Hoy voy a hablar de Íñigo Errejón, como no podía ser de otra forma, pero tampoco voy a hablar de él. Primero porque me da asco. No el señor Errejón, al que no conozco, sino la situación de corrupción generalizada y de todo tipo que nos ha traído esta izquierda renovadora, que ha conseguido que los que éramos de “izquierdas de toda la vida” ahora seamos fachas, y a mucha honra. Quiero más bien usar al señor Errejón, como supuestamente él usaba a las mujeres de su partido y a todas las demás, para referirme a algo que ha dicho y que, con todo el fárrago mediático, ha pasado desapercibido. Dice esta manifestación sensible del pensamiento dialéctico, yo creo que más hegeliano que marxista, que ha sido la vida neoliberal a la que le ha llevado su estancia en la política la que le ha conducido a una serie de contradicciones que han acabado en el escándalo ya conocido. Es precisamente de eso, de la vida neoliberal a la que el señor Errejón culpa de su carrera de abusos a la que me quiero referir.
En primer lugar, no estaría de más dejarle claro al señor Errejón que el liberalismo no tiene la culpa de que él sea un abusador, maltratador y violador, todo ello supuestamente, claro. A no ser que uno sea rousseauniano y considere que es la sociedad, y en esta caso, la neoliberal, la que corrompe al ser humano, que es bueno por naturaleza.
En segundo lugar, y eso no va solo por el señor Errejón, sino por todos los que han construido un discurso, o un relato como se dice ahora, fantasioso y utópico para justificar su ascenso al poder, y también para todos aquellos que, sin haber alcanzado el poder, parece que están muy contentos de que lo hayan alcanzado los que consideran los suyos, en segundo lugar, digo, todos llevamos una vida neoliberal, señor Errejón. De hecho no existe otra vida que la que llevamos todos los habitantes de la tierra, califíquese ésta de neoliberal, de capitalista, de pequeñoburguesa o de cualquier otro calificativo de la misma familia semántica que a uno se le ocurra.
Que cualquier habitante de cualquier país de los llamados del Primer Mundo lleva una vida neoliberal, es algo más que evidente, y ello independientemente del salario que cobre. Todos tenemos un móvil y un coche, o una moto, o una bici o un patinete eléctrico, que son todos vehículos que cuestan una cantidad importante de dinero. Todos compramos y consumimos. Incluso compulsivamente, si se quiere. Todos nos cargamos el planeta con nuestros desechos y nuestros pedos. Y todos, en fin y para no alargarme, vivimos en una sociedad capitalista por muy alternativos que nos creamos. Sociedad, por otro lado, que nos ofrece un cierto grado de bienestar y felicidad. Hasta los que viven en los márgenes, los que componen el llamado Cuarto Mundo, tienen teléfonos de última generación o necesitan dinero, aunque solo sea para comprarse los cartones de Don Simón. Pero también viven una vida neoliberal los que viven en territorios que no pertenecen al occidente rico. Africanos, sudamericanos, asiáticos buscan el modo de acceder a las comodidades de la vida neoliberal, por eso migran poniendo en peligro sus vidas, o intentan conseguir dentro de sus países lo que la televisión les muestra. Vaya usted a cualquier aldea africana y seguro que todos saben lo que es el Real Madrid.
Así que, señor Errejón, neoliberales somos todos, pero eso sí, no todos somos violadores, así que su silogismo se cae por la mayor. El poder es muy bonito hasta que te pillan.