viernes, 16 de octubre de 2009

Pornografía

Hoy se ha dado a conocer la nueva Ley General Audiovisual que entre otras cosas regula los contenidos que las distintas cadenas pueden y no pueden emitir. Llama poderosamente la atención –no tanto por su letra sino por su posible significación- algo de los que todos los medios de comunicación se han hecho eco: la prohibición de emitir pornografía en abierto. Dejando a un lado el cinismo de la prohibición “en abierto” de contenidos eróticos o sexuales, según lo cual aquél que tenga dinero para pagarlo podrá acceder a ellos, de la misma forma que cualquier menor que controle la tarjeta de crédito de su padre –que hay muchos- si esta norma se aplicara de forma estricta el noventa por ciento de los programas –incluidos los informativos- estarían condenados a PPV.
El término “pornografía” procede del griego, como casi todos, y su significado literal es “vergüenza gráfica”. Es decir, la pornografía es la plasmación gráfica de aquello que pueda avergonzar al espectador, o que en sí mismo conlleve algún contenido vergonzante. En otras palabras, la pornografía es la exhibición pública de las vergüenzas, propias o ajenas. Parece bastante claro que, si hablamos de pornografía en estos términos, la significación referente a los actos sexuales más o menos explícitos es una de los muchas que puede adoptar esta palabra.
Dicho esto podemos ensayar un pequeño divertimento acerca de todos aquellos programas –o contenidos de programas- que encajarían dentro de la definición estricta de “pornografía”. Por supuesto, y en primer lugar, los llamados “programas del corazón”, que no tienen ningún reparo en agitar el morbo de los espectadores a base de enseñar determinados comportamientos de los famosetes de turno que deberían quedar en el estricto ámbito de la vida privada. Comportamientos que serían sonrojantes si los periodistas o los protagonistas de sus historias tuvieran un mínimo de vergüenza. Quizás como no la tienen alegarán que, al fin y al cabo, esa carencia elimina todo rastro pornográfico de aquello que hacen. Así y todo, no cabe ninguna duda de que estas emisiones pueden ser calificadas sin ningún género de dudas como pornográficas.
En segundo lugar resultan pornográficos todos los formatos de telerrealidad, desde “Gran Hermano” hasta “Fama” u “Operación triunfo” y los programas tipo “El Diario de… (quien sea)”, donde una serie de lo más heterogénea y cutre de personajes se dedica a contar a todo aquel que quiera escucharles sus vergüenzas más íntimas. Dejando a un lado el hecho de que los participantes en estos programillas sean actores o no, lo que está claro es que son pornográficos en dos sentidos: primero porque consisten única y exclusivamente en sacar a la luz las vergüenzas de sus protagonistas, como ya se ha dicho, y segundo porque causan vergüenza ajena.
En tercer lugar muchos de los contenidos de los informativos son pornográficos. Y si no, no véanse aquellos que están relacionados con la trama “Gürtel”. Los dirigentes del PP enfrascados en una lucha de todos contra todos para intentar quitarse de encima el muerto de la corrupción. Unos que dicen que se van pero no se van, mientras a otros los echan pero no los echan, y al final el que se tiene que ir no se va ni le echan porque resulta que tiene un amigo que es juez y le saca las castañas del fuego. Y mientras tanto unos y otros llenándose cada vez más los bolsillos (qué razón tenía Platón cuando decía que los gobernantes no debían de tener nada en propiedad, porque era la única forma de que no ambicionaran nada). Volvemos de nuevo al caso de los programas del corazón. Aunque está claro que ninguno de estos individuos tiene vergüenza, eso no quita para que esto no sea pornografía dura.
Y por último los programas deportivos, que no contentos con adular, como si de dioses modernos se tratara, a sujetos que cobran millones de euros al año por dar cuatro patadas a una pelota una vez a la semana en un país con cuatro millones de parados, ahora nos sacan a tipos como Maradona diciendo a no se quién que se vaya a chupar no sé qué cosa.
Visto lo visto, lo que menos pornográfico resulta es ver a un señor y a una señora (o a dos señores o a dos señoras) echando un polvo en pantalla. De todas formas, bienvenida sea la nueva ley si va a servir para limpiar la televisión de toda la bazofia que la invade. Aunque me temo que esa bazofia da el suficiente dinero como para poder seguir emitiéndose en horario infantil.

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