viernes, 27 de diciembre de 2024

Segregación en las aulas

 Si hay un hecho que difícilmente puede ser puesto en duda es que el sistema educativo español, no el de tal o cual Comunidad, sino todo en su conjunto, es un auténtico desastre que solo produce ciudadanos obedientes que no saben absolutamente nada y, lo que es peor, a los que se les hace creer que lo saben todo. Ante este panorama yo hace mucho tiempo que he dejado de entender las movilizaciones de los profesionales de la enseñanza  -o lo que deberían ser profesionales de la enseñanza- que exigen algo tan laxo como la defensa de la enseñanza pública. Si hay algo contrario a la educación es la ideología, y si hay algún enemigo del tan cacareado pensamiento crítico es, precisamente, la aceptación acrítica de una colección de tesis prefabricadas, que es lo que en el fondo es la ideología.

Solo desde estos planteamientos más ideológicos que otra cosa se puede entender el nuevo caballo de batalla de los que tan afanosamente defienden eso que se llama Educación Pública -yo creo que habría que defender la educación universal y gratuita sea pública o no- que es acabar con la segregación en las aulas. Yo a veces me planteo si es que ha habido una serie de cambios semánticos en los términos que, por alguna razón, me he perdido, o es que desde determinados sectores se utilizan las palabras dándoles una significación bastarda, bien por ignorancia, bien por torticería. El caso es que yo, cuando escucho el término segregación, pienso en los negros en los estados del sur de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX, o en los negros sudafricanos durante el apartheid -lo siento, pero si escribo “afroamericanos” por corrección política, luego tendría que escribir “afroafricanos”, o algo así- .Y yo, que llevo más de treinta años como profesional de la enseñanza, no he visto ninguna de esas situaciones en los centros educativos en los que he estado, que han sido muchos. Es más, lo que he visto, y sigo viendo, es un sistema integrador al máximo. De hecho, un sistema que es excesivamente integrador, hasta el punto de que integra, literalmente, a todo el que pasa por la puerta. Es tan integrador que integra hasta al que no se quiere integrar, y va a clase con los manos en los bolsillos, sin siquiera un lápiz o una hoja de papel, gastando esos recursos de los que tan necesitada está la escuela pública, según sus defensores. Porque a lo mejor, antes de pedir recursos y más recursos, habría que ver cómo se gastan, o más bien se malgastan, y exigir a quien los malgasta que no lo haga. Pero en vez de eso, nos encontramos con una anuncio de la ministra de trabajo, que pide que no se quiten las becas a los alumnos aunque suspendan todo, una buena manera de premiar el esfuerzo, por cierto, y un ejemplo claro de a dónde va a parar el dinero en la escuela pública.

Pero lo que me resulta más curioso del caso es que todos esos profesionales que tanto critican la segregación en la escuela pública y que deberían correr hacia los centros en los que supuestamente se segrega para solucionar la situación lo que hacen es correr, sí, pero en sentido contrario. Huyen como alma que lleva el diablo de los centros conflictivos para apalancarse en centros de elite, o en centros simplemente más tranquilos, para, desde esa tranquilidad, mejorar la enseñanza pública. Eso, o esperan y se desesperan en centros difíciles tomando cafés en las salas de profesores y esperando el momento para salir corriendo como los demás, mientras abandonan a su suerte a  esos alumnos que, según ellos están segregados por el sistema. Cada uno es un profesional como le parece bien. A mí, como profesional, lo que me interesa, sobre todo, es que mis alumnos aprendan. Los que quieran


martes, 17 de diciembre de 2024

Analfabetos

 Es curioso comprobar cómo a veces las noticias van por detrás de las observaciones que una mente mínimamente atenta puede realizar sobre la realidad que le rodea. Contaban la semana pasada los papeles que unas pruebas de nivel competencial que ha realizado la OCDE, para comprobar lo que, hablando en plata, es la alfabetización de los adultos en los países desarrollados -lo que alguien ha definido como una prueba PISA para adultos- han determinado que los adultos españoles, y más concretamente los universitarios sobre los que se ha realizado la prueba están por debajo de la media tanto en matemáticas como en comprensión lectora. Vamos, que nuestros universitarios, orgullo patrio, apenas saben sumar y malamente saben leer. 

He empezado diciendo que a veces las noticias van por detrás de las observaciones personales porque esto, que para algunos ha sido una tremenda novedad, para mí, que cojo todos los días el metro y tengo la mala costumbre de fijarme en la gente cuando paseo por la calle no constituye ninguna novedad. Además, es desde esta perspectiva desde la que se puede entender la actual situación social del país. Resulta que España es el territorio con un mayor número de parados, con los sueldos más bajos y los trabajos más precarios de Europa, y sin embargo es el país donde la gente se declara más feliz. Ya saben aquello del tonto feliz. Pero es que además en España tenemos, en la actualidad, el que probablemente sea el gobierno más totalitario y corrupto de Europa y la gente, no solo está, como decíamos antes feliz, sino que aún siguen votando al mismo gobierno. Y todo porque en vez de pensar con la cabeza, que es lo que suele permitir el saber matemáticas y saber leer, piensan con los pies de la ideología. Y en vez de tener un criterio propio, que es lo que suele permitir saber leer y saber matemáticas, se dejan llevar por una ideología que, como toda ideología, suele ser irracional y sectaria. Y además impuesta.

El caso es que tan cacareada generación mejor preparada de nuestra historia no sabe sumar ni leer. Lo cual no es de extrañar, ni tampoco culpa suya, si tenemos en cuenta que nadie se ha encargado de enseñarles. Total, saber leer y sumar no sirve para nada en el mundo digital que se iban -y que se han- encontrado y es mejor tener habilidades técnicas que les permitan, y de eso se trataba y se trata en el fondo, ser unos buenos y obedientes obreros en el futuro. Cuanto menos sepan, pues menos protestan. Así que en vez de enseñarles a leer, vamos a hablarles de cambio climático y en vez de enseñarles matemáticas vamos a contarles que todo el mundo tiene derecho a sentirse lo que quiera. Lo cual es cierto, faltaría más, uno puede sentirse mujer, hombre o extraterrestre, pero eso no significa que lo que se sienta sea lo que se es -aunque eso también se ha enseñado así nos va- y si un señor nace con pene se podrá sentir lo que quiera, pero el hecho indudable es que tiene pene.

En fin, y para acabar. Si los adultos que mañana tienen que enseñar a los jóvenes, no saben nada, nada podrían enseñar al las nuevas generaciones -excepto lo ya dicho: la obviedad de que cada uno puede sentirse lo que le de la gana-. Ya escribí hace tiempo que si uno sabe enseñar muy bien matemáticas, pero no sabe matemáticas, malamente las podrá enseñar. Lo que hemos conseguido es precisamente eso. Una generación que sabe muy bien cómo enseñar, pero no sabe lo que tiene que enseñar.


miércoles, 27 de noviembre de 2024

La gran política y el pequeño estadista

 Dicen que la Política es el arte de lo posible, de hacer real lo posible. Lo posible, no  lo imposible, y por definición lo imposible es lo que no puede ser porque es contradictorio. Lo contradictorio es lo que no puede ser y no ser a la vez, así que lo imposible es justo eso, ser y no ser a la vez. Según estas definiciones un gran estadista o un gran político será aquel que es capaz de llegar hasta los límites de la posibilidad para, se supone, defender el bien común. Y un pequeño estadista o un pequeño político será aquel que acabará sobrepasando esos límites y caerá en la imposibilidad, hará de la política el arte de lo imposible, y como lo imposible no puede ser, no hará política. No se dedicará entonces al bien común, sino tan solo a su propio bien.

Hay quien dice que el señor Sánchez Pérez-Castejón es un gran político y un gran estadista porque supo aunar las diferentes voluntades de los grupos parlamentarios para llegar a lo que era posible aunque pareciera imposible, es decir, a gobernar aun habiendo perdido las elecciones. Se trataba de sumar mayorías, y aquí es donde yo creo que el ínclito señor Sánchez Pérez-Castejón y sus fieles seguidores han confundido la posibilidad matemática con la posibilidad lógica, pues si bien las mayorías parlamentarias conseguidas eran matemáticamente posibles, lógicamente no lo eran. Eran y no eran a la vez. Y eso es lo que le está estallando en la cara al gobierno en la reciente negociación sobre la reforma fiscal, lo mismo que en las anteriores y en las que vendrán: la causa de que solo se hayan aprobado dos leyes, o así, en lo que va de legislatura y sigamos sin presupuestos. Porque si bien siete diputados de Junts más siete de ERC suman catorce diputados, resulta que los siete de Junts son de derecha y no de izquierda y los siete de ERC son de izquierda y no de derecha, con lo cual la suma de los dos acaba siendo de izquierda y no izquierda y de derecha y no de derecha. Es decir es y no es la vez y por lo tanto es imposible. Siguiendo la misma lógica, lógicamente, esto le supone al Gobierno que si promete algo a la izquierda se lo tiene que negar a la derecha y si se lo promete a la derecha se lo tiene que negar a la izquierda, con lo cual promete y no promete a la vez, es y no es, de tal manera que el gobierno del país es un gobierno imposible.

La política, entonces, ya no es el arte de lo posible, y el señor Sánchez Pérez-Castejón no es un gran político, sino un pequeño estadista. No ha hecho real lo posible, sino que se ha liado en la imposibilidad y, lo que es peor, ha liado a toda la nación, cosa que a él le da exactamente igual, porque lo único que le importa es él mismo. Y cuando digo él digo él, ni su hermano, ni su esposa ni su padre: Él, así en mayúsculas, como Dios. Así que imagínese lo que le importamos usted o yo.


miércoles, 20 de noviembre de 2024

Trump y la izquierda guay

 Que Donald Trump iba a ganar las recientes elecciones en EEUU era algo que se veía venir de lejos. Casi, casi desde que los demócratas decidieron poner de candidato a un anciano que debería de estar en un asilo, y, después, sustituirlo por una candidata, mujer, negra y superguay, representante de todo lo que es la izquierda actual. En EEUU, y en Occidente en general, ese es el gran problema de la izquierda: que solo quiere ser guay. El problema es que por ser guay se olvida de los problemas de la población que no es guay -según todos los cánones- y que son normalmente los que les han votado.

