no puede elegir no pecar y no necesita ser redimida. La muerte de Cristo es entonces inútil para su propósito inicial, la redención del ser humano, y al único que beneficia es a Dios, pues sobre ella asienta su dominio sobre éste.
Aún es posible ir más allá. Según la religión católica Dios y Jesucristo son la misma persona. Siendo esto así, y teniendo en cuenta las argumentaciones anteriores, lo que se concluye es que es Cristo el que se denuncia a sí mismo y acusa a Judas para salvarse. Cristo se condena y no se condena a muerte, con lo cual el cristianismo se revela como contradictorio y esencialmente injusto.
El Tribunal Supremo, a instancias de la Conferencia Episcopal, prohibió apostatar a los católicos forzados que lo desearan. Esperemos que esto sirva como modesta aportación para iluminar a nuestros obispos y ayudarles a cambiar de opinión. Es de esperar que no hablen por hablar y lleven a cabo de manera efectiva su amenaza de excomunión, pues estas líneas si se han escrito desde la más absoluta y responsable libertad.

viernes 12 de junio de 2009

Modernos

El señor Rajoy es un demagogo y un irresponsable que después de las elecciones europeas sigue jugando a dos barajas: por un lado no se atreve a presentar una moción de censura en el Parlamento y por otro sigue permitiendo que los jefes de su partido azucen a la masa para que ésta propicie la caída del Gobierno. A pesar de todo hay veces que tiene razón, y cuando eso ocurre es de justicia dársela.
Tiene razón el señor Rajoy cuando afirma que eso del bautismo civil es un ridículo interplanetario. Más que interplanetario se diría que intergaláctico. Por supuesto que cada cual es muy libre de hacer el ridículo como le parezca conveniente, y puede comportarse como un pijo redomado si ese es su deseo. Pero también es cierto que a un cargo público no se le ha elegido para que lo haga –ni el ridículo ni lo que le pida el cuerpo-. Si la señorita Cayetana Guillén quiere bautizar laicamente a su hijo, o por el rito venusiano, o darle una bienvenida social, o como quiera que esto póngidos albinos de la “super-nueva-ola-progre-guay” quieran llamarlo, pues que lo haga. Está en su perfecto derecho como lo estamos todos los demás de partirnos de risa ante semejante disparate. No debería pues ofenderse por ello, aunque lo que esté buscando sea vender el reportaje a las revistas del corazón para ganarse los garbanzos.
Ahora bien, que el señor Pedro Zerolo, -un cargo electo de PSOE- ejerza de maestro de ceremonias de semejante absurdez demuestra que, o bien ha perdido el seso, o bien que la oposición política al PP en Madrid ya no sabe qué hacer para llamar la atención. Y aún se preguntan por qué pierden unas elecciones, crean comisiones internas y sesudos analistas políticos gastan tinta y papel intentando desentrañar las razones de la abstención de los votantes de izquierda. En todo caso, con semejante oposición –y si lo único que se les ocurre hacer son saraos como éste- tenemos Esperanza Aguirre para rato.
Un bautizo laico es un contrasentido y una contradicción manifiesta como pocas. En tres palabras, el bautismo es católico. Todo lo demás, como muy bien dice el señor Rajoy, es hacer el ridículo. Lo que les pasa a todos estos progres de cartón y de colegio de curas –o monjas- es que echan de menos las ceremonias religiosas de su infancia, en las que se formaron y en las que todavía creen. Pero, como son tan de izquierdas, tienen que inventarse memeces como el bautismo civil o el supuesto interés turístico de las procesiones de Semana Santa para poder disfrutar de ellas sin correr el riesgo de que les confundan con carcas casposos. En este caso el señor Bono es mucho más consecuente cuando pretende homenajear en el Congreso a una monja fundamentalista. Al fin y al cabo él nunca ha ocultado su catolicismo de golpe de pecho y misa diaria.
En realidad esto no es más que otra moda de esa supuesta nueva izquierda que, no se sabe si será nueva –más bien insensata- pero desde luego no es izquierda ni nada que se le parezca y hace ya mucho que ha perdido el norte. Más bien es izquierda folclórica en la línea de los “okupas” superconcienciados con la problemática social que no dejan vivir al vecindario con su música estridente, sus borracheras, sus vómitos y sus meadas, o los nuevos antifascistas niños de papá. Algo más que añadir al multiculturalismo tonto, la cocina deconstructiva, el ecologismo de escaparate, la vida sana por decreto o la Santa Cruzada contra el tabaco. Una trivialización de la vida social que vacía de contenido cualquier pensamiento serio de izquierda y una demonización de la libertad individual.

