viernes, 17 de octubre de 2008

Heil Rouco

Cada vez que el señor Rouco abre la boca uno no sabe si reír, porque está contando un chiste, o echarse a llorar porque está hablando en serio. La última perla con la que nos ha regalado este señor ha sido la idea de que lo que él llama “laicismo radical” conduce al nazismo, o al totalitarismo.
En primer lugar este señor debería estudiar algo, un poquito sólo, de Historia. Así se enteraría de que, aunque la parafernalia exterior del nazismo era en apariencia pagana por la recuperación de los viejos mitos germánicos, Hitler nunca renunció a su catolicismo –porque Hitler era católico- y así existen numerosos textos y transcripciones de discursos donde exalta la religión católica, hace profesión de fe, ofrece a Dios los logros del sistema o le a, bendijo los carros de combate fascistas que iban a combatir a Rusia. Por supuesto, de la defensa de las libertades que desplegó la Iglesia española durante la dictadura de Franco no diremos nada, porque el señor Rouco la conoce mejor que nadie.
Por otro lado el laicismo se define como la independencia del poder del Estado frente a la jerarquía religiosa y la no injerencia de las creencias religiosas en los asuntos que atañen exclusivamente a la sociedad civil. Desde estos parámetros es difícil entender qué es el “laicismo radical”. Una sociedad es laica –hay una separación efectiva entre la sociedad civil o la religión- o no lo es. Del mismo modo no se entiende cómo el laicismo puede conducir al totalitarismo. Mas bien sería lo contrario: el laicismo supone la liberación del ser humano de las cadenas y los prejuicios religiosos. Si algo conduce al totalitarismo es precisamente una sociedad teocrática o no laica. Porque toda religión es no sólo fanática por naturaleza –como ya he dicho en alguna ocasión- sino dogmática por definición –toda religión se fundamenta en uno o varios dogmas-. Y un dogma religioso es verdadero por esencia y su verdad o se cree o se impone, en todo caso nunca se demuestra. Como ya dejó dicho Spinoza en el Tratado Teológico Político la intervención de la religión en los asuntos del Estado conduce a la destrucción del propio Estado.
Pero lo que de ninguna manera se comprende es porqué estos señores no nos dejan tranquilos de una vez como les dejamos nosotros a ellos y se dedican a sus misas y a sus cosas. Totalitarismo es querer dirigir las vidas de todos los ciudadanos desde las propias creencias particulares. Y eso es lo que no para de hacer el señor Rouco.

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