Estamos todos de acuerdo en que el marxismo es un resto anacrónico del siglo XIX, y que la clase trabajadora, tal y como era esencialmente al principio de la revolución industrial, ya no tiene lugar en el ámbito productivo. Estamos de acuerdo en que todo el mundo sale de vacaciones y tiene móviles y televisiones gigantes con una multitud de plataformas de pago. Pero eso no quita para que la gente siga ganándose la vida trabajando ocho horas o más, y que tiene que pagar impuestos, y que tiene problemas cotidianos que no son nada guais. Así que, si las posturas que tradicionalmente se han encargado de solucionarles esos problemas, o al menos de interesarse por ellos, que han sido las izquierdas, ahora están compuestas por élite de actores, actrices y cantantes -que han sido los que han acompañado la campaña de Harris, y los que suelen acompañar las campañas de la izquierda en España- una élite a los que los ciudadanos ven como muy lejana de ellos, como una nueva aristocracia que existe solo para ser admirada y envidiada por la plebe, pues entonces es lógico que el votante tradicional de izquierdas cambie el sentido de su voto y se lo dé a aquel que le tiene en cuenta, aunque solo sea para que precisamente le vote.

Y si los problemas que la izquierda guay considera de capital importancia consisten en salvar a las ballenas, o en preocuparse por colectivos que no han trabajado en su vida, o en otorgar derechos a todo el mundo menos al que trabaja y paga impuestos -y que conste que no estoy justificando nada, sino tan solo exponer un hecho-. Si la gran preocupación de la izquierda son las personas que no están contentas con su sexo, o con su raza o con su religión, y se olvidan de los que se parten el lomo a trabajar y ven cómo el Estado se lleva parte de su dinero para subvencionar a todos los colectivos anteriores, pues es normal que acaben votando al que les promete que va a cambiar al situación. La gente se echa las manos a la cabeza porque han sido los latinos o los negros los que han votado a Trump. Los latinos que han entrado en Estados Unidos y han trabajado como cabrones para que ahora la izquierda de Kamala y los suyos pretenda dar los mismos derechos que ellos se han ganado al primero que entra ilegalmente, pues es lógico que voten a Trump. Recuerdo que tan solo expongo hechos, no valoro ni justifico, pero es normal que si la izquierda olvida sus objetivos tradicionales y a la base social que la ha sostenido, si la izquierda se ha convertido en una élite y en la opción política de las élites guais, es normal que las clases populares acaban votando a la derecha. Ni más ni menos.


miércoles, 13 de noviembre de 2024

En el fango con objeciones y respuestas

 Voy a escribir sobre las responsabilidades de lo ocurrido en Valencia. No sobre las responsabilidades de la DANA, porque nadie es responsable de ello, aunque haya quien no se lo crea. Antes de nada quiero hacer dos advertencias, llamémoslas así. La primera es que no seré yo quien defienda a ningún político, ni siquiera al señor Mazón. Pero tengo ojos en la cara y estos días he podido ver a un político en mangas de camisa, desencajado, agotado y lleno de barro y a otro que no se ha manchado ni las botas; la segunda es que no lo voy a hacer a base de memes de las redes sociales sino intentando dar argumentos de lo que digo, que podrán estar equivocados o no, pero que llevo rumiando dos semanas y aún no he encontrado argumentos que se les opongan, más allá, repito, de lemas políticos en las redes.

Empecemos por lo primero que se dijo, que el gobierno valenciano había desactivado la Unidad Valenciana de Emergencias (UVE) y eso había retrasado la respuesta a la catástrofe. La UVE no existía, era una quimera o un ente de razón, que solo tenía realidad en el nombre. No tenía ni un solo bombero adscrito y por no tener no tenía ni oficina. De hecho, los propios bomberos se manifestaron contra su creación porque pensaban que distraía personal de otras ocupaciones. Era, como se dijo cuando se desactivó, un chiringuito, y la prueba de ello es que esa argumentación no se ha vuelto a usar.

En segundo lugar se acusa al gobierno valenciano de no cumplir con la legislación autonómica y no convocar los comités de emergencia y de mando único que esta prevé. Es cierto que estos comités no se convocaron. Pero es difícil convocar un comité cuando no se reciben avisos de las instancias de las que se tienen que recibir, ni se tienen medios ni personal para desarrollar sus órdenes. Pero sobre todo, estamos hablando de una ley autonómica, que tiene un rango jurídicamente inferior a la ley nacional que permite declarar un estado de emergencia, y por lo tanto movilizar todos los recursos del Estado necesarios, cuando una catástrofe de este tipo afecta a al menos dos comunidades autónomas. Y aquí es donde yo creo que radica todo el quid de la cuestión. Porque, aunque lamentablemente todo el peso de la catástrofe ha caído sobre Valencia, no nos debemos de olvidar que ésta también ha afectado a la Comunidad de Castilla-La Mancha, concretamente a la localidad de Letur, en Albacete, donde hay al menos cinco muertos (no lo sabemos porque el gobierno, una vez más, se niega a dar el número oficial de víctimas). Resulta curioso que nadie pida responsabilidades al señor Page por ello. En todo caso, el PSOE ha gobernado durante ocho años en la comunidad valenciana y, aunque eso sea entrar en el juego de los que descargan de responsabilidad al gobierno central, no ha realizado ni una sola de las infraestructuras que ahora se reclaman al actual gobierno. Pero a lo que iba. Era el Gobierno central el que debía de haber declarado el estado de emergencia y no lo hizo.

Y llegamos a la traca final: la AEMET, que es un desastre como la RENFE -a la que por cierto, últimamente no le funciona ni la página web, y si no intenten ustedes cambiar un billete-. Que la AEMET no da ni una lo puede comprobar cualquiera que acuda a sus predicciones diarias. No será la primera vez que está lloviendo a cantaros y la AEMET dice que hace sol, o al contrario. Parece que ya no nos acordamos de Filomena, cuando la AEMET dijo hasta el último momento que iban a caer unos cuantos copos. En este caso sí, dijo que habría lluvias que podían ser puntualmente torrenciales y que podían alcanzar  los 150 litros hasta las seis de la tarde -que era el tiempo que originalmente duraba la alerta roja- cuando a las ocho estaban cayendo 500. Una estupenda predicción. De hecho, cuando la DANA alcanzó Castellón se mantuvo el aviso naranja, que no se cambió a rojo hasta que ya estaba el agua corriendo por las calles, y eso lo vi yo. Por no hablar de la Confederación Hidrográfica del Júcar, que a las 18:45 envió un email, no llamó ni por teléfono, diciendo que el agua en el barranco del Poyo, que parece que fue el epicentro de la inundación, estaba creciendo muy rápido, cuando ya había pueblos inundados o que se estaban empezando a inundar.

De lo que ocurrió después ya no voy a hablar, porque ahí están las declaraciones de militares, policías, y guardias civiles, frustrados porque no recibían órdenes de acudir a las labores de rescate. Así durante cuatro días.

En fin, no voy a seguir, porque cualquiera que tenga ojos en la cara y no esté envenenado por la ideología ha podido ver lo que ha pasado. Y, sinceramente, el que no lo vea, que se lo haga mirar.


martes, 5 de noviembre de 2024

En el fango

 No tenía yo pensado escribir nada sobre la tragedia de Valencia, por una cuestión básica de respeto, hasta pasado algún tiempo. No quería participar en la arraigada costumbre española de tirarnos los muertos a la cabeza unos a otros. Pero visto lo que ocurrió el domingo, y siendo consciente de que en breve se iba a poner en marcha la máquina de propaganda goebbelsiana, como así ha sido, diciéndonos que todo es cosa de intolerantes violentos -en este caso han sido marginales violentos- y que la culpa es del PP -así en general- al final me he decidido por decir algo, más que nada para que no me tomen por tonto. 

Porque si bien nadie es culpable de que llueva torrencialmente, es tan solo un accidente, una circunstancia de la vida como hay muchas- no es una venganza de la tierra, ni un castigo de Dios, ni nada por el estilo- sí que hay cosas que merecen, al menos, ser comentadas. Y si el presidente del gobierno tuvo el domingo un comportamiento que en el siglo XVII le hubiera costado la  cabeza -literalmente, le hubieran cortado la cabeza por abandonar al rey a su suerte-, comportamiento que solo puede ser calificado como cobardía -pues una cosa es una retirada estratégica y otra salir huyendo como un conejo- hay que decirlo antes de que, como ya está pasando, se acuse a la casa real de provocar lo ocurrido porque no era el momento de hacer ninguna visita. El caso es que las piedras no se las tiraron al rey, que yo sepa, sino al presidente del gobierno.

Y de la misma manera, si el gobierno tiene la competencia de declarar el estado de emergencia, de desplegar las fuerzas de seguridad del Estado en las zonas afectadas, de proporcionar ayuda a los damnificados desde el minuto uno, a todos los damnificados y toda la ayuda posible sin espetar que si la necesitan que la pidan, pues es obvio que la necesitan, no mandar quinientos soldados y decir que si hace falta se mandarán los 120.000 -si no hacían falta en ese momento no sé cuándo harán falta- dejar a los vecinos que lo han perdido todo a merced de bandas de saqueadores sin desplegar a policía ni a la guardia civil, afirmar sin que a uno se le mueva un pelo del flequillo -ni se le caiga la cara de vergüenza- que no se recuperarán las infraestructuras ferroviarias hasta dentro de dos semanas, y las carreteras tardarán varios meses, y no se sabe cuánto el restablecimiento del agua potable y la energía eléctrica, como si estuviéramos en Somalia o, más bien, en Venezuela, hay que decirlo. Lo mismo que hay que decir que quien da las alarmas meteorológicas es la Agencia Estatal de Meteorología -que para eso está-, que como todas las agencias del Gobierno, está politizada, y afirmó que caerían unos 150 litros hasta las seis, cuando cayeron 500 a las ocho, antes de que digan, como ya han dicho, que la culpa de todo la tiene el PP, insisto, así en general, lo que incluye a Ayuso a Feijoo y, supongo, a todos los que los votaron

Así que hay que decir algunas cosas, reitero, antes de que empiecen a cambiarnos la realidad, como ya han empezado a hacer.  Porque en unos meses esto no habrá ocurrido, como no ha ocurrido la erupción del volcán de La Palma, donde todavía están esperando las ayudas, las mismas que  el domingo prometió el presidente del gobierno, ya a salvo de los marginales violentos. 

Y es que hay fangos y fangos. Hay fangos que les llegan a las rodillas a unos ciudadanos, al pueblo del que tanto hablan, y en el que los han perdido todo. Y hay fangos que salen de la boca de nuestros gobernantes y los paniaguados que les doran la píldora, y que huelen peor, y dan más asco, que los primeros.


miércoles, 30 de octubre de 2024

Vida neoliberal

 Hoy voy a hablar de Íñigo Errejón, como no podía ser de otra forma, pero tampoco voy a hablar de él. Primero porque me da asco. No el señor Errejón, al que no conozco, sino la situación de corrupción generalizada y de todo tipo que nos ha traído esta izquierda renovadora, que ha conseguido que los que éramos de “izquierdas de toda la vida” ahora seamos fachas, y a mucha honra. Quiero más bien usar al señor Errejón, como supuestamente él usaba a las mujeres de su partido y a todas las demás, para referirme a algo que ha dicho y que, con todo el fárrago mediático, ha pasado desapercibido. Dice esta manifestación sensible del pensamiento dialéctico, yo creo que más hegeliano que marxista, que ha sido la vida neoliberal a la que le ha llevado su estancia en la política la que le ha conducido a una serie de contradicciones que han acabado en el escándalo ya conocido. Es precisamente de eso, de la vida neoliberal a la que el señor Errejón culpa de su carrera de abusos a la que me quiero referir.

