Quiero empezar hoy aclarando por qué, una vez más, voy a escribir sobre los sentimientos religiosos, y, más concretamente, sobre su respeto, y la regulación de ese respeto, en la sociedad esta que nos ha tocado vivir y que, al fin y al cabo, hemos construido entre todos. En primer lugar, el responsable de que escriba esto que estoy escribiendo es el gobierno, que lo ha vuelto a hacer y ha colocado en una reforma legal que tiene como objetivo fundamental inmunizar contra cualquier acción legal la esposa y al hermano de su presidente, de ahí el acertado nombre de “ley Begoña”, lo cual está, obviamente mal, con la eliminación del delito de ofensa a los sentimientos religiosos, lo cual está, creo yo, obviamente bien. La otra razón tiene que ver con el show televisivo de las campanadas de fin de año en la televisión pública estatal, espectáculo que yo no vi, pero en el cual parece que una cómica cuyo único mérito para salir en susodicho espectáculo es estar un poquito pasada de peso, mostró una estampita en la cual aparecía la imagen del sagrado corazón de Jesús con la cabeza de la vaquilla del “Grand Prix” (¿?), algo que tampoco sé lo que es. El caso es que todos los medios de la derecha, desde la moderada a la radical, montaron en cólera, lo sacaron en la primera página de sus ediciones y hasta yo, que repito que no vi el show ni se lo qué es el “Grand Prix” y mucho menos su vaquilla, me enteré de que se habían ofendido los sentimientos religiosos de no se cuánta gente, a esa alturas ya de los que vieron el programa navideño y de los que no lo vieron.
Lo que más curioso me resultó, y entro ya en materia, es que los mismos medios de la derecha acusaban a la susodicha de la vaquilla de no atreverse a hacer lo mismo con el Islam, como si los musulmanes no tuvieran sentimientos religiosos que pudieran ser ofendidos. Quizás por eso miraron al tendido cuando varios medios europeos publicaron caricaturas de Mahoma pero se rasgan las vestiduras cuando la caricatura es del sagrado corazón. De la misma manera que los imanes que amenazan de muerte a los que se burlan de Mahoma no amenazan de muerte a los que se burlan de la virgen María. Con lo cual la conclusión a la que necesariamente llego es que en este asunto de los sentimientos religiosos cada cual arrima el ascua a su sardina y los únicos sentimientos religiosos que son susceptibles de ser ofendidos son los de cada uno. Con lo cual volvemos a lo de siempre y con lo de siempre me refiero a la época de la primera cruzada más o menos. Hay una religión que es verdadera, que es la que cada cual considera verdadera porque es la suya y las demás son falsas. Así que nos podemos reír de las religiones de otros porque son falsas pero nadie se puede reír de la nuestra porque es verdadera. Los que no creen en ninguna religión podrían ofender a todas se supone, pero no, más bien lo contrario: tienen que respetarlas a todas, lo cual les supone un plus de respeto que se ahorrarían si profesasen alguna.
Y es que cada uno puede creer en lo que le dé la gana, en la virginidad de la Virgen, en las revelaciones místicas de un pastor analfabeto del desierto, o, como Russell, en una tetera gigante orbitando la tierra. Pero de ahí a pretender que se puedan ofender los sentimientos religiosos de nadie hay un trecho lógico y dialéctico importante. De hecho, cualquier sentimiento es algo tan tremendamente subjetivo que, en puridad, estaríamos constantemente ofendiendo los sentimientos de los otros porque son cristianos, del Atleti o de Cuenca. O simplemente porque cada uno es de su padre y de su madre y tiene derecho a sentirse ofendido cuando le dé la gana, lo cual no significa que nadie le haya ofendido. Y si un sentimiento es subjetivo no digamos nada un sentimiento religioso, que es algo privado y particular de cada uno. En todo caso, siempre he pensado que si alguien se siente ofendido en sus sentimientos religiosos por lo que otro pueda decir o hacer, es que esos sentimientos no son muy firmes. Si uno de verdad tiene fe en algo, nada puede ofenderle.
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