viernes 5 de junio de 2009

Aquí huele mal y todos tan tranquilos

Este país apesta cada día más. Y apesta no cómo el reino de Dinamarca, dónde aún se podía captar un aroma más o menos romántico, sino como un corral donde durante mucho tiempo han fermentado los restos de una dictadura que se encargó de dejarlo todo atado y bien atado. Como no es cuestión vomitar más de lo necesario, porque ni los estómagos más fuertes podrían aguantar una descripción pormenorizada de los acontecimientos de las ultimas semanas, se va a ofrecer tan sólo una relación somera de algunas –tan sólo algunas- de las perlas con las que nos han regalado nuestros prohombres y promujeres. Y no se diga que lo que viene a continuación es una muestra de la baja calidad de nuestra clase política. Cada pueblo tiene la clase política que se merece –a la que vota y a la que sigue el juego- y cualquiera con dos dedos de frente podría elaborar una lista similar, incluso mayor. Si no se hace es simplemente porque no se tienen esos dos dedos de frente. Todo el mundo se queda tan tranquilo preocupándose tan sólo por lo mal que lo debe estar pasando la pobre Belén Esteban. Lo del franquismo sociológico es mucho más que una frase oportuna de D. Manuel (Fraga). Es una realidad que todos los que cogen el metro o un autobús pueden comprobar de manera sangrante. Pero dejemos las disquisiciones y echemos un vistazo a las hazañas de los próceres de la patria.
1.- El Tribunal Supremo admite una querella de un grupo de ultraderecha contra el juez Garzón por abrir un proceso contra Franco y los asesinos del régimen. Los asesinos siguen impunes y el que intenta juzgarlos es el delincuente. Y todos tan tranquilos.
2.- Mariano Rajoy no tiene reparos en anunciar que si ganan las elecciones europeas el Tribunal Superior de Justicia de Valencia archivará el caso contra Francisco Camps, porque el Presidente de la Sala que lo juzga es su amigo. Y todos tan tranquilos.
3.- El Tribunal Constitucional rectifica una sentencia del Supremo que ilegalizaba una candidatura compuesta por Terroristas tan peligrosos como Alfonso Sastre (Premio Nacional de Literatura Dramática en 1993), Doris Benegas y Nines Maestro, dando una lección de democracia y “constitucionalismo” al Gobierno, a la Ley de Partidos y a todos sus adalides. Y todos tan tranquilos.
4.- Rosa Díez, la Luchadora por la Libertad de los Pueblos, se apunta a la teoría de la conspiración del 11-M pidiendo la reapertura del caso. Hasta cierto punto es lógico: las deudas hay que pagarlas. Y todos tan tranquilos.
5.- Un cardenal de cuyo nombre no quiero ni acordarme espeta que el aborto es mucho más grave que los abusos cometidos contra los alumnos en “unos cuantos” colegios católicos. Y nadie le mete en prisión por hacer apología de la pedofilia. Todos tan tranquilos.
6.- Al PP sólo le preocupa que Zapatero vaya a los mítines en un avión militar. Al PSOE sólo le preocupa lo que hacía Aznar. Los nacionalistas van a lo suyo. Algunos como el BNG piden que el gallego sea idioma oficial en Europa. IU anda a ver lo que cae proponiendo la paralización del Plan Bolonia. Todo es una inmensa y premeditada ceremonia de la confusión. Y todos tan tranquilos.
7.- Una niña de dieciséis años no está capacitada para tomar por si sola la decisión de abortar, pero sí para ser madre. Parménides y Aristóteles arrancándose la barba. Y todos tan tranquilos.
8.- El Betis baja a segunda y se monta una revolución. Ahí sí que no están todos tan tranquilos.
El próximo día 7 de junio los españoles están convocados a las urnas. La gran mayoría de ellos no saben lo que van a votar ni para qué. Unos votarán para echar a Zapatero, otros para que metan en la cárcel a Camps, algunos para poner en su sitio a Chaves y algún ingenuo para que dimita Esperanza Aguirre. Se nos dirá que hay que ir a votar con la nariz tapada, que hay que votar para que todo cambie, para darle una lección a los políticos, para demostrar la madurez y la responsabilidad del pueblo o quién sabe para qué zarandajas más. Cabe otra posibilidad más: la de no votar. La de demostrar a nuestros malhadados y malhadadas salvapatrias que lo mejor que pueden hacer es coger el portante y marcharse por donde ha venido. Y empezar de nuevo.