En primer lugar, no estaría de más dejarle claro al señor Errejón que el liberalismo no tiene la culpa de que él sea un abusador, maltratador y violador, todo ello supuestamente, claro. A no ser que uno sea rousseauniano y considere que es la sociedad, y en esta caso, la neoliberal, la que corrompe al ser humano, que es bueno por naturaleza.

En segundo lugar, y eso no va solo por el señor Errejón, sino por todos los que han construido un discurso, o un relato como se dice ahora, fantasioso y utópico para justificar su ascenso al poder, y también para todos aquellos que, sin haber alcanzado el poder, parece que están muy contentos de que lo hayan alcanzado los que consideran los suyos, en segundo lugar, digo, todos llevamos una vida neoliberal, señor Errejón. De hecho no existe otra vida que la que llevamos todos los habitantes de la tierra, califíquese ésta de neoliberal, de capitalista, de pequeñoburguesa o de cualquier otro calificativo de la misma familia semántica que a uno se le ocurra. 

Que cualquier habitante de cualquier país de los llamados del Primer Mundo lleva una vida neoliberal, es algo más que evidente, y ello independientemente del salario que cobre. Todos tenemos un móvil y un coche, o una moto, o una bici o un patinete eléctrico, que son todos vehículos que cuestan una cantidad importante de dinero. Todos compramos y consumimos. Incluso compulsivamente, si se quiere. Todos nos cargamos el planeta con nuestros desechos y nuestros pedos. Y todos, en fin y para no alargarme, vivimos en una sociedad capitalista por muy alternativos que nos creamos. Sociedad, por otro lado, que nos ofrece un cierto grado de bienestar y felicidad. Hasta los que viven en los márgenes, los que componen el llamado Cuarto Mundo, tienen teléfonos de última generación o necesitan dinero, aunque solo sea para comprarse los cartones de Don Simón. Pero también viven una vida neoliberal los que viven en territorios que no pertenecen al occidente rico. Africanos, sudamericanos, asiáticos buscan el modo de acceder a las comodidades de la vida neoliberal, por eso migran poniendo en peligro sus vidas, o intentan conseguir dentro de sus países lo que la televisión les muestra. Vaya usted a cualquier aldea africana y seguro que todos saben lo que es el Real Madrid.

Así que, señor Errejón, neoliberales somos todos, pero eso sí, no todos somos violadores, así que su silogismo se cae por la mayor. El poder es muy bonito hasta que te pillan.


miércoles, 23 de octubre de 2024

Lo que de verdad importa

 Al leer el título de este escrito muchos podrían pensar que su contenido va a tratar de aquello que, de verdad, importa. Estamos sumergidos en uno de los escándalos de corrupción política más graves de los últimos tiempos, no solo por las cantidades de dinero de las que se habla, sino por la importancia de los supuestos implicados. La cesta de la compra está por las nubes, lo que recuerda un sketch de Tip y Coll, en pleno agonía del franquismo, por cierto, donde a modo de informativo, los dos geniales cómicos anunciaban: “baja la bolsa”, mientras se veía bajar una bolsa de rafia colgada de una cuerda y, posteriormente “sube el pescao” mientras un pescao seguía el camino opuesto. O incluso, podríamos pensar que lo que de verdad importa es el caos ferroviario de los últimos días, mientras el ministro del ramo se dedica a escribir tuits, porque es el único que tiene claro para qué le han nombrado.

También se podría pensar que el título va más allá de nuestras carpetovetónicas fronteras, y hace referencia a los grandes problemas internacionales, que están empezando a complicar mucho la supervivencia futura, como la guerra entre Israel e Irán, o la ya casi olvidada entre Ucrania y Rusia, guerras ambas en las que según quien gane nos jugamos nada menos que mantener el modo de vida que hemos ha definido a Europa durante dos mil años, siglo arriba, siglo abajo. Por no hablar de las inminentes elecciones norteamericanas, que suelen influir más en el mundo que en Estados Unidos.

Todo esto se podría pensar cuando nos referimos a lo que de verdad importa. Sin embargo, cuando se leen los diarios de tirada nacional, y me refiero a los diarios denominados serios, enseguida nos damos cuenta de que estamos equivocados, Eso que a nosotros tanto nos puede preocupar no le interesa de verdad a nadie, porque lo que de verdad importa es, por ejemplo, y ateniéndonos a las noticias diarias, la pugna entre dos presentadores de televisión, cada uno con sus respectivos programas, cuyas cuotas de audiencia se han convertido en asunto nacional y tema de debate en todas las tertulias. Hasta tal punto se ha llevado la rivalidad de estos dos personajes que ya se asocia a cada uno de ellos con una determinada ideología, así que cuando uno se adelanta en eso que llaman share se alegran aquellos que profesan la ideología con la que se le identifica como si fuera una victoria propia, y lo mismo ocurre con el otro.

Otra de las noticas que han resultado de vital importancia para las portadas de los periódicos de la última semana, al menos, ha sido la expulsión de la cantante de un grupo musical que estuvo de moda hará como treinta años y su sustitución por la que  era cantante del grupo, pues hace treinta años. Como se puede ver, todo un asunto de Estado.

Y por si fuera poco, salen unas fotos del antiguo monarca en actitud cariñosa con una vedette-actriz-empresaria circense, actitud cariñosa que todo el mundo en el país conocía cuando se produjo hace cuarenta años y cuya actualidad, pues, resulta un tanto chocante

Esto es lo que de verdad importa y si a usted le importa más lo que se ha dicho al principio de este escrito, es que está totalmente fuera de onda.


miércoles, 16 de octubre de 2024

Para hacérselo corto

 Para hacérselo corto.

Lo que está ocurriendo en Oriente Medio es un enfrentamiento entre Irán e Israel, que, como suele pasar, ha pillado a los palestinos en medio. Como los pilló en medio en el conflicto entre Israel y Egipto o entre Israel y Siria. Y, como entonces, ahora los palestinos están siendo utilizados como carne de cañón  por Irán, lo mismo que antaño lo fueron por Egipto o por Siria, que, recuerdo, fueron los primeros en expulsar a los palestinos de sus territorios. Cuando nos echamos las manos a la cabeza por el supuesto genocidio israelí sobre los palestinos, -parece que ya no nos acordamos de los genocidios de verdad, y de cómo los jeques árabes, y palestinos, apoyaron a los alemanes- o no nos acordamos de que la primera foto de un muerto que apareció en el conflicto actual fue la del cadáver de una joven israelí medio desnuda subida en la caja de una pick up y rodeada de heroicos combatientes de Hamás, eufóricos por su victoria. Supongo que el concierto que se estaba llevando a cabo en el desierto cuando fue atacado por el ejército de liberación palestino estaba repleto de genocidas israelíes. Seguro.

Para seguir haciéndoselo corro. Si uno le mete la mano en la boca a un perro, y más si es un perro salvaje, corre el peligro serio de que se la muerda. Los atacantes de Hamás sabían perfectamente cómo iba a reaccionar Israel, y aun así atacaron. Atacaron, lógicamente, por orden de Irán, porque a Irán le importa un ardite el pueblo palestino. Y porque Hamás, más que estar al servicio del pueblo palestino al que dice defender, está a sueldo de Irán. Así que, en vez de preguntarnos, como hacen los sesudos y antisemitas analistas internacionales qué interés tiene Israel en esta guerra, tal vez sería mejor preguntarse qué interés tiene Irán, o Rusia que no deja de ser la mano en la sombra que está detrás de Irán. De momento obliga a Estados Unidos a luchar en tres frentes: en Ucrania, en el mar Rojo contra los hutíes de Yemen-que es por donde empezó todo esto- y ahora en Israel.

Y para terminar de hacérselo corto. Cada uno puede tener sus propias preferencias, faltaría más, pero en un enfrentamiento entre Israel e Irán yo, sin dudarlo, me quedo con Israel. La gran diferencia entre ellos es que el señor Netanyahu seguramente sea un asesino de masas, pero tiene que soportar protestas en la calle y puede ser revelado en unas elecciones, mientras que los ayatolás que mandan en Irán castigan a una mujer por no levar velo, tienen una cosa que se llama “policía de la moral” y no toleran ningún tipo de protesta. Y no hay ni dios -o alá- que los quite de donde están. Un enfrentamiento entre Israel e Irán es un enfrentamiento entre la civilización y la barbarie, entre la Ilustración y la Edad Media. Y yo, de verdad, que no entiendo que es lo que tenemos en España en particular y en Europa en general con los árabes, más allá de su petróleo. Recuerdo que cuando ocurrieron los atentados del 11 de marzo, todos los grupos de presión autodenominados progresistas se lanzaron como un solo hombre a decir que la matanza no era obra de los musulmanes como tal y que había que evitar la islamofobia, castigarla incluso. Nadie se acordaba, parece ser, de los 193 muertos. Nadie dice ahora que los responsables de la guerra en Gaza no son todos los judíos. Al contrario volvemos al viejo antisemitismo. El de los pogromos y las deportaciones. Todos sabemos, aunque no nos queramos acordar, como acabó el último de esos pogromos. A lo mejor todavía hay algún ingenuo que desconozca las intenciones de Irán -o que esté a sueldo suyo-, pero el próximo pogromo irá a por nosotros. 


miércoles, 9 de octubre de 2024

Sentido del humor

 Una de las preguntas -retóricas, por supuesto- que más se oyen últimamente es qué nos ha pasado en España y a los españoles para que hayamos llegado a tal extremo de polarización. Y yo el otro día, al leer las declaraciones de la señora Iciar Bollaín -una directora de cine,  que, como todos los que se dedican a eso, se afanan en opinar de cualquier cosa menos de cine, sin caer en la cuenta de que sus opiniones cuentan exactamente lo mismo que las que los demás- afirmando  que el machismo se empezará a terminar cuando nos dejemos de reír de los chistes machistas, pensé que más que un exceso de polarización política lo que nos falta es sentido del humor, aunque también puede ser que esa falta de sentido del humor sea producto de la mencionada polarización, o sea un producto de la nueva inquisición, o puede que no pase nada de eso y la señora Bollaín sea sencillamente una amargada.

