viernes, 29 de octubre de 2010

Realidad y ficción

 Vaya por delante que Fernando Sánchez Dragó no es precisamente santo de mi devoción. Eso no quita para que de vez en cuando nos paremos todos a pensar un poquito. En primer lugar a lo mejor el señor Sánchez Dragó simplemente miente en su obra cuando afirma que mantuvo relaciones sexuales con dos japonesas de trece años y lo único que buscaba era precisamente lo que ha conseguido: provocar un escándalo que suponga un montón de publicidad gratuita para su obra. Sea cierta o no la afirmación de este caballero, si ahora le condenamos a las llamas del infierno por unas cuantas líneas de un libro, ¿qué hacemos con La Celestina, con Romeo y Julieta, con La Regenta o con Lolita, cuyas protagonistas tienen todas entre los doce y los diecisiete años?, ¿los quemamos también?, ¿desenterramos a Shakespeare o a Clarín y los sometemos a un auto de fe?. ¿Y el Banquete de Platón?, ¿lo incluímos en un nuevo Índice de Libros prohibidos?. La Literatura es sólo eso: Literatura. Ficción que aunque intente comprender la realidad no debe confundirse con ella. Ese es uno de los grandes problemas que está funcionando aquí. Llevamos tanto tiempo acostumbrados a creernos todo lo que nos dicen que ahora no somos capaces de separar la realidad de sus representaciones, y confundimos un determinado dibujo de la realidad con la realidad misma. El arte, lo mismo que las noticias que salen por la televisión, son interpretaciones de lo real, no lo real. Por mucho que los intereses del poder se empeñen, “esto no es una pipa” y haríamos mejor en preocuparnos de lo que pasa realmente, como que los sacerdotes católicos son los mayores pederastas de los que hasta ahora se ha tenido noticia, que de lo que dice un escritor en un libro, que en el mejor de los casos es tan sólo su forma de ver la realidad.
 Pero si miramos un poco mas allá de los hechos brutos pronto nos daremos cuenta de que este asunto se enmarca entre dos pilares que están empezando a definir peligrosamente nuestra sociedad. Por un lado, esta ola de puritanismo mojigato que nos invade, que delimita de forma estricta lo que es políticamente correcto y lo que no lo es. Puritanismo progresista que nos ha hecho retroceder de golpe a los peores años de la represión ideológica franquista y que se impone con el mismo dogmatismo con que se impuso aquél. Se nos trata como a niños pequeños a los que hay que enseñarles qué hacer, que comer, qué beber, qué decir o qué pensar hasta que ni siquiera quede un resquicio por dónde sacar la nariz para respirar. El que quiere respirar es un pobre ignorante al que le vamos a enseñar quiera él o no quiera. Y todo esto, paradójicamente, mezclado con la carnaza con la que todos los días nos regalan los programas más vistos de la televisión, esos que al poder le interesa mantener porque son los que crean los individuos ignorantes a los que luego se puede encauzar en el camino de la papanatería. Cualquier cosa para que se piense lo menos posible.
 Por otro lado está el afán desmedido de protección a la infancia, que no digo yo que esté mal, al contrario está muy bien. Lo que pasa es que a la infancia no se la protege anatematizando a un escritor. Se la protege mejorando las condiciones sociales de esos niños de familias desestructuradas que son carne de cañón de una sistema que se nutre de ella. Se la protege favoreciendo horarios de trabajo que permitan conciliar la vida laboral y la familiar y eviten que los niños vivan sin padres, pasando su tiempo en interminables actividades extraescolares, o simplemente solos en casa viendo la televisión o pegados al ordenador o la Play Station. Y sobre todo se la protege con un sistema educativo que los forme para ser ciudadanos libres y autónomos y no una masa obediente y analfabeta que sea fácil de manipular y que no proteste mucho.
 Eso es la realidad, la que no se quiere ver, o no se quiere que se vea, y no la ficción salida de la cabeza de un novelista.

1 comentario:

Carlos dijo...

Supuestamente, el libro son unas conversaciones entre él y Boadella, y está en todo su derecho de comentar lo que quiera y es responsable de sus actos. Pero que hable de que mantuvo relaciones sexuales con menores japonesas y que lo cuenta porque ya ha prescrito, lo veo una actitud cobarde.
El escándalo a provocado que lo retiren de muchas librerías, lo veo absurdo.
Por otro lado, la polémica a surgido después de que llevase el libro publicado un mes y medio aproximadamente. Lo que me hace pensar que es una estrategia de marketing ideada por Dragó y su círculo de amistades para aumentar el número de ventas y popularidad.