viernes 29 de mayo de 2009

Cinismo y demagogia: los argumentos políticos del PP

El fundamento último de un Estado de Derecho es la separación de poderes. Y la base de la separación de poderes es que cualquiera que comete un delito debe ser juzgado y condenado por aquellos que tienen encomendada esta tarea, los magistrados, independientemente de su profesión o de su cargo. De hecho, el propio Estado está sometido a la ley, de ahí precisamente que sea un Estado de Derecho.
Sirva esta introducción como aclaración somera de por qué la defensa a ultranza que hace el PP y sus voceros de Francisco Camps está corrompiendo la esencia de la Democracia y del Estado de Derecho. Atendiendo al principio de separación de poderes, no son las urnas las que juzgan los delitos que cometen los políticos. Por eso, el hecho de ganar unas elecciones, incluso por mayoría absoluta, no les exime de ser unos delincuentes, más bien lo único que demuestra es la ignorancia y la desinformación de los votantes. Afirmar, como ha hecho el señor Rajoy, que las elecciones europeas demostrarán la inocencia de Camps, de las que saldrá puro como un angelito, otorgar a los votantes un poder que no les corresponde en un sistema democrático, es una torsión, una subversión del mismo que hace mucho siglos que tiene nombre: se llama Demagogia, y Aristóteles la calificó como la corrupción de le Democracia. No son los electores los que tienen que demostrar la inocencia o la culpabilidad de un cargo político. Primero, porque es muy peligroso, y segundo porque no es esa su función. Son los Tribunales, un poder del Estado independiente del Legislativo y del Ejecutivo. En esto consiste –y se supone que el señor Rajoy lo sabe, no tanto Pedro Jota o Federico- la división de poderes y el Estado de Derecho
No es este el único desliz demagógico que han tenido los dirigentes del PP estos últimos días. La señora Esperanza Aguirre (como no, la Gran Demagoga) ha querido poner su granito de arena en la deriva democrática de los populares y no ha tenido pelos en la lengua a la hora de afirmar que las elecciones europeas deben ser una moción de censura contar el Presidente del Gobierno. Otra vez se está otorgado a las urnas un poder del que no están revestidas. El sistema político tiene muy claros cuáles son los mecanismos adecuados para establecer una moción de censura contra el Gobierno, algo que sólo puede hacer el Parlamento, el poder legislativo. Si tantas ganas tiene el PP de censurar al señor Rodríguez Zapatero debería seguir los cauces habituales y presentar la moción en el Congreso, no azuzar demagógicamente a las masas para convencerlas de que su voto en unas elecciones en las que no está en juego la formación de gobierno pueden servir para cambiarlo. A lo sumo esto sería un motín, una algarada, demagogia, en suma, pero no Democracia.
Estos arranques demagógicos se combinan con algo mucho más burdo: la propaganda del PP para las elecciones europeas, que resulta un ejemplo paradigmático de desinformación política. Se da por supuesto que, si el PP gana estas elecciones, se van a solucionar el paro, la crisis y todos los problemas del país. Incluso parece que el candidato es el señor Rajoy, y no el señor Mayor Oreja. Para empezar habría que explicar en qué consisten las elecciones: cómo los diputados elegidos se van a integrar en unos grupos políticos multinacionales en el Parlamento de Estrasburgo, lo que significa que una victoria en España, a nivel europeo, que es de lo que se trata, no supone absolutamente nada. Las elecciones son europeas, así que el PSOE seguirá en el poder gane o pierda, y el paro y la crisis seguirán ahí, gane el PP o no gane. Básicamente porque son problemas internos de España que no se solucionan en el Parlamento Europeo. No decir esto, presentar las elecciones como unas elecciones nacionales en las cuales si gana el PP accederá al poder para propiciar un cambio de gobierno es simplemente engañar a los votantes. Y estos irán a votar al PP bajo estas condiciones sin saber qué es lo que están votando. No es de extrañar que al día siguiente muchos electores se pregunten indignados e ignorantes por qué el señor Rodríguez Zapatero sigue siendo Presidente del Gobierno. Y las moscardas pseudoperiodísticas que revolotean alrededor de la corrupción popular exigirán –igual de indignados pero mucho menos ignorantes- su inmediata dimisión obedeciendo al mandato de las urnas. Bazofia, cinismo y demagogia