Porque si bien es cierto que los españoles no nos hemos distinguido nunca por nuestro sentido del humor -como los ingleses, por ejemplo- de hecho Pérez Reverte dice en alguno de sus textos que allá por el Siglo de Oro a los españoles se nos consideraba en Europa como unos tipos bajitos y con muy mala leche, también es verdad que la obra cumbre de la literatura Universal, El Quijote, fue escrita por un español y es también tremendamente cómica. En todo caso, cuando oigo declaraciones como las de la señora Bollaín, o veo actitudes como la suya en personas a las que yo tengo, o tenía, por inteligentes, no puedo dejar de pensar en Umberto Eco y en su personaje Fray Jorge de Burgos, que tenía encerrado bajo llave el perdido libro de la comedia de Aristóteles, porque consideraba que la risa era el camino más directo hacia el pecado.

Así que parece que últimamente reírse es malo, y sobre todo reírse de ciertas cosas es ya lo peor. Eso sí, siempre que pretendamos reírse de algo que afecta a nuestro grupo identitario, ya sean las mujeres, los negros, los gordos o los gais. Si no se trata de aquello con lo cual nos identificamos entonces podemos reírnos a mandíbula batiente de lo que sea porque, al menos nosotros, no vamos a sentirnos ofendidos. La falta de sentido del humor que nos azota, y que, bromas aparte, considero que es especialmente grave y preocupante, tiene que ver, ya no solo con la dictadura de lo políticamente correcto, con la tiranía de lo que se debe de hacer y lo que no se debe de hacer, sino con el identitarismo que impera en la sociedad actual, que no es más que una muestra de falta de inteligencia y de falta de personalidad. Los individuos se consideran a sí mismos como partes integrantes de un grupo, de tal forma que todo lo que son, su esencia metafísica por ponernos pedantones, se lo da el grupo. Un sujeto no es nada sino lo que el grupo hace de él, ni quiere ser otra cosa. No es de extrañar entonces que cualquier chiste sobre el grupo, el sujeto lo considere como un insulto personal. Sin darse cuenta de que no es más que un chiste.

Y voy a acabar con uno de mis chistes favoritos:

- Papá, Papá, cómprame una bicicleta.

- Anda hijo, además de paralítico, gilipollas


miércoles, 2 de octubre de 2024

Una alegoría

 Cuando yo era  niño, íbamos a jugar al fútbol a una explanada situada en el extremo del parque de la Fuente del Berro, colindante con lo que es hoy en día la M30 y que por aquellos entonces era tan solo lo que llamaban el arroyo Abroñigal, aunque ya habían comenzado las obras de construcción de lo que hoy es una calle más de Madrid -de hecho, también alguna vez jugamos al fútbol en la recién asfaltada carretera, antes de que fuera abierta al tráfico-. En aquella explanada no molestábamos a las señoras mayores que se sentaban en los bancos del parque a disfrutar del sol de la mañana, o de la tarde, ni a los abuelos que leían su periódico o sus novelas de Marcial Lafuente Estefanía. Solíamos hacer las porterías con los jerséis o las chaquetas del chándal, aunque también a veces utilizábamos dos árboles, lo que hacía más realista la experiencia del partido: podíamos decir que el balón había dado en el palo, cosa que con los jerséis era harto complicada. El balón lo comprábamos entre todos, poniendo cada uno lo que pudiera y cualquiera podía jugar. Los que eran buenos jugaban de delanteros y los que éramos malos de defensas, aunque nadie tenía puestos fijos, y en realidad todos  atacaban y todos defendían porque, claro está, no había entrenadores, o más bien todos éramos el entrenador. Y el puesto de portero se ocupaba por turnos. Aquellos partidos solían terminar en goleadas de las que nadie, al llegar el final, se acordaba, porque por supuesto no había árbitros y la reglas futbolísticas eran impuestas por el consenso de todos los que participábamos en el juego. 

Un día, cuando ya era más mayor, un adolescente que ya no iba a jugar al fútbol porque tenía otras cosas en las que ocuparse, vi que la explanada había desaparecido y que el ayuntamiento había construido unas pistas deportivas en su lugar. Supongo que los vecinos pensaron que qué bueno era el Ayuntamiento que les había construido unas pistas deportivas para jugar al fútbol. Yo lo que pensé es que los chicos del barrio ahora tendrían que formar parte de un equipo regulado para poder jugar y tendrían que federarse y tener una ficha. Que tendrían entrenadores que les dirían en qué puestos tenían que jugar, y sin moverse de ellos. Que por supuesto, los chicos que jugaran peor al futbol ahora tendrían que buscarse otra distracción, o ver a sus amigos jugar desde fuera de la pista, porque el entrenador de turno no les iba a dejar jugar. Que ya todo el mundo tendría muy claro el resultado, porque de lo que se trataría era de ganar por cualquier medio para poder acumular puntos y ascender en la clasificación de la liga en que se  encuadraba el equipo de turno. Y por supuesto había unas reglas y un árbitro encargado de hacer cumplir las reglas.

 Y aquel que no las cumpliera sería expulsado del partido y no podría volver a jugar. 

Ya no me gusta el fútbol


viernes, 14 de junio de 2024

Partidos y políticos

 Un partido político sirve, fundamentalmente y al menos en su origen teórico, para aglutinar las diversas facetas de la voluntad popular. Un partido político, se convierte así, en el instrumento a través del cual los ciudadanos pueden expresar sus opciones políticas y participar en la vida política de la nación. De la misma manera, los dirigentes de un partido político utilizan éste para alcanzar puestos de poder en el Estado través de las correspondientes elecciones. Pero, eso sí, puesto que el partido político es el vehículo de las aspiraciones de los ciudadanos, el que obtiene un cargo en el Estado lo obtiene sólo en tanto en cuando forma parte de un partido político y representa la voluntad de éste, si bien es cierto que, en cuanto gobernante, tiene la obligación de gobernar en beneficio de los intereses de toda la sociedad y no tan solo de los militantes de su partido. En todo caso, lo que quiero decir es que existiría una especie de dialéctica entre el partido y el puesto de poder, de tal forma que el partido se utiliza para alcanzar el puesto pero una vez alcanzado el puesto hay que tener en cuenta al partido, o al menos lo que éste representa.

Si se entiende bien lo anterior, que espero que se entienda, se sacará la conclusión obvia de que no es posible acceder al poder sin partido. Y por supuesto, tampoco es posible mantenerse en él sin partido. No solo es ilógico, sino que resulta una anomalía democrática, que un dirigente político que ha alcanzado el poder por medio de un partido político, abandone el partido y no abandone el puesto de poder, ya que ambos van indisolublemente unidos. A no ser que hablemos, claro está, de un gobierno de concentración nacional por alguna urgencia histórica o de una dictadura.

Como ya se habrán imaginado todo esto viene a cuento de la ocurrencia de la señora Vicepresidenta segunda del gobierno de abandonar su partido político, pero no el cargo que ocupa. Como acabo de repasar la teoría, me voy a centrar en la casuística concreta del caso de la señora Díaz. La señora Díaz ha dimitido de su cargo de presidenta de su formación política. Se entiende que ha sido por sus malos resultados electorales y porque considera que no es la persona adecuada para llevar su proyecto político a buen puerto. Lo que yo me pregunto -y todos deberíamos empezar a preguntarnos ya- es cómo es posible que la señora Díaz no sea competente para dirigir un partido político y sin embargo si lo sea para gobernar un país. Yo creo que ella misma se dio cuenta de tamaña incongruencia y por eso  rectificó y dijo que en realidad no iba a dimitir de sus responsabilidades en su partido. Eso tampoco nos debe sorprender mucho en este gobierno, porque se pasan la vida rectificando o cambiando de opinión, que si bien rectificar es de sabios, rectificar demasiado es más bien propio de incompetentes y estultos. Pero a lo que iba. Lo que a mí me demuestra el caso de la señora Díaz es que a todos estos y estas individuos e individuas que vinieron a regenerar la política española lo único que les preocupa de verdad es el sillón y la moqueta -véase el caso de ínclito Pablo Iglesias y su no menos ínclita señora-. Lo que a mí me demuestra la señora Díaz es que su partido, sus votantes y sus seguidores le importan un rábano, y que una vez conseguido su objetivo, que era el despacho y el sueldo, puede tranquilamente despreocuparse de un proyecto político que, en realidad, solo le causaba problemas. Lo triste de esto, y lo que debería quedar claro para todo el mundo de una santa vez- es que este tipo de comportamientos los llevan a cabo gentes que se dicen de izquierdas que para conseguir sus objetivos se han llevado por delante sin pestañear, entre otras cosas, un proyecto como el de Izquierda Unida. Así que no se extrañen si los que los repudiamos desde siempre no tengamos ya claro dónde estamos


lunes, 10 de junio de 2024

La cabra, la cabra...

 El pasado jueves nos sorprendimos, al menos yo, con la noticia de que un trabajador de la Universidad Complutense, había sido detenido por violar a una cabra. Bien es cierto que últimamente la Universidad Complutense nos tiene acostumbrados a las noticias más bizarras, pero esta de la cabra me resulta de lo más llamativa. Porque claro, al leer la noticia de la violación -fíjense bien que ni siquiera se trata el asunto como presunto- yo me pregunto si la cabra llevaría una falda demasiado corta e iría provocando a todos los trabajadores de la limpieza que se cruzaban con ella, o no dejaría bien claro que no deseaba mantener relaciones sexuales con aquel humano y que prefería a un cabrón con los cuernos bien puestos, y por eso fue violada, pues aunque no dijo explícitamente sí, tampoco dijo que no. De todas formas hay que reconocer que el violador fue muy atrevido, pues la negativa de la cabra podía perfectamente haber consistido en una embestida contra sus atributos masculinos, lo cual hubiera supuesto, en este caso estaremos todos de acuerdo una negativa mucho más rotunda que lo que se supone que hiciera la cabra para considerar que ha sido violada.

De lo que no cabe ninguna duda es que la cabra tenía todo el derecho del mundo a llegar a su casa, o a su corralillo, sola y borracha. Y que el empleado de la limpieza que la violó, vamos a dejarnos ya del “supuesto”, puesto que si la cabra afirma que ha sido violada tenemos que dar crédito a sus palabras, pues las cabras en este caso siempre suelen llevar la arzón, y en todo caso tendría que ser el violador el que demuestre que él no ha violado a la cabra, y no al contrario, decíamos que el empleado que la violó no tiene defensa en afirmar que la cabra se le insinuó, o que las relaciones fueron consentidas o que en ningún momento la cabra le dijo que no. Lo cierto es que la cabra ha sido violada y el peso de la ley deberá caer sobre el agresor sexual de la susodicha cabra que, por cierto ya ha sido detenido y acusado de violación de una cabra

Consideremos, además, la posibilidad de que la cabra se haya quedado embarazada, que no preñada, no utilicemos términos que pueden resultar ofensivos para las cabras, y que, como consecuencia de ese embarazo no deseado da a luz a un sileno, a un fauno mitad cabra mitad humano. Qué sería de ese pobre ser, en un mundo en el que apenas quedan bosques en los que pidiera vivir a sus anchas y desarrollando su plena naturaleza de fauno, sin poder tocar la flauta a cada momento y sin poder perseguir con lujurioso ánimo a las ninfas del bosque. Sería un ser desgraciado que debería su desgracia al violador de la cabra de su madre.

Así que debemos decir categóricamente que la cabra tiene el derecho a que sea respetada su libertad sexual y que su violación no es más que una muestra más de la sociedad cisheteropatriarcal en la que vivimos. Y una prueba de lo que digo es esa canción popular que debe ser censurada inmediatamente ya que gracias a ella se ofende a las cabras y se anima a su violación que dice aquello de “la cabra, la cabra, la puta de la cabra”. Y ya acabo aquí. Próximamente trataré el tema de un sujeto acusado de asesinato por pisar una cucaracha


viernes, 7 de junio de 2024

Estimado Señor

 Estimado señor Sánchez Pérez-Castejón.

Si nace usted más tonto nace botijo. Ya sé que hay un grupo numeroso de compatriotas que le consideran a usted el prototipo de la inteligencia y de la astucia y la habilidad política, entre ellos inúmeros periodistas, intelectuales y políticos. Pero es que esas personas, siento ser yo quien se lo diga, señor Sánchez Pérez-Castejón, son ya directamente botijos. Porque, alma sin tino, ¿cómo se le ocurre escribir la carta que escribió usted a la ciudadanía, sabiendo cómo sabía que su mujer llevaba imputada desde hacía la pila de días, y amenazando con dimitir para luego decir que se quedaba? Vale que le vino muy bien para coger algunos votos en las elecciones catalanas, pero ahora que toda España sabe que su mujer está imputada y vienen unas elecciones europeas, la nueva misiva que ha vuelto a escribir, tan patética como la anterior, ya no se la cree nadie, Bueno, sí, se la creen los botijos citados más arriba.

Y es que si lo que usted pretende con esta nueva epístola es movilizar el voto a su favor en las próximas elecciones, mucho me temo que le va a salir el tiro por la culata, porque los ciudadanos ya se han hartado de tanto amorío adolescente y de tanto pasteleo, y puede que acaben votando en su contra, aunque solo sea para que se calle usted, epistolarmente hablando, de una vez por todas. Obtendría usted algún que otro voto botijero, pero poco más. Claro que a lo mejor lo que usted pretende es tan solo mostrar al mundo el amor incondicional que siente por su señora esposa, cuan Orfeo con su Eurídice, Romeo con su Julieta, Calixto con su Melibea, o Don Quijote con su Dulcinea, parejas famosas a las cuales dentro de poco se añadirá la de Pedro y Begoña, como los amantes de Teruel. En ese caso yo creo que lo que tendría que haber hecho usted era declarar ese amor que le desborda en privado, pues lo único que ha conseguido ha sido poner a su esposa en la picota, si es que no lo estaba ya gracias a sus negocios. En todo caso, si usted ama tanto a su pareja como deja ver en sus escritos, yo le diría que le recomendara que estudiara un grado universitario, más que nada para no poner en un compromiso a las autoridades de la Universidad Complutense que le han regalado la cátedra y que se las están viendo y se las están deseando para explicar cómo es posible que cualquiera que pase por la puerta pueda ser catedrático.

De cualquier manera estas son cuestiones personales en las que ya sé que no debería de meterme pues está muy feo meterse en la vida privada de los demás. Pero, visto que usted las ha hecho públicas, me he permitido el atrevimiento de opinar sobre ellas, pues no otra cosa es lo que creo que usted ha pretendido con sus cartas: que toda España pueda opinar sobre su relación con su esposa.

Por último, y ya que estamos en confianza, me voy a permitir darle a usted un consejo. Por favor, despida a su sastre, o deje de comprarse los trajes en  Zara. O, en su defecto, al menos cómpreselos de su talla, no dos tallas más pequeños, que cualquier día se le va a acabar rompiendo el fondillo del pantalón, por no hablar de lo cortas que le quedan las mangas de las americanas o las perneras del susodicho. Y ya que hablamos de estilo, sáquese usted las manos de los bolsillos y cambie de modelo de camisa de sport, que esa azul tipo vaquero ya está muy vista. Ah, y procure no andar como si fuera John Wayne en Centauros del desierto.


viernes, 31 de mayo de 2024

Deberías bajar el volumen

 Iba yo esta mañana en el metro escuchando música en unos auriculares, cuando me ha llegado a través de ellos el aviso de que había recibido una notificación en el teléfono móvil. Al comprobar dicha notificación he visto, no sin sorpresa, que se trataba del propio teléfono móvil que, por su cuenta y riesgo, me decía que debería bajar el volumen de la música. Me he quedado un tanto pasmado y estupefacto al principio, pero luego he pensado que si, al fin y al cabo, todo el mundo nos dice lo que debemos hacer, por qué no lo iba a hacer también un aparato electrónico, habida cuenta, además, de que son los aparatos electrónicos los que hoy en día marcan los ritmos vitales de los ciudadanos. Como esta frase me ha quedado bastante cursi, la voy a reescribir: son los aparatos electrónicos los que nos dicen lo que debamos o no hacer y lo que debemos o no saber.

Si escribo sobre esto es porque es bastante molesto que tu propio teléfono móvil, que debería estar para servirte a tí y no al contrario, te diga lo que debes de hacer y además te tutee. Claro que, analizándolo un poco, es fácil llegar a la conclusión de que los teléfonos móviles están fabricados y programados por humanos. Y son esos humanos -agrupados en grandes corporaciones- los que en realidad dicen lo que se debe hacer. El caso es que, lo mires por donde lo mires, estamos en una sociedad en la que todo el mundo, incluido el teléfono móvil, te dice lo que debes hacer. Pero lo grave no es esto, lo grave es que todo el mundo lo acepte como lo más normal del mundo. Vamos, yo estoy convencido que el noventa por ciento de los sujetos -o al menos el setenta y cinco que cree que el Sol gira  alrededor de la Tierra- a los que le llega el aviso de que bajen el volumen, efectivamente lo bajan. Y esto ya denota algo todavía más grave que lo que te diga el teléfono. Denota que estamos en una sociedad donde nadie piensa por sí mismo, pues eso y no otra cosa implica el que a uno le digan lo que debe de hacer y vaya y lo haga. Estamos en una sociedad donde te dicen la música que tienes que escuchar, lo que tienes que comer y lo que debes de leer. A mi, hace poco, me han dicho que por qué me pongo un pendiente en la oreja derecha y no en la izquierda. Pues mire usted porque es mi oreja y mi pendiente y me lo pongo donde me a dí la santa gana.

Como decía Kant los individuos, en pleno siglo XXI, continúan estando en una culpable minoría de edad intelectual. Más culpable, si cabe, en cuanto que ya han pasado tres siglos desde que empezó la Ilustración y estamos menos ilustrados que nunca. Y es que claro, resulta bastante cómodo no pensar por uno mismo, dejar que otros te digan lo que tienes que pensar. Porque a lo mejor, si piensas por tí mismo, te das cuenta de que lo que pensabas estaba equivocado, o no es lo que realmente pensabas, sino que te lo habían hecho pensar, o te tienes que enfrentar con un montón de gente que piensa que debes seguir pensando lo mismo. Cuando yo era pequeño, todo el mundo creía en Dios y en la religión católica, porque en plena dictadura franquista no tenías más remedio que hacerlo. Cuando crecí, dejé de creer en Dios, no porque nadie me lo dijera, sino porque yo mismo lo pensé. Y fue un proceso bastante complicado, puesto que, como dice Ortega, de pronto se me abrió un hueco en mi vida que había que llenar con algo, y la única manera de llenarlo era pensar. Por eso digo que es muy cómodo, no pensar y dejar que otros piensen por ti. 

Nos sorprendemos últimamente de la polarización de la sociedad. No es más que una consecuencia de lo anterior. Somos borregos que hacemos lo que nos mandan y pensamos lo que nos mandan. Y si nos mandan que pensemos que el de enfrente es el enemigo al que debemos odiar, pues lo hacemos sin plantearnos nada más, porque, como decía, el planteárselo puede resultar doloroso.


viernes, 24 de mayo de 2024

Política y significado

 Ya he dicho alguna vez que la importancia del significado es que es él el que relaciona el lenguaje con la realidad. Precisamente por ello, una alteración del significado de un término, por no decir una corrupción del mismo, supone una alteración de la realidad, por no decir una corrupción de la misma. Vamos, que si usted quiere inventarse una realidad paralela, lo mejor que puede hacer es cambiar el significado de los términos que utiliza para referirse a ella, o directamente inventarse ese significado. Es la “neolengua” de 1984, obra que, por cierto, Orwell escribió como ataque al totalitarismo estalinista. No es de extrañar, entonces, que el gobierno español y sus voceros, cuya máximo empeño es inventarse una realidad paralela que se adapte a sus intereses, empiece por inventarse el significado de su lenguaje.

            Voy a referirme a dos ejemplos concretos, uno de ellos relativo al propio gobierno y el otro a uno de sus periodistas afines. Una de la cosas que el gobierno español ha llamado al presidente de la Argentina (y descuiden, que no me voy a meter en un asunto que no es más que otra cortina de humo del señor Sánchez Pérez-Castejón) ha sido fascista. Yo no sé si el señor Presidente de la Argentina será un drogadicto porque no le conozco de nada, aunque sí que hay que reconocer que a veces hace algunas cosas bastante raras, pero de lo que no estoy seguro es de que no es ningún fascista. Ni él ni ninguno de los que actualmente se denominan, o se los denomina, ultraliberales. Uno de los caracteres esenciales del fascismo, tal y como se presenta en los años treinta del siglo pasado, que es la época en la que se puede propiamente hablar de fascismo, es la anulación del individuo en aras del Estado. El fascismo pone al estado por encima de los sujetos, concretos, de tal forma que éstos quedan supeditados a aquél. Solo son algo en tanto en cuanto forman parte del Estado y, por supuesto, son intercambiables, o eliminables, si eso redunda en interés del Estado. No ocurre nada porque desaparezcan los individuos, pues lo que se tiene que mantener es el Estado. Lo que pretende el señor Milei en Argentina -y de ahí viene la famosa motosierra- es todo lo contrario. Laminar lo más posible el Estado en beneficio del individuo. Esto podrá suponer que los más desfavorecidos socialmente se tengan que buscar ellos las judías y no acudir al Estado, lo cual puede ser criticable en todo caso. Pero, precisamente por eso, no tiene nada que ver con el fascismo. Es importante esta distinción, pues si se le llama fascista a lo que no lo  es, el verdadero fascismo, cuando aparece, no es reconocido, y acaba siendo considerado como progresismo.

            El otro ejemplo que quiero poner lo vi el otro día en un programa de televisión de una cadena amiga del gobierno. En él, un periodista del que desconozco el nombre, afirmó que el presidente de Argentina y otros como él, pertenecían a la extrema derecha que fue derrotada en la Segunda Guerra Mundial. Yo la verdad es que en este caso tengo mis dudas acerca de si esto es una alteración del significado de los términos o pura y simple ignorancia. Acabo de decir que el señor Milei es muchas cosas, pero no un fascista, que era la marca característica de la extrema derecha que fue derrotada en la Segunda Guerra Mundial. Pero es que además, la extrema derecha derrotada en la Segunda Guerra Mundial -perdonan que insista en lo de derrotada- mató a seis millones de judíos, y su intención era matarlos a todos. Y, bueno, hoy en día ya sabemos quién ha cogido el relevo a eso de exterminar judíos. Y no, no son los argentinos.


lunes, 20 de mayo de 2024

Sócrates y Pedrosánchez

 Sócrates. - ¡Oh tú, sapientísimo Pedrosánchez! dime si te importaría responderme a una pregunta y sacarme de una duda que hace días que me ocupa.

Pedrosánchez. - Pregunta lo que quieras Sócrates, que sin duda podré responderte y sacarte de toda duda, pues es conocida mi sabiduría y habilidad política.

Sóc. - Entonces, Pedrosánchez, seguro que no tendrás problema en contestarme a lo siguiente: ¿no es cierto que en las últimas elecciones catalanas tu partido ha ganado con siete escaños de ventaja sobre el segundo, y que no tienes escaños suficientes para gobernar en solitario?

Ped. - Cierto es, Sócrates, que hemos ganado las elecciones en Cataluña  y que vamos a abrir una nueva etapa política, superando la división que habían generado los gobiernos de la derecha y la ultraderecha.

Sóc. - ¿Y no es cierto también, oh Pedrosánchez, que le has dicho a Puigdemont, que ha quedado segundo, pero tiene intenciones de gobernar Cataluña, que debe asumir la realidad y comprender que no  puede gobernar porque  ha sacado menos votos que tú?

Ped. - Cierto es, Sócrates, pero no entiendo dónde está tu duda. Hemos ganado las elecciones en Cataluña y lógicamente debemos gobernar allí. Para eso están las elecciones.

Sóc. - Estoy totalmente de acuerdo contigo, Pedrosánchez, pero entonces dime ¿no es cierto también que tú perdiste las elecciones generales en España, quedándote el segundo, y aun así, gobiernas la nación con el apoyo de una curiosa amalgama de formaciones políticas de todos los signos a las que les has prometido todo lo que te han pedido para poder llegar al gobierno?

Ped. - Eso es cierto Sócrates, pero debes tener en cuenta una cosa. Que no debe gobernar aquel que gana las elecciones, sino quien que es capaz de aglutinar a su alrededor una mayoría parlamentaria. Puesto que la ley determina que no es el pueblo a través de sus votos, sino sus representantes en el Parlamento los que deben elegir al presidente del gobierno.

Sóc. - Oh Pedrosánchez, no me extraña que todos los lideres internacionales se inclinen a tus pies, en vista de tu conocimiento profundo del alma humana y de las leyes que la rigen. Dime, sin embargo, ¿Puigdemont podría gobernar en Cataluña? Porque según lo que me acabas de decir, si él logra convencer a los parlamentarios para que le elijan presidente, entonces el resultado de las elecciones no tendría valor.

Ped. - No Sócrates, no me has entendido bien. Puigdemont no puede gobernar porque no ha ganado las elecciones, y lo que permite gobernar es ganar las elecciones.

Sóc. - ¿Pero entonces, tú no podrías gobernar en España puesto que no ganaste las elecciones?

Ped. - Sigues sin entenderlo Sócrates. Yo puedo gobernar en España porque conseguí sumar una mayoría parlamentaria, independientemente de las elecciones. Y la derecha y la ultraderecha deben aceptar la realidad y el resultado electoral.

Sóc. - Pero el resultado electoral es que tú perdiste.

Ped. - Si, pero ya te he dicho que lo que cuenta no es ganar o perder, sino sumar.

Sóc. - Pero Puigdemont también puede sumar.

Ped. - Da lo mismo, porque ha perdido las elecciones.

Sóc. - Oh, Pedrosánchez, no me extraña que tu sabiduría sea legendaria en todo el mundo. Pues lo que me estás diciendo es que para poder gobernar hay que ganar y no ganar las elecciones.

Ped. - Sócrates, creo que estás en la fachosfera y que estás poniendo a funcionar la máquina de fango.

Sóc. - Pues por algo así me mataron, Pedrosánchez.


viernes, 17 de mayo de 2024

Pensamiento e ideología

 Que la ideología impide el conocimiento adecuado de la realidad es algo que ya dijo Marx y yo he repetido varias veces en los últimos tiempos, y no podía ser de otro modo, puesto que la propia ideología se define como ese conocimiento falso. Cuando se habla hoy de ideología, y esta es la diferencia fundamental con la concepción de Marx, se hace referencia, no a ese falso conocimiento, sino a un conjunto de ideas. Ese conjunto de ideas, no solo deforma el conocimiento del mundo, sino que impide, incluso, el desarrollo lógico del pensamiento. En esta época en que tan de moda se ha puesto la reflexión, es importante, creo, hacernos cargo de esta cuestión.

Y es que, por definición, la ideología no es pensada o, lo que es lo mismo, si se piensa la ideología, deja de ser ideología. La ideología sitúa al individuo o la individua en la cómoda posición de no tener que plantearse sus opiniones acerca de la realidad que le rodea. La ideología, así, tiende al simplismo, se trata de tener en la cabeza una o dos ideas -la derecha es mala, todos los hombres son violadores- que no son puestas en cuestión, ni de hecho, pueden ser puestas en cuestión, ni por el propio sujeto, que, o bien no lo necesita, o bien tiene demasiado miedo como para hacerlo -porque hay que ser valiente, al menos intelectualmente, para poner en cuestión la propia ideología- ni por los demás, que, cuando lo hacen, se convierten en el enemigo. La ideología es un pensamiento único, no solo porque sea lo único que sus portadores pueden pensar, sino porque es, literalmente, solo un pensamiento, es decir, solo una idea.  Y con esa única idea en la cabeza, solitaria y como huérfana de otras que la acompañen, el que está cargado de ideología va por el mundo enseñando a los demás lo que tienen que pensar. Por eso decía que la ideología es enemiga del pensamiento. El que piensa, el que genera ideas en su cabeza, al final acaba no teniendo ideología, porque el resto de las ideas acaban poniendo en cuestión a la única idea que constituye la ideología.

Pero  es que además, la ideología permite al que la porta no tener la necesidad de adaptarse a la realidad, que al fin y al cabo es el objetivo último del pensamiento Y no tiene la necesidad de adaptarse a la realidad porque una de las características fundamentales de la ideología es la de crear una realidad a la medida de ella misma. No se trata de discutir aquí sobre si existe una realidad más allá de los pensamientos que tenemos sobre ella. Se trata de que la ideología manipula los hechos, que se dan de forma efectiva, hasta adaptarlos a la idea que se tiene, y si no hay manera de que los hechos se adapten a la idea ideológica, pues peor para los hechos. Es en este contexto donde cobran sentido los dos conceptos que tan en boga están últimamente, pero que ya he dicho en alguna ocasión que ya existían en la antigua Grecia: posverdad y relato. Si la verdad es la adecuación del pensamiento a la realidad, y la realidad no es más que una manipulación por parte de la idea, entonces ya no hay verdad ni mentira, hay posverdad. Lo que cuenta, ya no es el hecho, entonces, sino el relato que se hace del hecho: el cuento -incluso chino- que se cuenta sobre él. La realidad se convierte en un cuento que, en la ideología, se hace a su vez real. El único real


martes, 14 de mayo de 2024

Contrafácticos

 En Lógica, un contrafáctico es un juicio o una afirmación que no representa la realidad pero que podría ser real. Son afirmaciones del tipo “si hubiera pasado X, entonces habría pasado Y”, o “si hubiera hecho Z, entonces habría ocurrido A”. Por ejemplo, si yo afirmo que por ceder el paso a una mujer o invitarla a cenar soy un micromachista, pero por desear que todos los judíos acaben ahogados en el mar -que no otra cosa significa la nueva expresión revolucionaria “desde el río hasta el mar”- no soy un antisemita, entonces no estaría utilizando un contrafáctico. O si digo que los estudiantes acampados en los campus occidentales no saben lo que están haciendo y son un montón de ingenuos, en el mejor de los casos, manipulados por el dinero de Irán y de los países del Golfo, tampoco estaría utilizando un contrafáctico. Eso son hechos

Pero como este escrito se titula “contrafácticos” es de ellos de los que quiero hablar. Supongamos que los países musulmanes ganan la guerra –puesto que en una guerra estamos- contra occidente, o que Israel acaba perdiendo la guerra en la que se ha visto envuelto. Si eso ocurre, y habida cuenta de que para los musulmanes Al Ándalus no es Andalucía, sino toda España, excepto unas cuantas zonas del norte de la península, lo que antiguamente se denominó la “Marca Hispánica”, podemos aventurar que sucedería lo siguiente: para empezar, todos y todas los que están acampados tendrían que irse olvidando de los botellones,  las cervecitas los domingos y las relaciones sexuales fuera del matrimonio, bajo pena de ahorcamiento, lapidación, descuartizamiento, decapitación, defenestración o, como mal menor, de azotamiento. Por supuesto, las estudiantes que ahora se manifiestan con tanto fervor por la libertad del “pueblo palestino”, dejarán automáticamente de ser estudiantes, pues las nuevas autoridades musulmanas no se lo permitirán, como tampoco les permitirán conducir un coche o hacer gestiones bancarias sin ir acompañadas por su marido o por su padre. Y, por supuesto, se acabaron los shorts en verano y los biquinis playeros: todas con el hiyab o el burka o lo que sea. Como manda la Sharía, a rezar cinco veces al día todo el mundo, incluido yo, y si no te gusta, pues te jodes y rezas, y si no véanse las penas descritas más arriba. Por supuesto nada de cagarse en Alá, ni de hacer bromitas ni chistes a su costa. Aquí los vascos a lo mejor no tienen problemas pues su territorio es uno de los que no pertenecerían a Al-Ándalus. No se podrá abuchear a la representante israelí en el Festival de Eurovisión porque no habrá Festival de Eurovisión. De hecho, no habrá música de ningún tipo, y al que le pillen escuchando música, no quiero pensar que lo pillen bailando, ya sabe lo que le espera. Olvídese de ir al Museo del Prado, porque lo habrán quemado y por supuesto nada de jamón, de chorizo, de salchichón, ni de panceta. Y esto con una Policía de la Moral para vigilarlo todo. 

Esto es España es un contrafáctico, y esperemos que siga siéndolo -no gracias a los acampados en los campus, desde luego-. Pero en los territorios controlados por Hamás y Hizbullá, que es lo que algunos llaman “Palestina” y en los países que los apoyan económica y militarmente, no lo es. Esto ya no es una cuestión del tradicional antisemitismo europeo, es una cuestión de supervivencia. 


viernes, 10 de mayo de 2024

Culturilla

 Como el toro lo encuentra diminuto / todo mi corazón desmesurado. Esto lo escribió un miembro tan eminente de la fachosfera como Miguel Hernández. Lo mismo que García Lorca escribió el “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías” u Ortega y Gasset se codeaba con toreros en la calle de la Victoria de Madrid. Pero eso el ministro de cultura no lo sabe. Es lo que tiene tener un ministro de cultura que es un inculto. No ya un intelectual sino un inculto, vamos, que no tiene eso que se llama culturilla general. Claro que en España no hay cultura, sino La Cultura, así personalizada y con mayúscula, que se materializa en esos cómicos que de vez en cuando firman manifiestos de apoyo al presidente del Gobierno y se autoidentifican como el “mundo de la cultura” como si no hubiera cultura fuera de sus clanes familiares, que funcionan como una nueva aristocracia endogámica que se monta sus fiestecillas para que el pueblo llano les contemple desde el otro lado del muro de fotógrafos y que lanzan sus opiniones como si fueran verdades absolutas que la plebe tiene que aceptar porque ellos, al fin y al cabo, son La Cultura.

Y si hablamos de cultura, no debemos de olvidar a nuestras universidades, las que deberían de ser los templos de la cultura. Decía Marx que la cultura es una forma de conciencia ideológica -a nuestro inculto ministro de cultura de eso le sobra- entendiendo por ello que está contaminada por las condiciones económicas y sociales. Las universidades españolas son un ejemplo claro de la definición marxista. Todo lo que contienen, desde las ideas hasta los bancos, está contaminado ideológicamente. Tampoco es que descubra nada nuevo para cualquiera que conozca la Universidad española. Desde el siglo XIX se está intentando regenerar, y aquí seguimos. Ser profesor universitario, hoy en día, no da más garantía de conocimiento y de saber puro que los cómicos que comentaba un poco más arriba. Ahora parece ser que las universidades españolas -aunque me imagino que las noticias al respecto exageran algo, y se trata solo de sus rectores- han decidido exigir a las universidades israelíes que se posicionen en contra de la invasión de Gaza o les retirarán su colaboración. No sé muy bien quiénes son las universidades españolas para exigir nada a las israelíes ni sé quién saldrá perdiendo más en caso de esa ruptura de la colaboración con la que amenazan. Ya me gustaría a mí que las universidades españolas, en lugar de exigir a nadie que se posicione, se posicionaran ellas mismas acerca de la situación política del país. Aunque claro, eso no vende tanto entre los estudiantes como lo otro: para eso sí que son escrupulosas con la pureza de la cultura: ideología al fin y al cabo. El siguiente paso será quitar el busto de Maimónides de la entrada de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Córdoba o eliminar a Freud o a Husserl de los planes de estudio. Tampoco nos echemos las manos a la cabeza, porque ya se oyen voces para eliminar a Darwin por heteropatriarcal. También en las universidades alemanas en 1933 se purgó a los profesores judíos. Y tampoco las universidades alemanas de 1933 se cuestionaron la situación política del país. La cultura alemana, que era la máxima expresión de la cultura europea, se convirtió en barbarie. Así que imaginen el camino que lleva la culturilla española.


lunes, 6 de mayo de 2024

Bromas aparte

 Ya en serio. Dejando a un lado las bromas sobre la lacrimógena y cursi carta del señor Sánchez-Pérez Castejón, el caso es que estamos asistiendo en estos últimos meses a un cursillo acelerado de totalitarismo, cursillo acelerado con prácticas incluidas y diploma final para el que mejor lo haga, que de momento es solo uno. Para comprobarlo, echemos un vistazo a las características más destacadas del totalitarismo explicitadas desde Orwell hasta Arendt

Culto al líder. Empiezo por esta porque es la más evidente los últimos días y es la consecuencia directa de la famosa carta del presidente. Hemos visto como la reacción a dicho escrito ha sido una movilización, algo escasa, eso sí, a favor, no de las ideas socialistas, no del partido, sino de la persona física del supuestamente agraviado. No se gritaba PSOE, sino Pedro, o te queremos Pedro o quédate Pedro, todo ello adornado por lágrima y súplicas bastante rastreras que producían más vergüenza ajena que otra cosa. Pero cuidado, porque estas lágrimas y estas súplicas suelen ser muy peligrosas.

Falsificación de la verdad e invención de la realidad. Y no solo de una verdad metafísica, que también, sino de la verdad más básica, aquella que se dice en relación con la realidad, y claro, para falsear esa verdad y llegar a la posverdad, es necesario inventarse una realidad paralela, o alternativa de tal forma que las afirmaciones que se han de tener por verdaderas se correspondan con esa realidad falsa. Vamos, que si el líder y sus acólitos dicen que el cielo es verde, entonces será verdad que el cielo es verde y por más que usted se empeñe en decir que es azul, le dirán que eso no es cierto, que en todo caso es su verdad, pero que su verdad, como la realidad a la que se refiere, está equivocada.

Control del pensamiento. Relacionado con la característica anterior, solo existe una forma de pensar correctamente -que no la marca la lógica, sino el líder- y unos contenidos correctos que deben ser pensados. Puesto que, en realidad, el pensamiento es libre, es necesario controlarlo, para que a nadie se le ocurra pensar algo distinto de lo que debe de pensar. Así, es necesario controlar los medios de comunicación, la cultura, el arte o cualquier medio que pueda generar un pensamiento alternativo. En el campo de la censura es absolutamente necesaria la ayuda de medios de comunicación afines, y de intelectuales afectos al poder que normalmente ocupan plazas universitarias y que actúan como una policía del pensamiento, intelectuales orgánicos, que marquen las estructuras de pensamiento que deben ser seguidas y se encarguen de demonizar como no pensamiento las que se salgan de lo establecido.

Invención de un enemigo exterior, que se pueda utilizar para aglutinar a la masa y como cortina de humo para desviar la atención de lo que realmente importa, que son la actuaciones del poder totalitario en el interior de la nación. Hay que reconocer que aquí el señor Sánchez Pérez Castejón y su gobierno de palmeros analfabetos se han salido. No solo tenemos un enemigo, sino dos, que pueden ser doscientos. No solo es que si llamas drogadicto al presidente de una nación amiga lo normal es que te contesten de no muy buenos modos, es que si tu segundo enemigo es Israel, aparte de jugártela con los americanos, estás cumpliendo con otra de las características del totalitarismo que señaló Arendt: el antisemitismo. Así que a partir de ahora en vez de señor Sánchez Pérez-Castejón a lo mejor hay que decir Herr Sánchez o Heil Sánchez, vaya usted a saber.


sábado, 27 de abril de 2024

Serie B

 En las películas de terror de serie B, suele ser un argumento recurrente el que un personaje abra alguna tumba o desentierre algún cadáver donde habita algún espíritu diabólico, que inmediatamente se introduce en el cuerpo del profanador de turno. Algo así ha debido de pasarle al señor Sánchez-Pérez Castejón al desenterrar el cuerpo de Franco: que su espíritu se ha adueñado de su cuerpo y ahora se comporta como lo hizo aquél en sus tiempos. Aunque, habida cuenta de que la historia de nuestro protagonista empieza escondiendo una urna detrás de una cortina para llenarla de votos falsos, no parece que necesite del espíritu de Franco para convertirse en su más viva reencarnación.

Y es que si anda como un pato, vuela como un pato y grazna como un pato, entonces es un pato. Para no volver a repetirme sustituyan “pato” por fascista y sabrán a qué me refiero. Si el fascismo consiste en apelar a los sentimientos de las masas para aglutinarlas alrededor del líder, Fhürer, Duce, Caudillo o Padrecito, de tal forma que todo lo que éste dice es considerado verdad absoluta por aquella y todos los que no acepten esta verdad son considerados enemigos  que pueden y deben ser acallados, encarcelados y eliminados si es necesario, entonces a lo que estamos asistiendo estos días es a una manifestación de fascismo en estado puro. El señor Sánchez-Pérez Castejón es un fascista con todas las letras y todos los atributos, hay que decirlo ya así, y además un antisemita, y todos los que le aplauden, siguen o se reúnen a corear su nombre y adorar su cuerpo, como los que se reunían en la plaza de Oriente o en Nüremberg, son unos fascistas igual que él. “No estoy de acuerdo con tus ideas, pero daré mi vida por defender tu derecho a expresarlas” dijo Voltaire, y se consideró este adaggio como la máxima expresión del respeto a la libertad de expresión y de la tolerancia liberal y democrática. El señor Sánchez-Pérez Castejón y sus acólitos, como ya lo han hecho otros en otros momentos de la historia, han decidido, más bien, acallar a todos los que no piensen como ellos. El señor Sánchez-Pérez Castejón ha demostrado que, a pesar de toda la absurdidad de su mandato e incluso de su persona, es un tipo muy peligroso. Y a los tipos peligrosos hay que pararles los pies, porque desde luego ellos no se los paran por su propia voluntad.

¿Cómo se le paran los pies? Buena pregunta cuando nos referimos a un sujeto que tiene secuestrada a la razón y pretende secuestrar también a los medios críticos y a los jueces. Si estuviéramos en una película de terror de serie B, bastaría con clavarle una estaca en el corazón. Como estamos en España, quién sabe. A lo mejor tendríamos que decir, cuando amenace de nuevo con dimitir, un estruendoso “no hay huevos”.


lunes, 22 de abril de 2024

Por Alá

 Ahora que tanto se habla de memoria histórica -no conozco otra memoria que no sea histórica, la verdad- sería bueno hablar, si no de memoria, si al menos de historia, que nunca está de más conocerla para evitar,ya que parece que no repetirla, al menos no hacer el ridículo. Y así, hablando de historia y de recuerdos, podemos recordar la cara que se le quedó a la izquierda francesa, sobre todo a la comunista, cuando Stalin firmó con Hitler el pacto Molotov-Ribbentrop en 1939, de la misma forma que podemos recordar que a la OLP la liquidó Hamás, que a Arafat le envenenaron y que la Palestina de finales del siglo XX no tiene nada que ver con la de principios del siglo XXI.

Conviene recordarlo porque la cara de la izquierda francesa debió de ser parecida a la cara que se le ha quedado a la neoizquierda española cuando Irán ha atacado Israel. Al menos a mí se quedaría cara de lelo -la parte de a cara que no se me hubiera caído de la vergüenza, claro- pero como la neoizquierda española, entre otras cosas, aparte de desmemoriada, es absolutamente imbécil, anda por ahí haciendo manifestaciones en defensa de regímenes teocráticos que han retrocedido hasta la edad media, donde a las mujeres las entierran hasta el cuello y las apedrean hasta la muerte por no llevar velo, donde a los homosexuales los cuelgan de grúas y donde hay una cosa que se llama “policía de la moral”. Es decir, que la neoizquierda defiende los derechos de las mujeres y los homosexuales en España pero no en Irán, supongo que porque consideran que con eso del multiculturalismo hay que respetar la cultura de los iraníes. De la misma forma que hay que ser totalmente imbécil para no darse cuenta de que la defensa del Estado y el pueblo palestino que se hacía a finales del siglo pasado, no tiene nada que ver con la que se puede hacer hoy en día, entre otras cosas porque hoy ya no hay pueblo palestino. Lo que hay son dos organizaciones terroristas islámicas como Hamás y Hizbullá, o como se diga, cuya único objetivo es cargarse los valores occidentales. Y hay que ser definitivamente imbécil para renegar de los valores tradicionales de Occidente, que son los de la Ilustración, y preferir los de las satrapías islámicas de Oriente Medio, o la ley islámica a la democracia liberal, con todos sus defectos.

En fin, puesto que de historia hablamos, habría que recordar que nunca ha existido algo así como Palestina. Lo que ha existido ha sido un territorio ocupado. sucesivamente por tribus de pastores nómadas, romanos, cruzados, turcos e ingleses y donde han vivido judíos y musulmanes, por supuesto no en armonía, porque la mejor manera de no vivir en armonía es la religión. Y ya que hablamos de imbéciles, hay que ser rematadamente imbécil para no darse cuenta de que en un conflicto entre Israel e Irán lo más sensato y lo que dicta el sentido común es apoyar a Israel. Pero para la maniquea neoizquierda esto es una historia de buenos y malos, y si los malos son y han sido siempre los americanos y los israelitas, no va a resultar ahora que son los buenos. Igual que si los soviéticos eran los buenos, no iban a ser los malos solo por pactar con los nazis.


viernes, 12 de abril de 2024

Karate

 Andaba yo hoy que no tenía muy claro sobre qué escribir, cuando el hado o el destino, me ha ofrecido la solución en bandeja. Resulta que he llegado a mi puesto de trabajo dispuesto a dar clase como todos los viernes y me he encontrado con que no tenía clase porque a los alumnos se los han llevado a una actividad de karate o algo así. Que en el centro de educación secundaria donde trabajo haya más profesores de Educación Física que de Filosofía yo creo que nos da una idea bastante exacta de cómo funciona la educación en la actualidad. Pero no es de educación de lo que quiero hablar, o bueno, sí, pero relacionada con una noticia que leí en otro día en los periódicos según la cual los jóvenes actuales no tendrían ningún problema en asumir una dictadura si les ofrece un futuro, lo que  puede ser traducido como que no tendrían ningún problema en asumir una dictadura si les da lo que ellos quieren.

Y yo, viendo lo de karate, me planteo si el asunto es para echarse las manos a la cabeza como hacía el periodista o la periodista, no recuerdo bien, que firmaba el artículo, y como es la tentación primera que tiene todo el que lo lee, o es algo que se ve venir de lejos. O al menos se debería ver venir de lejos. Resulta que nuestra juventud tan buenrrollista tan sostenible, tan ecológica y tan solidaria no tiene ningún empacho en sostener un régimen autoritario si responde a sus intereses. Y ello, añado yo, precisamente porque es buenrollista sostenible, ecologista y todo eso que acabo de decir y piensa, como le han enseñado a pensar, que está en posesión de la verdad absoluta, que todo el que no piensa como ellas y ellos está equivocado y merece la hoguera y, así, exige su futuro caiga quien caiga. Estamos ante una generación a la que, en primer lugar no sólo se le ha dado todo, sino que sobre todo, se le ha hecho ver, se le ha enseñado, que tiene derecho a todo y además gratis. Gratis en términos económicos o gratis en términos de esfuerzo. Se puede equiparar el hecho de que obtengan contenidos culturales sin pagar de Internet, con que se les dé el Título de Bachillerato con asignaturas suspensas. Tanto una cosa como otra, la canción de moda o el título, la están obteniendo sin dar nada a cambio por ella. Así que no es de extrañar que no tengan ningún reparo en pretender obtener lo que quieren para el futuro sin reparar en sus costes. El que sus padres y sus abuelos, esas generaciones tan insolidarias que se están cargando el planeta y no van a dejar nada para las generaciones futuras, hayan luchado para que ellos puedan crecer en libertad y tener todo eso que ahora consideran como natural, les viene a importar una higa. De lo que se trata es de tener lo que quieren y de tenerlo ya.

En segundo lugar, es un mito -uno más-  pensar que la juventud, al menos la actual, es liberal y progresista. Al contrario, es tremendamente reaccionaria. No hay más que ver las encuestas y los estudios de opinión que periódicamente aparecen en los medios para comprobar cómo estas nuevas generaciones tienen una mentalidad del siglo XIX. Solo por poner un ejemplo, los jóvenes -y las jóvenas que decía Miliki- de hoy en día no solo son mucho más machistas que sus antepasados más cercanos, sino que incluso justifican más que ellos la violencia de género, aparte de practicarla, por supuesto. Así que nos encontramos ante el caldo de cultivo perfecto para que calen entre ellos las ideas populistas que conducen necesariamente a los regímenes autoritarios. ¿Qué qué tiene esto que ver con el karate del principio? Pues que si usáramos los Institutos para enseñar Historia y Matemáticas, que es para lo que están y no karate, a lo mejor otro gallo nos cantaba.


viernes, 5 de abril de 2024

Grandes Ideas de la Humanidad

 Desde el invento de la rueda hasta el descubrimiento de la Ley de la Relatividad, pasando por la fregona, la humanidad ha progresado apoyada en una colección de ideas realmente grandes. Como ya dijo alguien, unos dicen que Newton, otros que Kant, somos enanos a hombros de gigantes. Cuando yo era pequeño, había un tebeo, que se llamaba precisamente “TBO” que tenía una sección titulada Los grandes inventos de la humanidad por el profesor Franz de Copenhague, conocida popularmente como “los inventos del TBO”. Las grandes ideas de la humanidad a las que me voy a referir hoy, tienen más que ver con los segundos que con las primeras, aunque eso no quite para que, también en nuestra época, haya grandes ideas comparables a las citadas.

Como supongo que todos ustedes habrán comprobado, últimamente los tapones de las botellas de plástico vienen unidos a la propia botella, lo cual, aparte de ir en contra de la hasta ahora reinante teoría sobre el reciclaje del plástico, que postulaba que se debían arrojar las botellas sin tapones al contenedor, pone en riesgo la boca, la nariz e incluso los ojos de aquél que intenta beber a morro de alguna de estas botellas, lo cual me lleva a pensar que el objetivo último de esta gran idea de la humanidad ha sido evitarnos el comportamiento burdo y poco elegante de beber directamente de la botella, en vez de echar su contenido en un vaso como está mandado. No se encuentra otra explicación, si  no, a esta ocurrencia.

A la que sí que no hay manera de encontrarle explicación ninguna es a la idea que voy a describir a continuación. Todos aquellos de ustedes que tomen el Metro en Madrid habitualmente, se habrán dado cuenta de que se han eliminado las papeleras de los andenes, para colocarlas todas juntas en el extremos de los mismos, bajo el nombre de “centro de reciclado” o algo así. No es que se hayan añadido papeleras nuevas, entiéndase, sino que las que ya había se han puesto todas en el mismo sitio. Con lo cual, si de pronto usted se encuentra en el lado opuesto del andén al que se sitúan la papeleras y tiene ganas de estornudar, o de sonarse la nariz, o está ya harto de masticar el chicle que tiene en la boca no le queda más remedio que guardarse en pañuelo o el chicle en el bolsillo hasta llegar a su estación de destino, porque no hay ninguna papelera cerca de usted para arrojar el residuo. Allí solo quedan, como testigos de su impotencia, los agujeros de los tornillos que antaño sujetaban la papelera a la pared. Lo que hará usted, y yo, y cualquiera, es tirar el papel al suelo, como mucho, a las vías. Así que el luces que se ha inventado lo de los “centros de reciclado”, y que habrá cobrado un pastón por ello, lo que ha conseguido es que el Metro esté cada día más sucio.

Ahora que, para gran idea, la de adelantar la hora en verano, que viene a ser lo mismo que quitarnos una hora de vida. Habida cuenta de que en España ya llevamos de por sí una hora de adelanto con respecto al sol, porque al señor Franco solo se le ocurrió imponer en España, en plena Segunda Guerra Mundial, la hora de Berlín -no le iba a fastidiar a él una idea algo tan nimio como el giro de la Tierra- se supone que para recibir en tiempo real las noticias de las victorias del Eje, aunque cuando perdió el Eje, tampoco se le ocurrió volver la hora a su ser, porque él, como buen dictador, no se equivocaba nunca (¿le suena de algo?), el cambio al horario de verano supone que llevamos ya dos horas de adelanto con respecto al sol. Con lo cual, los que durante todo el invierno hemos estado levantándonos de noche, porque, insisto, la Tierra gira, para ir a trabajar y ahora ya empezábamos a levantarnos de día, volvemos a levantarnos de noche, y todo para que anochezca más tarde, que uno no acaba de entender qué ventaja tiene el que anochezca más tarde, más allá de tener más tiempo de luz para tomar cañitas. En suma y para terminar, que la única utilidad que tiene este cambio es que la mitad de España se levante de noche para que la otra mitad pueda estar hasta las diez de la noche tomando vinos en las terrazas y aún tengan luz solar, no vaya a ser que se les pierdan los niños que andan correteando por ahí.